martes, 12 de septiembre de 2017

El conde de Moret


La estrella de la condesa de Moret había comenzado a declinar algún tiempo antes del asesinato de Enrique IV. Sabemos que perdió la visión de un ojo a consecuencia de una enfermedad, un contratiempo que fue objeto de burla de sus enemigos. Ellos la convirtieron en “la dama de Moret, que pedía largas noches al amor y que el destino le concedió dándole una noche eterna”.

Por esa época había abandonado la vida galante para consagrarse a sus devociones, en lo que la corte encontraba igualmente motivo de sarcasmos. La condesa halló consuelo en los versos de su primo, Honorat de Bueil, llamado Racan, admirador fiel que le da el nombre de Cloris en sus poemas. Pero parece que las relaciones entre ambos nunca fueron más allá de los límites de lo platónico.

Siete años después de la muerte del rey, se casaba con su primo lejano, René du Bec, marqués de Vardes. De esta unión nacieron dos hijos: uno de ellos llamado Antonio y el otro, François René, es un viejo conocido de esta corte. 

Finalmente Jacqueline fallecería en Moret en octubre de 1651, según Tallemant des Réaux a consecuencia de un trágico error de su boticario, debido al cual se envenenó accidentalmente.


En 1608 el rey había legitimado a Antonio, el hijo que tuvo de la condesa de Moret. En realidad Enrique IV era atento y cariñoso con todos los hijos habidos de sus diversas relaciones, que vivían junto a los legítimos en el castillo de Saint-Germain-en-Laye bajo la supervisión de Madame de Montglat. La reina no tenía inconveniente en que los nacidos antes de que ella llegara a Francia se educaran con sus propios hijos, pero veía con desagrado la presencia de los demás. 

Antonio no permanecería mucho tiempo allí. El rey pronto envió a Pau a Antonio para “conservar el afecto de los bearneses al confiarles a un príncipe de su sangre que esperaba consideraran como a sí mismo”. 

Desde muy tierna edad le otorgó generosamente rentas con las que sostener su rango. En abril de 1610, cuando aún no había cumplido ni tres años, le hizo nombrar abad comendatario de Savigny. Más adelante se añadirían las abadías de Saint-Victor de Marsella, Longvilliers y Signi, entre otras.

El 14 de mayo, al ser el rey asesinado por Ravaillac, comenzaba el reinado de Luis XIII y la regencia de María de Médicis. Es ella quien se ocupa de que el niño continúe siendo educado con esmero allá en el castillo de Pau.

Decían que de todos los hijos del Vert Galant, Antoine era el que más se parecía a él, no sólo físicamente, sino también en el carácter y en cuanto a la ligereza de costumbres. En 1620, a pesar de no haber superado aún la infancia y no mostrar ninguna vocación para el servicio de la Iglesia, Antonio era nombrado abad comendatario de Saint-Étienne de Caen, una importante abadía que le reportaba aún mejores ingresos que las anteriores. Permaneció al frente durante doce años en los que vivió un conflicto permanente con los religiosos, que le reprochaban que no les procurara los fondos necesarios para atender a sus necesidades y a la reconstrucción del lugar, asolado por las guerras de religión. No sólo redujo el número de monjes, sino que también disminuyó en un tercio la pensión reservada a cada uno y suprimió la dotación al prior para recibir a los huéspedes...


6 comentarios:

  1. Pues no sé si la mejor forma de ganarse el amor del pueblo bearnés sería racaneando asignaciones a los clérigos sobre los que mandaba como abad, y que, supongo, no estarían muy contentos con él ni hablarían demasiado bien del él.
    Ya iremos viendo cómo siguen las cosas para el conde.
    Beso su mano.

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  2. Al menos Enrique IV no renegó de sus hijos no matrimoniales. Parece que Antoine era un gestor muy estricto -y rata-. En este caso, como en tantos otros, el cargo religioso poca relación tenía con la espiritualidad y la devoción.

    Abrazos

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  3. Como escribió el compositor de la canción fiesta pagana.

    De la misma condición, no es el pueblo ni un señor, ellos (los señores nobles) tienen el clero, nosotros nuestro sudor

    Que importancia tenia la vocación cuando era una asignación hereditaria o beneficiaria de parte de la corona, ya que el concordato de 1515 daba al rey de Francia poderes para disponer de beneficios para abades, priores, obispos y arzobispos en toda Francia.

    Bisous

    Arnaud d'Aleman

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  4. Hola Madame:

    Estar de Abad, le daría influencias para tener favores de algunas damas. Pensando mal, digo yo que esas asignaciones que le quitaba a unos, las dejaba en otros lugares...

    Besos

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  5. Por lo visto Antonio era igual o peor de su padre, dejar a los monjes morir de hambre, no era digno de nadie, menos del hijo del Rey.

    mariarosa

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  6. Si, ya me imagino que esas asignaciones que Antoine abad no le daba a los monjes iban a su bolsillo.

    ¡Qué crueles las burlas a la tuerta, que mala puede ser la gente!.

    Besos

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