domingo, 14 de junio de 2015

María Ana Victoria de Baviera

María Ana Victoria de Baviera

La Delfina, hermana del Elector Maximiliano II de Baviera, no logró ser feliz en Versalles. Como esposa del Delfín, María Ana Victoria era la segunda dama más importante después de la reina, y cuando esta falleció, ocupó el primer puesto. Recibía el tratamiento de Alteza Real, pero su rango no la ayudó a brillar en sociedad. Cierto que contaba con cualidades: era inteligente, virtuosa y había recibido una educación esmerada en su Munich natal; hablaba correctamente el francés y el italiano además de saber latín.

Desde que tenía ocho años se le inculcó que un día se convertiría en Delfina de Francia. Como descendiente del rey Enrique IV a través de su madre, el matrimonio que se le destinaba no solo la complacía, sino que era para ella motivo de orgullo. María Ana llegó cargada de buena voluntad y dispuesta a agradar, pero no lo consiguió. Carecía de belleza en un Versalles repleto de jóvenes hermosas. Liselotte llegó a decir de ella que era “terriblemente fea”. Demasiado morena para el gusto de la época, su nariz no contribuía a favorecerla. Más benévola se muestra Madame de Sévigné, que, aunque reconoce que no es bonita, sabe ver más allá y le concede un gran encanto personal. 

Su salud era tan frágil que con frecuencia se hallaba demasiado indispuesta para atender a sus obligaciones protocolarias. Según Saint-Simon, “Su corta vida fue una continua enfermedad”. Esto era mal tolerado por el rey, convencido de que sus múltiples males eran imaginarios y una mera excusa para no cumplir unas funciones que obviamente no le agradaba desempeñar.

El Gran Delfín

María Ana se aislaba cada vez más en sus aposentos, donde hablaba en su lengua alemana con una de sus damas, algo que no era bien visto en la corte, como nos cuenta Madame de Caylus:

“El rey, por una condescendencia de la que más tarde se arrepintió, había dejado junto a Madame la Delfina a una dama alemana que se había criado con ella, y aproximadamente de su edad. Esta joven, llamada Bessola… fue la culpable de que Madame la Delfina, por la libertad que tenía de conversar en alemán con ella, llegó a aborrecer todo otro tipo de conversación, y nunca se adaptó a este país”.

Luis XIV trató de remediar ese progresivo aislamiento siguiendo el consejo de Madame de Maintenon, con quien la joven mantenía buenas relaciones. Para animarla organizaba loterías y juegos en sus aposentos. Algunos de los que estaban más de moda se jugaban exclusivamente allí, para asegurarse de atraer a los cortesanos y distraer así a María Ana; pero nada producía resultado. La Delfina no se animaba con nada, cada vez más sumida en su depresión, de modo que Luis acabó desistiendo. “La dejó en la soledad en la que ella deseaba estar, y toda la corte la abandonó con él”.

Su matrimonio produjo tres hijos varones con los que se creía sobradamente asegurada la sucesión, pero no fue una unión feliz. El carácter depresivo de María Ana acabó alejando definitivamente al esposo. Primero él se consolaba con la caza, pero un día comenzó a buscar otro tipo de presas. Según Madame de Caylus:

“Monseigneur la amaba, y tal vez no hubiera amado a ninguna otra si el mal humor y el aburrimiento que le causaba no lo hubieran impulsado a buscar consuelo y diversión en otra parte… Es fácil de comprender que un joven príncipe como era Monseigneur entonces, debió de aburrirse infinitamente entre madame su esposa y la Bessola, sobre todo porque ellas dos hablaban siempre en alemán, lengua que él no comprendía, y sin importarles que estuviera presente. Resistió durante un tiempo, sin embargo, por la amistad que le inspiraba Madame la Delfina; pero, llevado al límite, buscó diversión en casa de Madame la princesa de Conti, hija del rey, y de Madame de La Vallière… Ella se afligió cuando vio que el daño ya no tenía remedio… Las protestas que le hacía a menudo a Monseigneur solo lograban el efecto contrario. Si nuestros príncipes son benevolentes, también son obstinados; una vez se escapan, es una huida sin retorno. Madame de Maintenon lo había previsto, y advirtió inútilmente a Madame la Delfina”.

La familia del Gran Delfín

A partir del nacimiento de su tercer hijo en 1686, la salud de la Delfina empeoró. Cuando ponían en duda sus continuas indisposiciones, María Ana, desesperada, llegó a exclamar:

—¡Tendré que morirme para que me crean!

Palabras que resultaron proféticas. En abril de 1690 fallecía en Versalles. Solo tenía 29 años. Además de las complicaciones y secuelas del último parto, padecía tuberculosis y un absceso en el vientre que resultó decisivo. La autopsia reveló que la pobre María Ana había tenido todas las razones del mundo para lamentarse.


16 comentarios:

  1. Parece que fue ella misma la culpable de su destino; y sorprende que quien deseaba ser delfina, con el deseo de agradar, acabara ahuyentando al Delfín de su lado. Y sobre su final, a la vista de sus dolencias y precoz muerte, la acerada lengua de Saint-Simon, al menos en este caso, también parece que fue bastante fiel a la realidad.
    Beso su mano.

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    1. La pobre no encajó bien en la corte. Es terrible cuando eso sucede. Y su salud no la ayudaba a sobreponerse a la adversidad.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  2. Madame

    Nunca había leído la vida de María Ana Victoria de Baviera siempre le había pasado por alto, es de esas personas que tienen un no se que... Pero siempre son.los tristes olvidados de la historia ya ella siempre pasará como la abuela de Luís XV y nada más.

    Sin embargo, ella pasó lo que sufrió en su tiempo María Teresa de Austria, pero tuvo mejor suerte con un marido que le amo más sin embargo sus dolencias y su espléndido aislamiento le alejaron de la hermosa vida conyugal que tanto hubiese deseado otras consortes.

    Bisous

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    1. Una vida triste, de esas que, teniéndolo todo, no tienen nada. Nada excepto sufrimiento. Pasó de puntillas por esa brillante corte, a pesar de que incluso el actual rey de España desciende de ella.

      Buenas noches

      Bisous

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  3. Pobre niña rica, tan lejos de sus costumbres y familia. En la imagen que ha publicado no se la ve una joven fea, tal vez era su carácter lo que afeaba su figura.

    mariarosa

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    1. Los pintores hacían lo que podían, pero no había nadie en la corte que no la considerara fea en mayor o menor grado, y ponerse de acuerdo en gustos es tan difícil que forzosamente habría de serlo.

      Feliz lunes, madame

      Bisous

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  4. Hola Madame:

    Pobre dama. "realmente fea"...Mire que la gente puede ser cruel (o como le llaman ahora humor negro). Su escasa salud, es posible que ayudara en esa descripción.

    Besos Madame. Esperando el cambio de guardia

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    1. Claro que Liselotte no era ninguna belleza tampoco, pero ella también lo decía de sí misma, como vimos. Así que no se le puede pedir piedad con el prójimo :)

      Feliz comienzo de semana, monsieur.

      Bisous

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  5. Siempre me gusta leer los comentarios que le hacen y mas sus respuestas porque de ella siempre se aprende, como el de hoy que dice que nuestro Rey es también su descendiente.
    Como me gustaría poder ver a todos los personajes principales en un árbol genealógico, sería interesante, lo mismo investigo un poco a ver si lo hay
    Y supongo que el delfín se volvería a casar pues era todavía joven
    Hasta pronto
    Rufinablanca

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    1. Sería complicadísimo el árbol, pero supongo que algo simplificado también podría hacerse, y serviría de gran ayuda.

      El Delfín contrajo un segundo matrimonio secreto y morganático, igual que su padre.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  6. ala, alegría. la verdad es que la sociedad, ni la de antes, ni la de ahora, tolera la enfermedad. ni siquiera el malestar. uno debe estar lozano siempre. y no. pobre maria ana victoria de baviera, caramba.
    buen miércoles, madame!!

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    1. Sí, aunque en realidad sí que había mucho de psicológico en su actitud. Tenía alguna clase de problema que luego heredó su hijo, Felipe V.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  7. Si María Ana es la abuela de Felipe V (a lo mejor me equivoco), ya sé de quién pudo heredar esos abcesos de melancolía, como se decía entonces. A la pobre nadie la creyó en vida. Pero, ¿a quién le hubiera gustado fingir algo así mientras pudiera estar divirtiéndose en aquella corte tan placentera y plena de divertimentos? Y menos a la edad juvenil con la que llegó a la corte. Imagino que todas las princesas sufrirían un periodo de adaptación a su nuevo hogar, pero pasados unos meses se integrarían más o menos sin problemas, aunque siempre echando de menos su reino de origen.
    Un beso

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    1. Ella es la madre de Felipe V. El primer rey Borbón de España era hijo del Gran Delfín, y nieto de Luis XIV. Algún problema mental debía de tener, desde luego, y al morir tan joven no llegó a los extremos que alcanzó su hijo después.

      Feliz tarde

      Bisous

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  8. Qué entrada tan jugosa.1) Tendré que morirme para que me creran, que tragicómica frase. 2) El delfín y la hija de la Vallieri, no eran medio hermanos? ohhhhhhh 3) Cómo para no tener una gran naríz siendo descendiente de Enrique IV. Bisous Claudette.

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    1. Si, así es, madame, eran medio hermanos, pero la Madame de La Vallière que aparece en el texto no era la hija de Luisa, sino la mujer de un primo, el marqués de La Vallière.

      Buenas noches

      Bisous

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