lunes, 9 de marzo de 2015

Muerte de María Teresa de Austria


El 26 de julio de 1683 la reina María Teresa se siente indispuesta. Comienza a subirle la fiebre, por lo que se retira al lecho. Allí es examinada por Fagon, su médico principal, que detecta un gran absceso en la axila izquierda. Para aliviarla, se le aplicó una cataplasma que no resultó muy eficaz. El estado de la reina se fue agravando progresivamente hasta el día 30. Sufría mucho dolor y no alcanzaba el reposo hasta que el absceso reventó y comenzó a brotar una gran cantidad de pus.

El rey y el Delfín habían acudido a su cabecera. María Teresa vio las lágrimas en los ojos de Luis, y eso la inquietó.

—¿Tan grave me encuentro? —quiso saber ella.

—No, señora —respondió el rey—. Lloro porque no puedo soportar contemplar el sufrimiento de alguien a quien amo.

La fiebre se había apoderado de ella. La infección se había extendido, y doce médicos se reunieron en consulta. No lograban ponerse de acuerdo acerca de cuál sería el mejor medio de tratar su mal. Finalmente decidieron sangrarla, sin que sirviera para atajar la fiebre ni mitigar sus dolores, como cuenta la Princesa Palatina: “Ese viejo pillo de Fagon sangró a la enferma a las once, le dio un emético al mediodía, y a las tres de la tarde estaba muerta”.


La reina fallecía así a los 44 años de edad en su habitación del primer piso en el palacio de Versalles. Su cuerpo permaneció expuesto en el lecho hasta el día siguiente. Había sido embalsamado, vestido con el hábito franciscano y extraído el corazón, destinado a reposar en el convento de Val-de-Grâce. Después se colocó en su ataúd de plomo en el que se leía:

“aquí yace el cuerpo de la muy alta y muy excelente y muy poderosa princesa, María Teresa Infanta de España, esposa del rey Luis el Grande, XIV de número; la cual ha fallecido en el palacio de Versalles el 30 de julio de 1683…”

Durante varios días el féretro permaneció expuesto en la penumbra del gran gabinete, a cuya entrada se hallaban los guardias de la reina vestidos de luto. Se colocó sobre un lecho con cortinas de terciopelo bordeado de franjas de plata y sobre el que lucían las armas y escudos de la reina. Ante él desfilaron obispos, sacerdotes y las damas de María Teresa, sin que faltara, entre ellas, Madame de Montespan.

Llegó el rey, vestido con traje de luto color violeta y un gran manto negro. Desde allí partiría hacia Saint-Cloud: la vieja etiqueta prohibía al soberano estar en contacto con la muerte, los funerales o permanecer en palacio guardando luto.


Madame de Maintenon debería haber permanecido en Versalles, pero el duque de La Rochefoucauld es consciente de la importancia que tendría aprovechar ese momento e ir a reunirse con Luis.

—¡Ah, señora, no es el momento de abandonar al rey! ¡Él os necesita!

Françoise no precisa de más empuje para hacer disponer su carruaje y lanzarse en pos de él...


14 comentarios:

  1. Ya sabemos cómo estaba la ciencia médica en aquellos tiempos. Estar enfermo y ponerse en manos de los médicos era la mejor manera de morir.
    Difícil papeleta la de Mme. Maintenon, la de acudir a consolar al rey sin alguien pensara cuánta prisa tenía en cazarlo.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. María Teresa hubiera salido mucho mejor librada si en lugar de tener a ese médico hubiera llamado a Valvert. Pero creo que por entonces él andaba por España con una embajada. Qué le vamos a hacer.

      Sí, difícil papeleta la de Madame de Maintenon. Yo misma he pensado eso, sí, y así se lo comenté a Madame de Sévigné sin ningún sonrojo.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  2. Gracias por la aclaración, tenía que haberme dado cuenta.
    Y que interesante se pone ahora la corte con el rey viudo y joven Aunque creo que ya tiene el corazón ocupado pero habrá que ver que pasa
    Saludos y hasta pronto
    Rufinablanca

    ResponderEliminar
  3. Me olvidé decir la suerte que tenemos de haber nacido en esta época, me da miedo cuando veo lo joven que moría la gente.
    Y nada mas
    Rufinablanca

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es verdad, madame, aunque no siempre era así. Luis aún viviría muchos años, igual que nuestro Lauzun, por ejemplo.

      Buenas noches

      Bisous

      Eliminar
  4. Hola Madame:

    Me dio risa su comentario sobre el médico llamado Valvert :D Todavía anda de embajador por España :D

    Realmente esos procesos infeciosos que no se podían autolimitar (es decir que el organismo cree sus propias defensas, incluso en infecciones bacterianas) acaban con la vida de los pacientes en aquel entonces. Ahora hay antibióticos una ventaja importante, pero estamos abusando de ellos.

    El Rey parecía quererla después de todo...Cuernos incluidos...

    Besos

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El rey le tenía afecto de amigo, pero nunca amor. La reina había sido su compañera durante más de veinte años y lo sufrió con paciencia y resignación. En momentos así, cuando uno sabe que se está despidiendo, los remordimientos hacen de las suyas.

      Feliz tarde, monsieur Valvert

      Bisous

      Eliminar
  5. Doce médicos que no supieron atinar con el tratamiento. No saber y sangrarla fue todo uno. El Rey y su consoladora amiga es seguro que alimentarán la maledicencia cortesana.
    C'est la vie.
    Bisous y buenas tardes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues sí, como si fuera un fuego que necesitara leña. En realidad hacía tiempo que ardía.

      Buenas noches, madame

      Bisous

      Eliminar
  6. Madame

    Que trágico final para una mujer que soportó con dignidad las cornamentas con que Luís XIV adorno su testa coronada, pero que mal sino tener un inepto médico como su médico de cabecera.

    A Dios gracias que hoy la ciencia a evolucionado pero también existen muchas malas praxis sin hoy, así que es la de no acabar.

    Por lo de Maintenon, esta era su oportunidad, una oportunidad de oro que no debía dejar pasar y el destino, siempre taciturno, conspiró a su favor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es curioso, sí, pero todo le venía de cara a esa mujer. Cuando le estorba la Montespan, surge el asunto de los venenos y su rival cae en desgracia. Cuando llega a un punto en que el obstáculo era la reina, va María Teresa y se muere.

      Buenas noches

      Bisous

      Eliminar
  7. Sangrías. Ante cualquier enfermedad, sangrías. Era lo habitual en aquellos tiempos de muerte, que llegaba, inexorable, para los campesinos y los miembros de la realeza por igual. ¿Se sabe a ciencia cierta el origen del mal de la reina? Pudo ser cualquier cosa, pero una infección entonces, sin antibióticos, sólo podía ganarse gracias a la suerte.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, fue una infección. La reina no se quejó de aquel dolor en el brazo hasta que fue demasiado tarde y el absceso ya era tremendo. No pudieron contener la infección.

      Buenas noches, madame

      Bisous

      Eliminar
  8. Que en paz descanse la reina y por lo que imagino; a reina muerta, reina nueva.

    mariarosa

    ResponderEliminar

Luck is an attitude.