martes, 3 de octubre de 2017

El misterio del conde de Moret


Montmorency fue encarcelado en Toulouse, donde fue juzgado, condenado a muerte y decapitado el 30 de octubre de 1632. Esto dio pie a la teoría de que en realidad el conde de Moret no había muerto mientras era trasladado a la abadía de Prouille a consecuencia de la gravedad de las heridas recibidas en la batalla de Castelnaudary, sino que, al verlo todo perdido, había emprendido la huida. Se dijo, también que había cruzado el río por un puente en compañía de otros caballeros, y que, consciente de que haberse sumado a la rebelión le costaría la cabeza igual que a Montmorency, decidió ocultarse para siempre. 

Es altamente improbable, por no decir imposible, que el rey hubiera permitido que la sangre de su hermano se derramara sobre el cadalso. Seguramente no le habría sido aplicada la pena capital, pero sí la de prisión, y tal vez de por vida, un destino que, lógicamente, desearía evitar.

Pero encontramos un dato muy revelador: la abadesa de Prouille, hermana del duque de Ventadour, perdió su cargo por orden de Richelieu, y según se narra en la “Vida del duque de Montmorency”, escrita por el cónsul de Lodêve, el motivo fue haber dado asilo al conde de Moret. Eso supondría que el conde había llegado con vida hasta ese lugar, pues no era delito recibir un cadáver. Resulta incluso dudoso que hubiera sido castigada de modo tan severo por recibir piadosamente a un moribundo, pero se explicaría fácilmente si, en cambio, lo hubiera ocultado y facilitado posteriormente la huida. 


Si Antonio falleció poco después de llegar, lo más probable es que fuera enterrado allí, pero lo desconcertante es que no consta en ninguna parte el lugar en el que reposa. Sería extraño que no hubiera sido inhumado con toda pompa y honor debido a su rango, teniendo en cuenta que se trataba de un hijo legitimado de Enrique IV, y por tanto hermanastro del soberano reinante. Eso ha hecho creer a muchos que en realidad se ocultó en la abadía, donde fue atendido hasta que se recuperó de sus heridas, y luego huyó para no ser capturado. Pero, para no intentar no comprometer a la abadesa y para que no lo buscaran, sus amigos hicieron creer que había muerto en el carruaje durante el traslado. El cardenal Richelieu, que empleaba tantos espías a su servicio, sin duda acabó por recibir información que le hizo sospechar que el conde había escapado a su venganza y se revolvió contra la abadesa, pero ella nunca reveló el secreto.

Decían que Escipión Dupleix, su antiguo preceptor, escribió que el conde no había muerto en la batalla, sino que se salvó y se hizo fraile capuchino, aunque lo cierto es que tampoco se ha encontrado dónde dejó escrita dicha revelación. 

Sin embargo, cosa curiosa, casi cincuenta años después de la batalla se identificó como el conde de Moret a un curioso personaje del que hablaremos el próximo día.


5 comentarios:

  1. Un misterio. Aunque es muy probable y de mucha lógica que tras curar de sus heridas se escabullera y de metiera a monje, porque a esta gente se les suele molestar poco.
    Besos, madame. Mañana desaparezco unos días. Como el conde de Moret.

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  2. Vaya Madame:
    Me deja igual...Coincido con Cayetano que quizás se hiciera monje, para despistar, pero...

    Besos. Le debo una llamada

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  3. Vaya, ya me lo olía. Igual nos habla dentro de unos días de una especie de "Pastelero de Madrigal" a la francesa.
    Beso su mano.

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  4. Madame

    E leido las tres entradas y sin duda ese dudoso de misterio dejaría a mas de uno haciendo conjeturas, pero también me resulta poco probable que Richelieu no le haya descubierto con su red de espias.

    Usted despejara mis dudas

    Bisous

    Arnaud d'Aleman

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  5. Espero impaciente tu próxima entrada Montserrat, a ver si nos descubres que pasó en realidad con el conde Moret.

    Besos.

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