domingo, 8 de octubre de 2017

La Esfinge Roja



Parece ser que nadie se preocupó de averiguar si el ermitaño de Anjou tenía en su cuerpo las cicatrices de las heridas recibidas por el conde de Moret, lo cual hubiera podido descartar que se tratara de la misma persona o, por el contrario, ser un argumento de más peso para identificarlo. En cualquier caso, era mucha la gente convencida de que el ermitaño y Antonio eran la misma persona. Esta página de un libro publicado en 1744 se refiere a él. Traduzco la mención:

“Es una bebida inventada y perfeccionada por el conde de Moret, hijo de Enrique IV, cuya historia acabo de leer. Ese príncipe al que se creía muerto en la batalla de Castelnaudary, pasó el resto de su vida, que fue muy larga, en un retiro donde vivía santamente con otros anacoretas. Siempre gozó de la más perfecta salud, con ayuda del trabajo de sus manos y de esta bebida.”

Poco antes de morir el ermitaño, un religioso le pidió que le revelara la verdad, asegurándole que no descubriría su secreto hasta después de su muerte. Juan Bautista respondió:

—Hace más de cuarenta años que me esfuerzo por ocultarme y vos queréis hacerme perder en un cuarto de hora el trabajo de tanto tiempo.

El hermano Juan Bautista murió en su ermita de Gardelles a los 85 años, sin haber revelado sus orígenes, y fue enterrado en la capilla que había construido. En septiembre de 1738 su cuerpo fue trasladado al coro de la iglesia de Coudray-Macouard, donde aún se encuentra.

Hay un retrato que lo representa con los hábitos de la Orden de los benedictinos, por encargo de la abadía a la ciudad de Caen. El lienzo no está firmado.

Pocos años después de su muerte el padre Guichard escribió su historia, en una obra que tituló Vida de un anacoreta desconocido.


El misterio en torno a la muerte del conde de Moret resultó tan atractivo para los novelistas que se convirtió en protagonista de algunas obras sin aparente fundamento histórico. Alejandro Dumas halló en Antonio un tema para dos de sus novelas: El conde de Moret y La Paloma. La primera no se publicó hasta 1948, dos años después de ser descubierta en una buhardilla de París. Llevó entonces por título La esfinge roja. Según el argumento, ante una supuesta impotencia de Luis XIII, una cábala de la corte favoreció un encuentro de Ana de Austria y Moret, a consecuencia del cual nació el heredero del trono. 

En 1866 el austriaco Arthur Storch también escribió la novela El conde de Moret.

Pero resulta curioso que planee un misterio parecido sobre un nieto de Enrique IV que también fue tema de inspiración para los novelistas…


4 comentarios:

  1. Conservándose los restos del “conde-ermitaño” en esa iglesia de Coudray-Macouard, quizás no sería difícil realizar alguna comprobación hoy, para determinar su identidad.
    O puede que a nadie interese ya lo suficiente como sufragar los gastos de esa investigación.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
  2. Sin duda, que a nadie le interesó averiguar en su cuerpo las cicatrices, pero también era una afrenta que nadie quería hacer pasar al hermitaño.

    Además, resultó muy convincente sus declaraciones que nadie se atrevió a violarlas, ni aun el propio rey al que no constituía ningún problema que se creyera al hermitaño como.al conde de Moret.

    Bisous

    Arnaud d'Aleman

    ResponderEliminar
  3. 40 años, esforzándome para ocultarme y quiere hacerme perder mi trabajo en un cuarto de hora?...Vaya que si hubo esfuerzo.

    A lo mejor si hubo quien quisiera ver las cicatrices, peroes posible que cuando preguntaran, se encontraran con reguntas/respuestas similares a la de la hora de la muerte.

    Besos Madame.

    ResponderEliminar
  4. Un enigma que nunca se resolverá. ¿Vivió alejado del mundanal ruido? ¿Fue padre de Luis XIV? El caso es que siempre Dumas aprovechó este tipo de leyendas cortesanas para escribir sus novelas... Todo un escritor de best-sellers.
    Un beso

    ResponderEliminar

Luck is an attitude.