martes, 26 de septiembre de 2017

El día de los engañados

Richelieu

El 10 de noviembre de 1630 tuvo lugar un episodio que hizo que la fecha pasara a la historia como “el Día de los Engañados” (La Journée des dupes). 

El cardenal Richelieu pretendía aliarse con los protestantes alemanes y contra los Habsgurgo católicos, lo cual causaba el disgusto de la reina madre, María de Médicis. Hacía tiempo que la italiana veía con preocupación la enorme influencia que el ministro ejercía sobre el rey, y esta pretensión supuso la gota que colmaba el vaso. 

Junto a ella se situaba su hijo Gastón y buena parte de los nobles, entre los que se encontraba el conde de Moret. Los descontentos reunían en el palacio del Luxemburgo, dispuestos a oponerse a la política de Richelieu. Este partido intentó convencer a Luis XIII para hacer el juego de alianzas inverso al que proponía el cardenal, y en septiembre, aprovechando la circunstancia de que el rey se encontraba gravemente enfermo, Gastón y su madre le habían arrancado la promesa de destituir a Richelieu. 

Al dirigirse el cardenal al palacio del Luxemburgo, encontró las puertas cerradas. Sin arredrarse, accedió a través de una puerta secreta y maniobró para retomar el poder y desembarazarse de sus adversarios. Luis XIII vacila. María de Médicis insiste y exige a su hijo que despida a Richelieu, pidiéndole que elija “entre un valet y su madre”. Luis eligió al cardenal.

Esa tarde el rey lo convoca en Versalles. Ambos mantienen una conversación de dos horas, al final de la cual Luis tomó la decisión. María de Médicis perdió el pulso que trató de sostener y finalmente fue ella quien partió al exilio. La reina recibió orden de abandonar París y trasladarse a Compiègne. El conde de Serrant pronunció entonces la frase que daría nombre a esa jornada: “¡Es el día de los engañados!”
Antonio de Borbón, conde de Moret

Madre e hijo no volverían a verse. Desde su destierro, ella seguiría conspirando contra sus enemigos, pero nunca lograría derrotar a Richelieu, que retuvo su poder hasta su muerte en 1642. La oposición fue aplastada con sumo rigor; rodaron las cabezas mientras el cardenal era nombrado duque y par del reino.

Tras múltiples peripecias, María de Médicis se instaló en Bélgica, donde la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos, la recibió con los brazos abiertos. Bruselas se había convertido en el centro de la rebelión contra Luis XIII y Richelieu.

El conde de Moret también se exilió en Bruselas con su madre y el marqués de Vardes. Formó parte del séquito de María de Médicis durante la visita que la reina hizo al pintor van Dyck en su taller de Amberes. Como prueba queda un grabado que se conserva en la abadía de Saint-Étienne de Caen, realizado a partir de un retrato del conde obra de van Dyck.


8 comentarios:

  1. Menudo pajarraco estaba hecho el señor Richelieu.
    Saludos, madame.

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  2. No sabía que el valimiento del cardenal Richelieu viniera de tan lejos y que hubiera tenido en frente hasta desbancarla a la mismísima María de Médicis. Debió de ser muy duro para ella que su hijo el rey prefiriera a su adversario.
    Un beso

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  3. Los hechos demuestran que era un tipo muy persuasivo y, desde luego, maquinador. Esta clase de personajes han sido decisivos en algunas etapas históricas. Saben manipular y hacerse con información relevante para poder usarla cuando la necesitan. Y suelen triunfar, eso es lo peor.

    Bisous y buenas tardes.

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  4. Richelieu era un conspirador y manipulador como pocos, sus dotes de persuasión por lo leído fueron inmensas. Muy buena entrada Montserrat.

    Besos.

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  5. Hola Madame:
    Richelieu era de armas tomar. Imagino que era pausado y mostraba una cara de conciliador, pero que luego arrasaba con sus enemigos. No vaciló contra la reina y no vacilará contra otros.

    Besos

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  6. Quizás habiendo sido regente durante largo tiempo, acostumbrada a mandar, no vio que su tiempo había llegado a su fin, que su hijo ya no la quería tan cerca de él, y que un digno rival había llegado para quedarse.
    Beso su mano.

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  7. ¡Que poder el de Richelieu! Venció a la reina madre y a su séquito hasta el punto que tuvieron que exiliarse.

    mariarosa

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  8. María de Médicis no calculó bien el poder del Poder.
    Si al obligar a un hijo a decidir entre el amor o la madre, ésta suele llevar la peor parte, qué decir cuando lo que está en juego es el dominio de un reino. ¡Ay, María! Qué ingenua.

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