martes, 22 de agosto de 2017

La conspiración de la marquesa de Verneuil


Henriette de Balzac d’Entragues, marquesa de Verneuil, había sido el alma de un complot que pretendía proclamar heredero legítimo al hijo que tenía de Enrique IV, a pesar de que para entonces ya había nacido el futuro Luis XIII. La marquesa fue arrestada por ello, pero la dama no se arredraba. Siempre tenía presente que Enrique le había hecho una vez promesa formal de matrimonio, por lo que consideraba que la unión del rey con María de Médicis carecía de validez. 

“Nos, Enrique IV, por la gracia de Dios rey de Francia y de Navarra, prometemos y juramos ante Dios, por nuestra fe y palabra de rey, al señor d’Entragues, que al darnos a su hija por compañía, en el caso de que en el plazo de seis meses a contar desde el primero del presente, se quede encinta y dé a luz un varón, inmediatamente la tomaremos por legítima esposa y solemnizaremos el matrimonio públicamente ante nuestra Santa Iglesia […] tan pronto como hayamos obtenido de nuestro Santo Padre el Papa la disolución del matrimonio entre Nos y Madame Margarita de Francia”.

Y Henriette tenía su dosis moderada de razón, porque aquellas promesas eran vinculantes y podían constituir un impedimento para otro enlace. Muchos matrimonios se anulaban por esa causa, pero él era el rey, y se imponían las razones de Estado.

Aunque la marquesa logró su objetivo de quedar encinta en el plazo fijado, dio a luz prematuramente y el niño nació muerto, lo que invalidaba la promesa. Dos meses después Enrique se casaba con la florentina, y ella y su orgullo veían sensiblemente rebajada su posición. 

Apenas llegar la reina, él se la presentó de este modo tan explícito, con el que esperaba en vano marcar las distancias:

—Esta mujer ha sido mi amante y ahora desea ser vuestra humilde servidora.

María de Médicis

¡Cómo le costó a Henriette inclinarse para besar el ruedo del vestido de su soberana! El rey tuvo que agarrarla por el brazo y obligarla a arrodillarse.

A partir de ese momento, la marquesa se empeñó en una especie de carrera contra su rival, un curioso concurso de fecundidad, poniendo todo su amor propio en dar a luz con la misma regularidad que la reina. No molestaba eso al rey, al contrario. En una ocasión Enrique comentó:

—Pronto me nacerán un amo y un criado.

En 1601, tras el nacimiento del Delfín, Henriette trajo al mundo un niño “que el rey besa y mima mucho, al que llama hijo y encuentra más hermoso que el de su esposa, la reina, diciendo que este se parece a los Médicis, pues es negro y gordo como ellos. Se dice que la reina, al enterarse, lloró mucho”.

Tal vez a modo de pequeña compensación, Enrique toleraba a su esposa que llamara a Henriette “marquesa puta”. Tampoco decía nada cuando esta última se refería a la reina como “banquera gorda”.

Pero, después de haber tenido tan al alcance de la mano convertirse en reina de Francia, la marquesa de Verneuil se resignaba mal, y volcaba en su hijo todas sus ambiciones. Aunque esta vez había ido demasiado lejos al conspirar con España. El plan era de envergadura: ella se refugiaría con sus hijos en España, donde Felipe III le prometía una pensión. Henriette casaría a su primogénito con una infanta y a la muerte de Enrique IV lo haría coronar en lugar del Delfín. 


Su hermanastro, que era uno de los conspiradores, fue capturado y reveló cobardemente los nombres de todos los participantes en la conjura.

—No me asusta la muerte —dijo ella cuando fue arrestada—; por el contrario, la deseo. Si el rey me quita la vida, la gente dirá, en cualquier caso, que ha ejecutado a su esposa. Yo era reina antes que la italiana. De todos modos, solo tengo tres cosas que pedirle al rey: el perdón para mi padre, una soga para mi hermano y justicia para mí.

La conspiración había sido causa de que Enrique se apartara de ella y en su enojo se volviera hacia Jacqueline, a la que concedía al año siguiente el título de condesa de Moret y una suma de nueve mil libras. La airada marquesa, aunque recuperó pronto el favor del rey, tuvo que resignarse a compartir a su amante.

El matrimonio de Jacqueline con Champvallon, sin descendencia, no fue un estorbo. Una vez cumplido el objetivo de dar una apariencia de decoro a la joven, el esposo fue alejado de la corte. Su docilidad fue comprada con promesas de sumas astronómicas y un puesto de embajador en Constantinopla, que desempeñó satisfactoriamente durante 24 años. 

El 9 de mayo de 1607 nacía el hijo de Enrique y Jacqueline en el castillo de Moret-sur-Loing. Se llamó Antonio, en recuerdo al padre del rey, y se le dio el título de conde de Moret. 

Poco después, el 18 de julio, se pronunciaba la anulación del matrimonio, alegando impotencia del marido. Terminaban así de coronar de gloria al sumiso Champvallon. 

Pese al motivo alegado para la anulación, Philippe tuvo cinco hijos de su segunda esposa, Marie de Bethune, con quien se casó en 1610.


16 comentarios:

  1. Ya veo que eran todo unas señoras la marquesa y la reina. Con qué educación y cariño se trataban y calificaban. Consentirlo el rey sería por lo mucho que le divertiría; aunque hablando de consentimiento ninguno como el de Champvallon, pero esto ya hemos visto otras veces aquí estar a la orden del día en los deseos de los reyes.
    Beso su mano.

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    1. Pues si el rey se diertía así, no merecía damas más educadas. Tenía lo que había pagado, así que no podría quejarse. La reina, en cambio, a lo mejor tenía algún motivo.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  2. muy bien, ya me he puesto al día. qué bien que haya vuelto a la Corte, madame. tenga cuidado con los venenos, ya sabe...

    bisous!!

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    1. Hombre, Yanayev! Usted no podía faltar.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. Me encantan las peleas de gatas a tan alta escala: marquesa puta y banquers gorda...jijiji... qué sutileza

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    1. Madame Briseida, cuánto tiempo sin verla!
      Pase y acomódese, por favor.
      En efecto, debió de ser antológico. Menos mal que en nuestro salón no ocurren esas cosas!

      Buenas noches

      Bisous

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  4. "La marquesa puta" y "la banquera gorda" se adoraban, el Rey se divertía, mientras Jaqueline ganaba y Philipe -entre impotencia y cuernos- tuvo 5 hijos pero lejos. ¿Quién puede decir que la Historia es aburrida?

    Gros becs

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    1. Si contaran estas cosas en las escuelas, seguro que salía algún aficionado más. Lo más apasionante de la historia, por encima de las fechas y batallas, son los seres humanos.

      Feliz día, Myriam

      Bisous

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  5. Una lucha desigual: el rey siempre sacaría la cara por la reina aunque en el lecho reinase la marquesa. Había que guardar las formas por lo menos en cuanto a descendencia se refería.
    Un beso

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    1. No es que Enrique guardara mucho esas formas. Se pasó tres pueblos con la reina en diversas ocasiones. Ya la misma presentación en sí no fue lo que yo consideraría más adecuado.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  6. Hola Madame:
    Me da risa como se trataban...Y quien sabe que más dirían en privado en otras instancias donde no estuviera el Rey. Imagino que el Rey lo alentaba aunque quien sabe si solo lo hacía por diversión.

    Besos

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    1. El rey se mereció cada uno de los cuernos que llevó que fueron muchos.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  7. La Condesa tenía sus razones valederas, una promesa, es una promesa y más por escrito. Pero el rey tenía el poder y hacía lo que le daba la gana. Tremendas historias de amores , amantes y engaños.

    mariarosa

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    1. Sí, pero al nacer el niño prematuro muerto no se cumplía exactamente con las condiciones. Ambos las interpretaban de manera diferente.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  8. Era una corte extraña y compleja para esos tiempos.

    No dudo Madame que a Enrique IV le divirtieron esas escenas y serian el escándalo de los nobles, que se fueron acostumbrando a la liviandad de costumbres de la corte, un ser extraño debió resultar el rey Luis XIII con su carácter sombrío muy contrario a su padre Enrique IV tan arrebatado y promiscuo.

    No dudo que el rey le promete hasta el.cielo a la marquesa con tal de que llegará al lecho, pero nunca comprometió realmente el monarca la verdadera promesa que es el matrimonio.

    Bisous

    Arnaud d'Aleman

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    1. Yo creo que parte del carácter de Luis XIII arranca de no querer parecerse a su padre en eso. Debía de causarle bastante repugnancia pensar que él se divertía con esas escenas.

      Feliz día

      Bisous

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