viernes, 31 de julio de 2015

Émilie de Choin, segunda esposa del Gran Delfín (II)

Châteu de Meudon

Los complots proliferaban en los salones de Versalles, y Émilie se vio implicada en uno de ellos, lo que causó un nuevo alejamiento de la corte. Fue enviada a la abadía de Port-Royal, pero pronto obtiene autorización para salir y alojarse con una prima suya. El Delfín, mientras tanto, continúa asediándola, por lo que Émilie decide mudarse en secreto al Faubourg Saint-Jacques. A Luis le lleva un tiempo encontrar su nuevo domicilio, pero cuando al fin da con ella y se presenta ante su puerta, su amada había abandonado la casa para evitar el encuentro. Pacientemente, el Delfín aguarda en la calle durante buena parte de la noche, hasta que ella regresa.

Las noticias no tardan en llegar al rey, quien, para atajar un asunto que empezaba a ser preocupante, decide enviar a Émilie a un convento de provincias. Pero Madame de Maintenon hace que mude de parecer. La virtud de la que había hecho gala la dama al resistir con tal tenacidad los avances del Delfín le habían granjeado su estima, y Françoise hizo ver al rey que no había motivo para alejarla. Puesto que no había ninguna relación pecaminosa entre ellos hasta ese momento, sería difícil que el joven pusiera sus ojos en otra muchacha con más méritos. Si debía haber una, mejor que fuera ella.


Émilie se percata de que los sentimientos de Luis eran sinceros. Comprende que es amada, y no simplemente deseada, y accede a recibirlo. Pero, antes de ir más lejos, solicita el permiso del rey. Ambos volverán a encontrarse en el château de Meudon. Allí vivirán plenamente su relación y recibirán visitas, pero nadie los verá juntos fuera de aquel lugar. El matrimonio, secreto y morganático, se celebró en Meudon en 1695. De su unión nació un hijo que no superó la infancia.

La nueva esposa ejercía una buena influencia sobre el carácter del Delfín. Si antes Luis era derrochador y cometía excesos a la mesa, ahora se modera, aparece más sosegado e inclinado a las obras piadosas. El rey y Madame de Maintenon, muy satisfechos, invitan a la pareja a Marly, pero ellos, siempre discretos, optan por no acudir para no suscitar la curiosidad de los cortesanos y animar las habladurías. Cuando era el rey quien acudía a visitarlos en Meudon, ella desaparecía con la misma discreción. 

Émilie nunca se mezclaría en política ni aceptaría ningún dinero. Su esposo, cuando iba a partir con el ejército, en previsión hizo un testamento en el que le atribuía una generosa renta. Ella rompió el documento y dijo que solo lo quería a él.
En 1711, cuando el Delfín cae enfermo, no puede permanecer a su lado. El catorce de abril se entera de su fallecimiento por un rumor que corre por el château. Émilie abandona el lugar y va a instalarse con una prima en compañía de una única servidora. El rey, agradecido, le concede una pensión anual que ella destinará en su mayor parte a obras de caridad.

Marie-Thérèse Émilie de Joly de Choin fallece durante la primavera de 1732, tan silenciosamente como había vivido.


jueves, 16 de julio de 2015

El mayor festival literario de Europa



El sábado 18 de julio a las 20h tendré el honor de estar con M.A.R. Editor en la Semana Negra de Gijón, el mayor festival literario al aire libre de Europa. 

Allí, en el espacio A Quemarropa, se hablará de novela negra y de la lucha de las mujeres contra el nazismo. Presentaré la antología Mujeres en la historia 2 junto a Miguel Ángel de Rus, Vera Kujareva, Pedro Antonio Curto y tres autores de género negro que también darán a conocer sus obras durante el transcurso del evento: Óscar Fernández Camporro, José Luis Caramés Lage y Salvador Robles Miras.


¡Os esperamos por el norte!

Y después nos tomaremos unos días de vacaciones. Regresaremos por aquí a finales de mes.



Hasta pronto.

Montserrat Suáñez


jueves, 9 de julio de 2015

Presentación de Mujeres en la Historia 2


El sábado 18 de julio a las 20h estaré en el festival literario conocido como la Semana Negra, en Gijón, para presentar Mujeres en la historia 2 con M.A.R. Editor. Participaré en un acto junto a distinguidos autores de novela negra: Camarés Lage, Oscar Fernández Camporro y Salvador Robles Miras. Y, por supuesto, estará Miguel Ángel de Rus en persona. Os espero a todos los que estéis por la ciudad, y a los que no lo estáis pero teníais pensado visitar la feria.


Montserrat Suáñez



viernes, 3 de julio de 2015

Émilie de Choin, segunda esposa del Gran Delfín


Marie Thérèse Émilie de Joly de Choin había nacido el 2 de agosto de 1670 en el seno de una familia de antigua nobleza saboyana. Émilie fue la decimosexta entre la numerosa prole del gran bailío de Bourg-en-Bresse, y sobrina de la condesa de Bury, que en su momento la llamó a la corte. La condesa era dama de compañía de la princesa de Conti —hija de Luis XIV y Madame de La Vallière—, y consiguió idéntico puesto para Émilie, que había recibido una esmerada educación.

Liselotte decía de ella que era baja, fea y que tenía “rostro redondo, nariz corta y respingona, una gran boca llena de dientes podridos que desprendían tan mal olor que llegaba al otro extremo de la cámara”, pero añadía que “tenía el busto más grande que he visto. Esto agradaba a mi señor, pues le permitía acariciarlo como si de un timbal se tratara”.

La opinión de Saint-Simon no es más caritativa: afirma que tenía muy mala figura y que era “gorda, achaparrada, de tez oscura, fea, nariz aplastada”. “Veía constantemente a monseigneur, que no se movía de los aposentos de la princesa de Conti. Ella le divertía, y, sin darse cuenta, fue logrando su confianza”. 

Otros, en cambio, más halagadores, opinaban que tenía bonitos ojos, que era muy dulce, magnífica conversadora y dotada de una gran dignidad. “En una palabra, Mademoiselle de Choin más que agradar, encantaba”. Y es que, aun siendo tal vez la menos hermosa de cuantas damas rodeaban a la princesa de Conti, todos quedaban seducidos por el encanto que desprendía. 

La princesa de Conti

Luis, el Gran Delfín, pronto quedó prendido en sus redes. No fue el físico de la dama lo que le atrajo, sino los gustos que tenían en común. Por entonces era ya viudo, y libre para acudir con frecuencia a casa de su hermanastra y disfrutar de la compañía de Émilie. Pero era tal la asiduidad de sus visitas y el exceso de su presencia junto a la princesa, que los peor intencionados imaginaron que era ella quien lo tenía subyugado, comenzando así a difundirse absurdos rumores de incesto.

Luis enviaba cartas de amor a Émilie, pero ella permanece inconmovible y le muestra los mensajes a la princesa. Esta, incómoda por el asunto, decide alejar a Mademoiselle de Choin, que se retira al convento de las Hermanas Hospitalarias de París.

El Delfín se disgusta tanto que su hermana, apoyada por Madame d’Epinoy y por la propia tía de Émilie, la reclama de nuevo a su lado. Sin embargo, ella se niega a regresar y no cambia de parecer hasta que interviene la mismísima Madame de Maintenon, que acude a entrevistarse con ella en el convento y la persuade para que vuelva a ocupar su antiguo puesto.

Luis no cabe en sí de gozo y reanuda la interrumpida correspondencia amorosa con la dama. Pero la corte era un nido de víboras en el que las conspiraciones estaban a la orden del día…