domingo, 25 de agosto de 2013

Las razones del rey


La súbita ruptura del compromiso de Mademoiselle de Montpensier hizo necesario que el rey explicara lo ocurrido en una carta que fue enviada a todos sus representantes en las cortes europeas. El mensaje decía lo siguiente:

Puesto que lo sucedido en los últimos días respecto a la intención de mi prima de Montpensier de casarse con el conde de Lauzun, uno de los capitanes de mi guardia, sin duda causará mucho revuelo en todas partes, y como mi conducta en relación a ese asunto puede ser interpretada maliciosamente por parte de aquellos que no conocen los hechos, considero necesario informar a todos los ministros que me sirven en el extranjero.

Hace diez o doce días mi prima, que no se atrevió a dirigirse a mí personalmente por un asunto que sabía me asombraría, me escribió una larga carta para declararme la resolución que había tomado de contraer dicho matrimonio, rogándome, mediante todos los argumentos que pudo esgrimir, que diera mi consentimiento, pero solicitándome al mismo tiempo que hasta que yo no estimase oportuno otorgarlo, tuviese la bondad de no hablarle de ello cuando se encontrara en los apartamentos de la reina.

Mi respuesta, también por carta, fue rogarle que reflexionara, y sobre todo que no se precipitara en un asunto de esta naturaleza, del que podría derivarse un arrepentimiento en exceso tardío. Me limité a decirle esto hasta poder hablar con ella y exponerle muchas consideraciones importantes que debería hacerse, y persuadirla entonces para que cambiara de opinión. Sin embargo, ella continuó presionándome mediante cartas y por cualquier otro método imaginable para que diera el consentimiento que pedía, como la única cosa, según dijo, capaz de procurarle la felicidad y la tranquilidad en su vida, asegurando que mi negativa la convertiría en la persona más desdichada de la tierra.


Por fin, viendo que avanzaba poco en la consecución de su objetivo, después de haber intentado atraer a su causa a la más alta nobleza del reino, ella y Lauzun seleccionaron cuatro personas entre aquellas de rango más elevado: los duques de Créqui y Montausier, el mariscal d’Albert y el marqués de Guitry, para recordarme que yo había consentido el matrimonio de mi prima de Guisa no solo sin poner ninguna objeción, sino incluso de buen grado, y que si después de eso impedía el que su hermana deseaba tan ardientemente, dejaría patente ante todos que establecía una gran diferencia entre los hijos menores de la Casa Real y los oficiales de mi corona, algo que España no hace; por el contrario, aquel país prefiere su propia nobleza a todos los príncipes extranjeros. Me dijeron que era imposible que esta diferencia no mortificara extremadamente a toda la nobleza de mi reino. Luego insistieron en que tenían, para apoyar sus argumentos, varios ejemplos, no solo de princesas de sangre real que habían honrado a caballeros al casarse con ellos, sino incluso de reinas viudas de Francia que así lo habían hecho.

En suma, los ruegos de estas cuatro personas eran tan insistentes, y sus argumentos sobre no despreciar a la nobleza francesa tan persuasivos, que finalmente me avine a otorgar al menos un consentimiento tácito a este matrimonio, encogiéndome de hombros y asombrado ante el enamoramiento de mi prima, pero diciéndome que al fin y al cabo ya tenía 45 años y podía hacer lo que quisiera.

A partir de ese momento el asunto se consideró resuelto y comenzaron los preparativos. Toda la corte fue a presentar sus respetos a mi prima, y a felicitar a Lauzun. Al día siguiente me llegaron noticias de que mi prima había dicho a varias personas que se casaba porque era mi deseo. Envié en su busca y le hablé en presencia de testigos: el duque de Montausier, Le Tellier, de Lyonne, de Louvois, y ella negó rotundamente haber dicho tal cosa, y declaró que, por el contrario, había asegurado y aseguraría siempre a todo el mundo que yo había hecho todo lo posible por disuadirla e inducirla a tomar otra resolución. Pero ayer oí por diferentes fuentes que la mayoría de la gente se había formado una firme opinión que resultaba muy injuriosa para mí: la de que toda la resistencia que yo había opuesto al proyecto era fingida y una mera farsa, y que en realidad estaba muy satisfecho de obtener tan grandes beneficios para Lauzun, a quien todos saben que estimo mucho. 

Por tanto, viendo mi reputación tan comprometida, me decidí de una vez por todas a impedir este matrimonio, sin más consideración hacia la felicidad de la princesa ni hacia la del conde, a quien puedo otorgar y otorgaré otros beneficios. Envié a buscar a mi prima; le declaré que no toleraría que se celebrase ese matrimonio, pero que podría elegir entre toda la alta nobleza de Francia a aquel que quisiera excepto a Lauzun, y yo mismo la conduciría al altar. Sería superfluo describir la pena con la que recibió la noticia; cómo estalló en lágrimas y sollozos como si le hubiera atravesado cien veces el corazón con un puñal. Trató de hacerme cambiar de opinión. Yo me resistí a todo cuanto pudo decir; y después de que ella se hubo ido admití al duque de Créqui, al marqués de Guitry y al duque de Montausier, y al no encontrar al mariscal d’Albret, les declaré a ellos mi resolución para que pudieran comunicársela a Lauzun, a quien después se lo dije personalmente; y debo decir que la recibió con toda la firmeza y sumisión que yo podría desear.


18 comentarios:

  1. La declaración del rey parece sincera. Pero Mademoiselle de Montpensier ha quedado, imagino, desbastada y con una pena que nada ni nadie logrará calmar.

    mariarosa

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    1. Cuanto expone el rey en la carta coincide con las propias memorias de Mademoiselle. No hay ninguna contradicción, de modo que sí es sincero. Los enemigos encontraron un resquicio difundiendo ese bulo, y finalmente lograron su objetivo.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  2. Que poca personalidad la del rey que se dejó llevar por rumores cuando debió ser él el que informara su decisión.
    Pobres Lauzun y la novia de Montpensier que tuvo que esperar 45 años para encontrar el amor y ahora le prohíben concretar.
    Saludos Diana!

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    1. El problema con los rumores es que, si se creen, se convierten en verdades, y un rey no podía permitírselo, porque equivalía a lo que hoy puede ser una sospecha de corrupción, ni más ni menos.

      Lástima para Mademoiselle. Efectivamente, con lo que tardó en encontrar el amor, no es de esperar que se recupere con facilidad.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  3. La postura del rey es completamente lógica. Se trata de personajes con todas las prebendas inimaginables en un momento donde la vida del común de la gente era breve , durísima y llena de peligros. La familia real sabía de antemano que tenía que renunciar a casarse con quien quisiera y esa era ley para ellos. Que en las monarquias actuales hagan lo contrario ,y esto es una suposición mia, justamente para mostrarse "democráticos" y por los problemas genéticos que la endogamia generaba , es otra cosa. En esa epoca Luis hizo lo que el pueblo y la nobleza esperaba de él, que haga cumplir una norma implícita de su sistema de gobierno. Lauzún está zafando por ahora, no logro descifrar que cosa mala hizo luego para merecer tamaño castigo. Bisous.Claudette ( esta historia es tan fascinante como la de lamáscara)

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    1. Así es, madame. En aquel tiempo no solo se asumían los derechos y privilegios, que eran muchos, sino también los deberes. No creo que en la actualidad piensen en las ventajas de mostrarse democráticos más que en hacer su propio gusto y quedarse tan solo con los privilegios. Es difícil de aceptar, por ejemplo, que el príncipe de Noruega eligiera precisamente a esa esposa por mostrarse democrático, puesto que la mayor parte de su pueblo, de forma en absoluto sorprendente, estaba en contra entonces. Hacer algo en contra de la voluntad del pueblo es justo lo contrario de pretender mostrarse democrático. Igualmente estaba en contra el pueblo holandés, aunque Máxima los hizo cambiar de opinión pronto.

      Gracias, madame. Esperemos que no decaiga.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  4. Todo el capítulo de hoy es para la carta, muy interesante por cierto y estoy de acuerdo en su última respuesta al comentario anterior, hoy las monarquias quieren tener mas los privilegios que el sevilismo que conlleva el cargo,
    un saludo madame y hasta pronto
    ruffinablanca

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    1. Pues sí, madame. Parece que ya nadie entiende de sacrificios.

      Buenas noches.

      Bisous

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  5. Hola Madame:

    El rey hizo lo que tenía que hacer. No le quedo otra. Estaba contra la espada y la pared, Como Ud refiere en un comentario, los rumores eran desbastadores en aquel entonces.

    Sin embargo, el revuelo en Europa fue el mismo que en Francia cuando se extendió la noticia del matrimonio?

    Besos Madame

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    1. Sí, en el extranjero también estaba causando escándalo el asunto. Era algo muy irregular. Una cosa era favorecer y elevar a la nobleza del propio país y otra rebajar de ese modo la sangre real.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. Excusas de mal pagador esta carta. Llevo siguiendo esta historia desde el principio y después de leer los tres últimos capítulos, he quedado absolutamente decepcionado por la falta de absolutismo de un rey absoluto, que en absoluto ha tenido más criterio que doblegar su voluntad a la opinión de la arpía de Montespan. Ya sé que ese matrimonio quizás fuera un mal negocio para Mademoiselle de Montpensier, pero hecharse atrás la víspera en el consentimiento dado me parece decepcionante. Hoy Luis, el Rey Sol ha perdido gran parte de su resplandor. Más que un astro central y absoluto, lo confundo con un pequeño satélite, relativo, orbitando alrededor de otros astros. Claro que puedo estar equivocado. Mi punto de vista sobre las cosas, esta última temporada, anda algo deformado, jejeje.
    Beso su mano.

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    1. Realmente, monsieur, no parecía en cosas como esta tan absoluto como dicen, aunque precisamente el hecho de poder permitirse actuar de ese modo a un día de la ceremonia, y sin estar sujeto a otro control que el que él mismo desea, resulta bastante absolutista en sí mismo. Más aún lo será en próximos capítulos, como usted recordará.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  7. Y el colofón de toda esta lamentable historia para Mademoiselle es ver aireados a los cuatro vientos sentimientos tan privados para ella. Realmente la vida de privilegios conllevaba un conjunto de deberes bastante enojosos de los que hoy en día sus equivalentes en el cargo se han olvidado...

    Un beso, querida!

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    1. Lo curioso es que la propia Mademoiselle aireó más profusa y dilatadamente sus sentimientos en sus memorias, en las que reproduce los acontecimientos con asombrosa minuciosidad. Obviamente no sentía ningún pudor al respecto.
      En cuanto a ese conjunto de deberes, efectivamente hoy se han olvidado, lo que no deja de tener sus consecuencias.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  8. Esta carta demuestra que los affaires reales eran del dominio público. Mademoiselle no solo quedó vestida y alborotada, como nvoia de pueblo, además tiene que pasar este bochorno público que abarca más allá de las fronteras de Francia.
    Bisous

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    1. Madame, como le decía a Lady Balehead, para ella no se trataba de ningún bochorno, puesto que la mayor parte de lo que conocemos sobre este asunto se debe a sus propias memorias, en las que narra los hechos con mucho mayor detalle y minuciosidad que cuanto estamos haciendo aquí.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  9. bueno, bueno, ya me he puesto al día. al final todo ha desembocado en llantos y lamentos. pobre madame de Montpensier..., pero es que el lío en el que se iba metiendo a cada día que pasaba era mayor y los enemigos cada vez más formidables y enconados.
    a ver si Luis deja de fingir y encuentra un recoveco por el que se pueda colar la pareja.
    bisous madame!!!

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    1. Pues no sé yo si por ese recoveco no mandará más bien al marqués a freír espárragos. De momento está bien dispuesto con respecto a él, pero el humor de Luis se ha vuelto tan cambiante...

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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