sábado, 28 de marzo de 2015

La boda de Luis XIV y Madame de Maintenon


Cuenta Lafont d’Aussone que cuando la reina María Teresa se moría, Madame de Maintenon entró a despedirse de “aquella que debía abandonar la más bella corona del universo para tomar un ataúd”. Ambas mujeres hablaron entre lágrimas, y finalmente la reina se despojó de su anillo y lo puso en el dedo de Françoise, un gesto que impresionó vivamente a los presentes, porque indicaba que María Teresa había nombrado sucesora.

Pero, ¿amaba realmente al rey Madame de Maintenon? Ella lo veneraba, lo admiraba y consideraba su sagrada misión en esta tierra rescatarlo de las garras del pecado. Seguramente lo amaba de alguna forma, pero la pasión no parecía formar parte de sus sentimientos, aunque sí de los de él. Según Madame de Suard, “el rey amaba a Madame de Maintenon tanto como puede amarse. Le era imposible separarse de ella por un solo día. Ni siquiera por un solo segundo. Allá donde ella no se encontraba, el rey sentía un vacío insoportable. Esta mujer que se había siempre prohibido amar o ser amada, estaba ahora enamorada de Luis el Grande. Pero era él quien estaba intimidado ante ella”.

Sí, Luis amaba, como prueba su correspondencia:

“Aprovecho la ocasión de mi marcha de Montchevreuil para expresaros una verdad que me place de tal modo que no puedo impedirme de decírosla. Siempre os amo tiernamente y os respeto hasta un punto inexpresable. En fin, cualquiera que sea la amistad que vos sintáis por mí, correspondo con un corazón entregado a vos.”


Por París circulaban dibujos satíricos, y se hicieron cajas de caramelos decoradas con retratos en los que Françoise se encontraba entre Luis y su primer marido. En otras el rey aparecía entre ella y La Vallière. Esta última ponía la mano sobre el corazón de Luis, mientras que la otra sostenía su corona. Nada de eso hace mella en el ánimo del rey ni en su férrea determinación de desposar a la viuda de Scarron.

Aún no habían transcurrido tres meses desde la muerte de la reina cuando el padre La Chaise acude en nombre de Luis XIV a formular su propuesta matrimonial a Madame de Maintenon. La respuesta de la viuda fue que pertenecía por entero al rey.

La ceremonia de la boda se celebró durante la noche del 9 de octubre de 1683, a la luz de las velas. Fue el padre La Chaise el encargado de oficiarla en presencia del arzobispo de París en uno de los gabinetes del rey allá en Versalles. Se trató de una ceremonia secreta a la que tan solo asistió el fiel Bontemps, primer ayuda de cámara y confidente de Luis, y el ministro Louvois, “que habían dado ambos su palabra al rey de que jamás declararían esa boda”, según cuenta Saint-Simon, quien añade: “Algo que a la posteridad le costará creer, aunque es perfectamente real y comprobado”.



jueves, 26 de marzo de 2015

La Corte del Diablo elegida libro del mes


Escritores de Hoy ha elegido La Corte del Diablo como libro del mes y nos deja una preciosa reseña:

"…Cortesanos y cortesanas al cabo de conspiraciones, amoríos interesados, manejos despiadados para conseguir más poder y, más que nobles, gañanes ansiosos de oro y favores reales. Tendrás la sensación de estar viviendo allí mismo...

"...Montserrat Suáñez dibuja más que escribe, sin cansar, acompasando la acción que va desde la sutileza amorosa más romántica hasta los deseos de guerra más enfervorecidos.

"Más que recomendable si añora la literatura de verdad."


Muchas gracias también a Raquel Campos, autora de novela romántica. Raquel hace una amplia reseña en su blog sobre La Corte del Diablo para concluir con una muy favorable opinión.

“Esta historia me ha encantado. Con una trama que atrapa desde la primera página y que no puedes dejar de leer… La ambientación está muy bien cuidada y es donde se aprecia la labor de documentación de la autora. Los detalles sobre la época, tanto políticos como cotidianos, la forma de vivir, los vestidos, etc., todo ello nos adentra en la época desde el principio… En definitiva, una historia que conjuga acción, intriga, odio, amor, amistad, lealtad, ambición y traición, además de muchos enredos. Muy recomendada.”

Próximamente regresaremos a la Corte del Rey Sol y continuaremos con nuestra historia.

lunes, 23 de marzo de 2015

Áltera regala tres ejemplares de La Corte del Diablo


Ediciones Áltera tiene la cortesía de regalar tres ejemplares de la novela La Corte del Diablo entre las personas que se apunten al sorteo organizado por Cristina Rodrigo. Ella misma os explica las bases para participar. Podéis apuntaros en su blog o en su fb. Es muy sencillo. Suerte! :

"Empiezo la semana con un nuevo e interesante sorteo a nivel nacional del libro: "La Corte del Diablo" de la autora Montserrat Suáñez....

"Nada más fácil que responder a este post y contarme algo que te gustaría descubrir de la Corte de Carlos IX en Francia. Las tres respuestas más interesantes y divertidas ganarán un ejemplar de esta apasionante novela histórica, donde el amor, la aventura, la intriga y el misterio se conjugan a la perfección.

"¡Anímate y participa! Tienes tiempo hasta el 7 de Mayo de 2015. Puedes concursar respondiendo a este post en mi blog:"


Cristina Rodrigo


miércoles, 18 de marzo de 2015

La espía que él amó

-Krystyna Skarbek-

Ian se caló el sombrero y alzó el cuello de la gabardina en un inútil intento por guarecerse de la tormenta que había estallado esa noche sobre el cielo de Londres. El viento arrojaba con fuerza andanadas de lluvia que impactaban contra su rostro mientras se dirigía hacia aquel hotel de Kensington. Aunque apenas lo separaban unos metros del lugar en el que había aparcado, el agua había encharcado sus zapatos cuando llegó ante el edificio. Con las prisas no se había preocupado de ponerse un calzado adecuado, pero ni siquiera entonces se dio cuenta.

Había escuchado la noticia por la radio. Al oír que acababan de asesinar a una mujer en el Shelbourne, presintió que se trataba de ella…

Krystyna Skarbek y Andrzej Kowerski, Siria 1942


Así comienza La espía que él amó, el relato con el que colaboro en la segunda antología de Mujeres en la historia, dedicada a aquellos personajes femeninos que desarrollaron su labor entre 1940 y la actualidad. Hoy tengo que comunicar la grata noticia de que M.A.R. Editor por fin la ha sacado a la luz. 

Felicidades a mis compañeras de aventura por esos preciosos relatos, y a Miguel Ángel de Rus y Vera Kujareva por llevar a buen puerto este nuevo proyecto. Espero que tenga al menos tanto éxito como el primero.



lunes, 16 de marzo de 2015

Perdida la razón


El rey sabe que contará con la aprobación del clero a su matrimonio con Madame de Maintenon, pero tiene sus reservas con respecto a la opinión de sus ministros. Cuando tantea a Louvois, la reacción indignada no se hace esperar, como nos cuenta el abate de Choisy:

—¡Ah, Sire! ¿Vuestra Majestad ha pensado bien lo que me dice? ¡El rey más grande del mundo, cubierto de gloria, desposar a la viuda de Scarron! ¿Queréis deshonraros?

El ministro implora, se arrodilla y recurre a las lágrimas con tal de apartar a Luis de su determinación.

—Perdonad, Sire, la libertad que me tomo. ¡Quitadme mis cargos, arrojadme a una celda, así no veré semejante indignidad!

Las proporciones que estaba adquiriendo aquella escena terminaron por irritar al rey, que encontraba desmedido tal arrebato.

—¡Levantaos! —lo interrumpe—. ¿Estáis loco? ¿Habéis perdido la razón?

Louvois

Louvois se incorporó y abandonó la estancia. Esperaba que sus protestas hubieran servido para hacer reflexionar a Luis, pero al día siguiente, al encontrarse con Madame de Maintenon, supo por su aire ofendido que él se lo había contado todo, y que, por tanto, “se había convertido en su más mortal enemiga”.

Bossuet, en cambio, veía en la posibilidad de que se celebrara ese matrimonio una forma de rescatar a Luis del pecado en el que durante tantos años había vivido y salvar así su alma. El padre La Chaise, confesor del rey, y el arzobispo de París eran de la misma opinión. Piensan que, siendo ahora libre para desposar a una mujer de su agrado, “podía vivir en regla con la ley de Dios, sin sacrificar su placer”.

Madame de Maintenon también considera que convendría al rey un nuevo matrimonio, y así se lo hace saber:

—Volved a casaros, Sire; yo me marcharé.

Pero no. ¡Naturalmente la boda no podía celebrarse sin la novia!


viernes, 13 de marzo de 2015

Matrimonio morganático


Cuando muere la reina María teresa, el rey no ha cumplido aún 45 años. Es lo bastante joven para considerar la idea de tomar nueva esposa, pero, asegurada la sucesión con un Delfín que para entonces ya le ha dado un nieto, se considera libre para casarse por amor esta vez, y no por intereses dinásticos o alianzas con potencias extranjeras. 

Françoise es mayor que él, pero conserva su belleza. Es inteligente y virtuosa y, por encima de todo, él la ama y la respeta. Las circunstancias permitían ahora dar ese paso. Madame de Maintenon se ha resistido a ser la amante, pero no se opondrá a ser la esposa legítima. Enfrentarse a la opinión pública era otra cosa: casarse con Françoise equivalía a convertirse en el sucesor del pobre Scarron, una posición humillante para el poderoso rey, que sería objeto de mofa y escarnio en toda Europa. Además Françoise, tanto por su origen como por sus circunstancias personales y familiares, no reunía los requisitos para ser reina. Por tanto, tendría que ser un matrimonio secreto y morganático, es decir, ella sería su mujer, pero no la reina de Francia.

El matrimonio morganático, propio del Antiguo Régimen, estaba pensado para estos casos de uniones entre personas de rango desigual, bien entre nobles y plebeyos o, como en este caso, un rey con una mujer cuyo linaje no se considera digno de una corona. Los hijos habidos de tales matrimonios, si bien considerados legítimos, quedan excluidos de la sucesión, aunque no era este un asunto que pudiera preocupar a Luis, ya que la novia había rebasado la edad en la que cabría esperar descendencia.

Este tipo de ceremonia se conocía también con el nombre de “matrimonio de la mano izquierda”, porque, al revés de como se hacía habitualmente, el contrayente sostenía con la izquierda la mano derecha de ella.

María Cristina de Nápoles con sus dos hijas: la reina Isabel II y la infanta Luisa Fernanda, futura duquesa de Montpensier

Lejos de tratarse de algo inusual, a lo largo de la historia ha habido muchos matrimonios morganáticos. Uno de ellos fue el que en el siglo XIX llevó a cabo María Cristina de Nápoles, madre de la reina Isabel II, con el militar Agustín Fernando Muñoz. Eduardo VIII también propuso en su momento un matrimonio morganático con Wallis Simpson, lo cual le hubiera permitido seguir reinando, pero el gabinete británico rechazó su pretensión y el rey tuvo que renunciar a la corona para poder desposarla.


jueves, 12 de marzo de 2015

Entrevista para el cuaderno de bitácora de una escritora novel


Cristina Rodrigo Cebollada me entrevista hoy acerca de La Corte del Diablo en su Cuaderno de bitácora de una escritora novel.


Muchas gracias, Cristina, por la atención que prestas a la novela.

Y, por cierto, ya nos van colocando incluso en el escaparate. No pude evitar captar el momento con mi móvil al pasar por la Avenida de La Costa y ver esta maravillosa imagen que me hizo tanta ilusión.

Muchas gracias a cuantos estáis contribuyendo a que esto suceda.


lunes, 9 de marzo de 2015

Muerte de María Teresa de Austria


El 26 de julio de 1683 la reina María Teresa se siente indispuesta. Comienza a subirle la fiebre, por lo que se retira al lecho. Allí es examinada por Fagon, su médico principal, que detecta un gran absceso en la axila izquierda. Para aliviarla, se le aplicó una cataplasma que no resultó muy eficaz. El estado de la reina se fue agravando progresivamente hasta el día 30. Sufría mucho dolor y no alcanzaba el reposo hasta que el absceso reventó y comenzó a brotar una gran cantidad de pus.

El rey y el Delfín habían acudido a su cabecera. María Teresa vio las lágrimas en los ojos de Luis, y eso la inquietó.

—¿Tan grave me encuentro? —quiso saber ella.

—No, señora —respondió el rey—. Lloro porque no puedo soportar contemplar el sufrimiento de alguien a quien amo.

La fiebre se había apoderado de ella. La infección se había extendido, y doce médicos se reunieron en consulta. No lograban ponerse de acuerdo acerca de cuál sería el mejor medio de tratar su mal. Finalmente decidieron sangrarla, sin que sirviera para atajar la fiebre ni mitigar sus dolores, como cuenta la Princesa Palatina: “Ese viejo pillo de Fagon sangró a la enferma a las once, le dio un emético al mediodía, y a las tres de la tarde estaba muerta”.


La reina fallecía así a los 44 años de edad en su habitación del primer piso en el palacio de Versalles. Su cuerpo permaneció expuesto en el lecho hasta el día siguiente. Había sido embalsamado, vestido con el hábito franciscano y extraído el corazón, destinado a reposar en el convento de Val-de-Grâce. Después se colocó en su ataúd de plomo en el que se leía:

“aquí yace el cuerpo de la muy alta y muy excelente y muy poderosa princesa, María Teresa Infanta de España, esposa del rey Luis el Grande, XIV de número; la cual ha fallecido en el palacio de Versalles el 30 de julio de 1683…”

Durante varios días el féretro permaneció expuesto en la penumbra del gran gabinete, a cuya entrada se hallaban los guardias de la reina vestidos de luto. Se colocó sobre un lecho con cortinas de terciopelo bordeado de franjas de plata y sobre el que lucían las armas y escudos de la reina. Ante él desfilaron obispos, sacerdotes y las damas de María Teresa, sin que faltara, entre ellas, Madame de Montespan.

Llegó el rey, vestido con traje de luto color violeta y un gran manto negro. Desde allí partiría hacia Saint-Cloud: la vieja etiqueta prohibía al soberano estar en contacto con la muerte, los funerales o permanecer en palacio guardando luto.


Madame de Maintenon debería haber permanecido en Versalles, pero el duque de La Rochefoucauld es consciente de la importancia que tendría aprovechar ese momento e ir a reunirse con Luis.

—¡Ah, señora, no es el momento de abandonar al rey! ¡Él os necesita!

Françoise no precisa de más empuje para hacer disponer su carruaje y lanzarse en pos de él...


sábado, 7 de marzo de 2015

El traslado a Versalles

María Ana, Victoria de Baviera, Delfina de Francia

El 6 de mayo de 1682 Versalles, a pesar de no estar aún completamente terminado, se convierte en la residencia permanente del rey. Atrás quedaban los tiempos en los que la corte se desplazaba constantemente de un palacio a otro. Ahora Luis había decidido reunir a todos sus nobles en el mastodóntico château.

Poco después, en agosto, la Delfina traía allí al mundo a su primer hijo, que, para regocijo de todos, fue un varón, el ansiado heredero. El abate Choisy nos da testimonio de la alegría delirante que imperaba aquel día en la corte:

“Casi se volvieron todos locos, desde la superintendencia, donde Madame la Delfina dio a luz, hasta sus aposentos. Se dejaban besar por cualquiera. El pueblo parecía haber perdido la razón. Se encendían fogatas de festejo por todas partes… En París las tiendas cerraron durante tres días; las calles estaban repletas de mesas a las que se invitaba a los transeúntes.”

Madame de Maintenon seguía en lo más alto del favor real y gozaba del afecto de la reina. Claro está que María Teresa no es consciente de toda la realidad en su crudeza. No parece darse cuenta de que la buena amiga del rey, su mejor consejera, no solo es esa buena influencia sobre su mente y su conducta, sino que además se ha convertido en la dueña absoluta de su corazón, y también de sus sentidos.

Madame de Maintenon

Es un asunto que Madame de Maintenon ya no puede resolver a su entera satisfacción, y eso la tiene en un estado de perpetua agitación, como describe Madame de Caylus: “Vi tanta agitación en su espíritu, que luego juzgué que era causada por una violenta incertidumbre sobre su estado, sus pensamientos, sus temores, sus esperanzas; en una palabra, su corazón no estaba libre y su espíritu se agitaba. Para ocultar esos diversos estados de ánimo y para justificar las lágrimas que le veíamos derramar, se quejaba de vapores e iba, según decía, a tratar de respirar en el bosque con la única compañía de Madame de Montchevreuil; hasta lo hacía a veces a horas inapropiadas.”

Grande es el tormento de Françoise por esas fechas en las que teme caer en el mismo pecado que tanto combatió cuando era otra quien lo cometía. Se sentía muy próxima a sucumbir cuando ocurrió algo que daría un giro inesperado a la situación.



miércoles, 4 de marzo de 2015

La Corte del Diablo (11)

Enrique de Valois, duque de Anjou, "Monsieur".

Condé, con el grueso del ejército a su mando, no se hallaba muy lejos cuando le llegó la noticia del ataque de Monsieur. Tan pronto como tuvo conocimiento de lo que estaba ocurriendo, partió raudo hacia allá con los suyos. Pero la suerte no estaba de su parte ese día: como un mal presagio al que tal vez debió prestar atención, en el momento de partir, ya dispuesto sobre su montura, recibió una tremenda coz de otro de los caballos, demasiado próximo a él entre la confusión y precipitación del momento. La pierna de Condé resultó destrozada, pero esto no lo detuvo.

—¡Soldados, recordad en qué estado se lanzó al combate Luis de Borbón, por Cristo y su patria! —gritó mientras continuaba su frenética cabalgada.

En vano arremetió con furia contra el enemigo. Las maniobras de las numerosas fuerzas católicas fueron más afortunadas y pronto tuvieron cercados a los hugonotes. El caballo de Condé se desplomó sin vida, aprisionando al jinete bajo su cuerpo. Todo estaba perdido para él. Luis entregó su guante en señal de rendición mientras el duque de Anjou observaba la escena a cierta distancia.

—Ya lo tenemos —murmuró Enrique, y exhibió una sonrisa que no tenía nada de su encanto habitual. Después se volvió hacia el capitán de su guardia para dar una última orden—. Matadlo.

Pronunció la palabra con tanta tranquilidad como si se hubiera limitado a pedir un poco de vino. Su rostro no revelaba la menor tensión. Aquel hombre sobraba, y a Monsieur le importaban muy poco las reglas del honor. Su hermano Carlos, el rey, era un Valois; Enrique era un Médicis de los pies a la cabeza y a pesar de sus bellas facciones, refinado como un príncipe del dorado Renacimiento italiano y capaz, al mismo tiempo, de gobernar con la daga. Condé era su mayor enemigo, luego Condé debía morir, y no importaba cómo.

Al ver al capitán avanzar hacia él, Luis comprendió. Se cubrió el rostro con su capa y aguardó serenamente a que se cumpliera su destino. Instantes después su cabeza era destrozada de un pistoletazo.

Pero Anjou aún no había acabado con su enemigo. La muerte no era suficiente, y tuvo que hacerle el insulto final: el cadáver de Condé fue atado a la cola de un asno, arrastrado por los caminos y expuesto luego como un trofeo en el castillo de Jarnac.

Pronto llegaron a la corte las noticias de que aquel joven comandante de diecisiete años había aplastado al ejército protestante. Solo se hablaba de su arrojo en el combate, cosa, por otra parte, innegable. Pero en palacio había algunos otros hugonotes, entre los que se encontraba Nanon, la que fuera nodriza del rey. En voz baja se iban comunicando entre ellos las cosas que no se mencionaban en los salones, y Nicole conoció, al mismo tiempo que la muerte de Condé, los rumores sobre cómo se había producido. Oyó que durante el transcurso de aquella batalla decisiva Condé se había rendido; sin embargo Enrique lo había hecho asesinar a sangre fría.

Ella, cuyo corazón ya había elegido en silencio al duque de Anjou, no deseaba creerlo. No podía ser cierto. Desde entonces vivía tratando de ignorar aquella punzada de angustia en el corazón, negándose a mirar a la cara a la verdad.



FIN DEL CAPÍTULO I




Este fin de semana abandonaremos la Corte del Diablo y regresaremos a la del Rey Sol



lunes, 2 de marzo de 2015

La Corte del Diablo (10)

Luis de Borbón, príncipe de Condé

Mademoiselle de Sergot continuó pensando en el polaco cuando hubo desaparecido. No podía olvidarse de su apellido ni dejar de sentir aquella desazón. Mathieu no parecía ser una mala persona; incluso había algo en él que le agradaba a pesar de sus toscos modales, de los que, por otra parte, él no tenía la culpa. Cierto que tampoco la tenía de llevar la misma sangre que el barón de Croisy, pero eso era mucho más difícil de ignorar. Al pensar en ello deseó no volver a verlo para no sentir ese antiguo resentimiento, que creía sepultado, carcomiendo de nuevo su alma.

Los recuerdos se agolpaban atropelladamente, la acosaban inmisericordes mientras aguardaba instrucciones del duque de Anjou en aquel salón del Louvre.

Volvió a evocar el rostro de Luis de Condé. El golpe contra la familia real había fracasado, sí; sin embargo, las consecuencias fueron desastrosas, porque estalló la segunda guerra de religión. El resto fue una tragedia. Los meses se sucedían entre batallas y escaramuzas que no decidían el transcurso de la contienda. Era la población quien llevaba la peor parte entre tantas atrocidades como se cometían. Los ideales caballerescos habían muerto en Francia. Los prisioneros eran arrojados desde lo alto de una torre para que sus cuerpos se insertaran en las picas que aguardaban abajo; las gentes morían quemadas a fuego lento, en ocasiones para asegurarse de que confesaban dónde guardaban cuanto poseían de valor, pero otras veces, simplemente, por mera diversión de una soldadesca imbuida de odio. Sobre los campos los ejércitos avanzaban sorteando cuerpos que habían sido cortados en dos mitades, y ni siquiera los niños se libraban de tanta barbarie, porque algunos capitanes los ensartaban en sus espadas.

Uno y otro bando masacraban sin piedad. En Maillé los protestantes asesinaron a la totalidad de la población; caían sobre los lugares como fanáticos ángeles exterminadores. Iglesias y conventos eran profanados, arrasados hasta los cimientos, saqueados e incendiados sin importar cuántas almas se refugiaran en el interior. Las monjas encontraban frecuentemente un trágico destino a manos de los hugonotes, mientras que los católicos habían capturado a cientos de mujeres protestantes que les servían de diversión allá en el campamento. Cuando se cansaron de entretenerse con ellas, las ahogaron en el río Loira.

Había que hacer algo para detener el desastre, y tenía que hacerse pronto. El joven duque de Anjou, al frente de las tropas del rey, vio su oportunidad. Había llegado el momento de asestar un fuerte golpe al enemigo. Era el trece de mayo de 1569, el primer día de gloria para Enrique, que se lanzó al ataque contra la vanguardia de las tropas protestantes muy cerca de Jarnac…