viernes, 25 de diciembre de 2015

Un novio para Mademoiselle de Borbón


Dieciséis meses después de que el Gran Condé contrajera matrimonio con la sobrina de Richelieu, Claire Clemence de Maillé, llegó el momento de celebrar la boda de su hermana, Mademoiselle de Borbón. Se trataba de un tema que había preocupado a sus progenitores desde la más tierna infancia de Anne Geneviève. Solo tenía seis meses cuando la prometieron al príncipe de Joinville, un niño de ocho años que era el primogénito del duque de Guisa. El proyecto nunca se materializaría, porque Guisa, siempre leal a María de Médicis, compartió su suerte hasta el final y se vio obligado a buscar refugio en Italia. Su hijo le siguió y falleció en Florencia en 1639.

A su muerte surgieron diversos nombres como candidatos a la mano de Mademoiselle de Borbón. Entre ellos estaba Armand de Maillé, futuro duque de Brezé y hermano Claire Clemence. El afán del príncipe de Condé por emparentar con el poderoso Richelieu era tal que él mismo propuso este enlace, pero el cardenal respondió que ya había recibido suficientes honores por parte de un príncipe de la sangre al pedir la mano de su sobrina para el primogénito, y que no querría llevar las cosas tan lejos como para que una princesa como Mademoiselle de Borbón se casara con un simple caballero.

Beaufort

El duque de Beaufort aspiraba no solo a la mano de Anne Geneviève, sino también a su corazón. Pero a los Condé no les gustaba esa rama bastarda de los Borbones, que además en ese momento no estaban bien vistos tampoco en la corte. Por otra parte las tácticas de conquista de Beaufort, que tan buen resultado solían darle, no hicieron mella en la joven, que no le dio ninguna esperanza.

A finales de 1641, como los príncipes de Condé no habían conseguido encontrar ningún joven adecuado entre la nobleza, pusieron sus miras en el duque de Longueville, uno de los más altos personajes de Francia, pero que era ya un viudo de 46 años frente a los 22 que tenía la novia.

Los Longueville eran otra rama de la Casa Real de Francia, descendientes de aquel célebre conde de Dunois, el llamado Bastardo de Orleáns, brazo derecho de Juana de Arco. Su sobrino, el rey Carlos VII, le otorgó en 1463 el condado de Longueville, que en tiempos del nieto de Dunois fue elevado a ducado. En 1571 los Longueville recibieron de Carlos IX, para sí y sus descendientes, el título de príncipes de la sangre, un decreto que iba a ser confirmado posteriormente por Luis XIV.

Longueville tenía una hija adolescente de su primer matrimonio: María de Orleáns, que posteriormente se casaría con el duque de Nemours. El duque era el prototipo de gran señor de aquella época: generoso, valiente y caballeroso, aunque tenía el defecto de que podía ser persuadido con facilidad para embarcarse en empresas aventureras con escasas probabilidades de éxito. Debido a ello, durante la regencia de María de Médicis pasó continuamente de la oposición a la alianza con el gobierno, e incluso tomó parte en la conspiración de 1626 contra Richelieu. Era evidente que no podría resistirse tampoco a meterse de lleno en la Fronda, lo que le valió ser encarcelado. Sin embargo, Longueville era un hombre capaz que rindió importantes servicios a su país, tanto en la guerra como en la diplomacia. No podía ser considerado un libertino, si bien su moral no se atenía a rígidos principios. De los tiempos de su juventud tenía una hija, Cathérine Angélique, cuya madre terminó sus días como religiosa, un camino que seguiría también Cathérine. 

Longueville

El duque tenía un nuevo amor por estas fechas de su compromiso: era uno de los amantes de la duquesa de Montbazon, una razón más para que Mademoiselle de Borbón no saltara de alegría ante las perspectivas de desposar a un hombre que le doblaba la edad; pero sus padres no iban a permitir que ninguna consideración estropeara tan buena boda, de modo que permanecieron sordos a sus protestas.

El enlace se celebró el 2 de junio de 1642. La joven princesa nunca había aparecido tan hermosa, y se la vio alegre y feliz durante las celebraciones, superados sus reparos iniciales. En adelante Mademoiselle de Borbón sería Madame de Longueville.



14 comentarios:

  1. Pues pobre mujer, desposarse con un hombre que podría ser su padre. Y con un lío de faldas a sus espaldas.
    Saludos, madame.

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    1. Ya verá usted que ella pronto lo va a superar, no hay problema :)

      Feliz Navidad, monsieur Cayetano!

      Bisous

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  2. Feliz día de natividad madame

    El inicial rechazo al duque de Longueville sería poco después una ventaja de la que sabría disfrutar Ana Genoveva...


    Bisous

    Arnaud d'Aleman

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    1. Sí, se conformó pronto y supo sacarle partido a la situación.

      Feliz Navidad también para usted, Arnaud.

      Bisous

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  3. Ah, sí, yo también estoy al tanto, también de que esa imposición sabría aprovecharla Mademoiselle de Borbón.
    Yo, porque usted ya me dijo hace dos entradas que como Madame de Longueville daría mucho que hablar. :)
    Beso su mano.

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    1. Sí, usted verá cuando volvamos a sumergirnos en la fronda.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  4. La estaba compadeciendo por el matrimonio pero ya veo por los comentarios que no hay motivo,masí que lw
    E seguiremos la pista a ver como va a ser su vida
    Como van las fiestas madame
    Saludos
    F
    Rufinablanca

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    1. Pues las fiestas se van aguantando como se puede, teniendo en cuenta lo poco que me gustan estas.
      Espero que sean felices para usted, madame.

      Bisous

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  5. Hola Madame:

    Queda atrás Mademoiselle de Borbón, para llegar Madame Longueville...Y veremos que tanto le sienta el matrimonio...

    Beso Madame. Hoy de guardia (bueno ayer...total que escribo desde la guardia :D)

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    1. Menos mal que le dan a usted un respirito de vez en cuando en las guardias, y puede visitarnos :)

      Feliz domingo.

      Bisous

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  6. Bonsoir Madame

    Llego tarde por las celebraciones de Navidad pero más vale tarde que nunca.
    Una vez más vemos como se maquinaban negociaciones maritales para una damisela, buscando el mejor postor.
    Aunque no demostrara sus emociones, Anne-Geneviève debió sentir una amarga decepción al ser presionada a casarse con un extraño que le doblaba la edad.

    Al barajar todos los posibles candidatos a la mano de nuestra protagonista me hizo reflexionar la importancia que tienen ciertos apellidos como los Borbón quienes continúan teniendo polémico protagonismo en este Nuevo Milenio.
    Aunque su abolengo era superior al de su marido, a partir de ahora sería conocida como la duquesa de Longueville.

    Aprovecho la oportunidad para enviar mis deseos de Paz y prosperidad en el 2016 a Ud. y para todos los lectores de 'dianademeridor.blogspot'

    Fred

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    1. Feliz año nuevo, Fred. Espero que haya comenzado con buen pie.

      Bisous

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  7. Intentar desposar a una dama de la corte suponía, al margen de un desafío, el establecimiento de unas relaciones estrechas con una rama familiar más o menos deseable por tierras, patrimonio e influencia. Así que los tutores de la adolescente (que solían ser sus padres) tenían una tarea por delante no demasiado edificante de hacer oídos sordos a las preferencias de la futura desposada y poner la carne en el asador de intereses económicos y políticos. Y el caso de mademoiselle de Borbón no sería el único en aquel momento.
    Un beso

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    1. Por el contrario, la mayoría de los casos eran similares, de modo que tampoco oponían demasiada resistencia. Estaban educadas para afrontar casi cualquier cosa.

      Feliz año nuevo.

      Bisous

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