martes, 12 de febrero de 2013

La Marquesa de Alluye


El marqués de Puyguilhem fue en ocasiones rival del rey en los lances de amor. Mademoiselle de La Motte-Argencourt, aquel primer amor de Luis, volvió sus ojos hacia él cuando Mazarino frustró su naciente idilio con el monarca. Nuestro marqués, como no la correspondía, estimó más prudente poner freno a los avances de la dama, que acabó por arrojarse en brazos del duque de Richelieu. 

Otra de las bellezas que suspiraban por él era Bénigne de Meaux, Mademoiselle de Fouilloux, intrigante en grado sumo. Ocupó primero un lugar entre las damas de Ana de Austria, y después entre las de Minette. Había llegado a la corte a finales de 1652, y pronto pasó a pertenecer al círculo de amistades íntimas de Olimpia Mancini, condesa de Soissons. Mujer ambiciosa y con pocos escrúpulos, era, además, enemiga de La Vallière y espía del superintendente Fouquet, a quien informaba de cuanto pudiera resultar de su interés. 

En 1667 Bénigne contrajo matrimonio con el marqués de Alluye. Más adelante tanto ella como su esposo se verían implicados junto con Olimpia en el asunto de los venenos. Madame de Sévigné cuenta cómo se dio aviso a la condesa de Soissons: “quisieron darle tiempo para que huyera si era culpable. El miércoles estaba jugando a la bassette. Monsieur de Bouillon entró y le rogó que pasara a su gabinete. Le dijo que era preciso que se marchara de Francia o iría a parar a la Bastilla. Ella no vaciló; hizo abandonar el juego a la marquesa de Alluye y no volvieron a aparecer. Llegó la hora de la cena. Se anunció que la condesa iba a cenar en la ciudad. Todos se marcharon convencidos de que había ocurrido algo extraordinario. Mientras tanto se liaban muchos bártulos, se empaquetaba la plata, las joyas; se hizo vestir a lacayos y cocheros chaquetas grises y se engancharon ocho caballos a la carroza. Hizo que colocaran a su lado, al fondo, a la marquesa de Alluye, que dicen que no quería marcharse… [Olimpia] dijo a sus gentes que no se preocuparan por ella, pues era inocente, pero que a aquellas miserables les había dado por nombrarla. Lloraba. Pasó por casa de madame de Carignan y salió de París a las tres de la madrugada…” 


Bussy nos cuenta cuáles eran los cargos contra cada una: “La condesa de Soissons está acusada de haber envenenado a su marido; la marquesa de Alluye, a su cuñado Sourdis; la princesa de Tingry a bebés que había dado a luz; Madame de Bouillon a un valet que se había enterado de sus asuntos de alcoba.” 

Madame d’Alluye huyó a Flandes con Olimpia, mientras su marido se retiraba a Amboise. Pero bien fuera por falta de pruebas o por la indulgencia de la corte, que temía hallar demasiados culpables, Bénigne acabó por regresar a Francia, donde continuó su vida de intrigas hasta su muerte a edad muy avanzada en 1720. 

Su esposo era el hijo mayor del marqués de Sourdis, del que obtuvo el gobierno del Orleanesado. Según Saint-Simon, “estuvo aún más implicado que su esposa en el asunto de La Voisin. Vivieron exiliados mucho tiempo, y el marido, que murió sin hijos en 1690, nunca obtuvo permiso para ver al rey cuando regresó a París. Su mujer, amiga íntima de la condesa de Soissons y de las duquesas de Bouillon y Mazarino, pasó la vida entre intrigas galantes, y cuando su edad las excluyó para sí misma, se metió en las ajenas. El marqués d’Effiat… se había casado con una hermana de su esposo, de la que no había tenido hijos… Protegió a la marquesa de Alluye en la corte de Monsieur, con el que ella se llevaba muy bien… Fue una mujer que no era malvada, que no se implicó en otras intrigas que no fueran galantes, pero estas le gustaban tanto que fue hasta su muerte la confidente de los asuntos amorosos de París, y cada mañana los interesados le daban cuenta de ellas. Amaba la vida y el juego apasionadamente… Por la mañana, mientras conversaba con los galanes que le contaban las noticias de la villa, o las suyas, ella enviaba a buscar un trozo de pastel o jamón… Por la tarde iba a cenar y a jugar donde podía, volvía a las cuatro de la mañana y vivía así, gorda y fresca, sin ninguna enfermedad hasta que, con más de 80 años, murió tras una indisposición bastante corta.” 

Amboise

Péguilin coincidió con ella en Amboise después de abandonar la prisión de Pignerol, y ambos se lanzaron a una relación muy poco discreta. Mademoiselle de Montpensier cuenta en sus memorias que él nunca salía de casa de la marquesa de Alluye, por más que disimulara ecribiéndole a ella que en realidad “nunca la veía, porque le resultaba insoportable”. Mademoiselle estaba bien informada por otras fuentes: “Mucha gente de París, que tenían casas en aquella parte del país, lo veían constantemente con la marquesa. Se daba aires de gran galán con las mujeres”. La situación se prolongó hasta que finalmente el rey permitió a Péguilin el regreso. Le permitía vivir en París o donde quisiera con tal de que no apareciera por la corte. “Eso era un gran favor; pero temiendo que no se portaría bien, yo hubiera encontrado muy preferible que no volviera”. 

Cuando la marquesa regresó del exilio, no se recató a la hora de revelarle a Mademoiselle las alegres andanzas de Péguilin en Amboise: “La marquesa de Alluye vino a jugar a las cartas conmigo, y mientras jugábamos me habló mucho de Amboise y de las cosas que hacían: de las diversiones que tenían y de las excursiones; y dijo: “Ya es mucho para un cortesano como Monsieur de Lauzun que no se aburriera en una ciudad pequeña”. Yo dije: “Ya me contó todo eso, y hablábamos a menudo de vos”. Ella volvió a la carga: “¿Recordáis a Madame no-sé-cuántos (nombres que he olvidado)? Era muy guapa. Había algunas damas de París. Como les gustaba la moda, Monsieur de Lauzun vestía con mucha elegancia. Hacía maravillas: nos ofrecía almuerzos y mandaba traer joyas de Blois. ¿No fue muy gentil?”. Para entonces la paciencia de Mademoiselle había llegado al límite, pero, como era habitual en ella, se reservaba una última palabra. Él había llegado con el duque de la Force durante la conversación. Cuando la partida terminó, ambos caballeros se dispusieron a marcharse, pero en ese momento Mademoiselle le dijo a Péguilin: “Por cierto, id a contarle la escena de hoy a Mademoiselle de Fouquet, vos que nunca mentís”. 

Y es que el galán se había entretenido en la prisión de Pignerol seduciendo a la hija de Fouquet, Marie-Madeleine, cuando esta acudía a visitar a su padre. A su regreso a París se le veía frecuentemente visitar el hogar de los Fouquet y revolotear en torno a la dama.


27 comentarios:

  1. Ay, Madame, cada vez Olympia aparece me trae tan buenos recuerdos...iba a decirle que deberíamos recuperar aquellos tiempos y luego me acordé de que justo eso, tiempo, es lo que no tengo...

    En cuánto a la entrada, normal que la corte prefiriese hacer la vista gorda con tantos posibles (y peligrosos) implicados.

    Bisous

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    1. Yo también extraño aquellos tiempos, pero no sabe cómo la comprendo con lo del tiempo. Desde el pasado junio ando de cabeza. Por suerte he recuperado parte del tiempo que me estuvo faltando hasta finales de año, pero me las veo y me las deseo para mantener abiertos los dos blogs. Racionalmente debería cerrar este otra vez, pero me divierte tanto que, aunque sea de modo más espaciado, quiero seguir por aquí.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  2. Me encanta esto de los venenos. Parece ser que era la cotilla de turno. Si es que realmente la gente de la Corte se tenía que aburrir como una ostra. No había cine, ni televisión ni programas basura. Se las tenían que ingeniar con los líos de alcoba y los dime diretes. Algunas desde luego tuvieron más suerte que otras en el declive de su juventud.
    El tiempo escasea para todos y a veces yo también tengo tentaciones de decir adiós. Pero tengo tan buenos amigos...
    Bisous y espero que no ceda a la tentación.

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    1. Madame, yo no me aburriría nada en una corte que se divertía con comedias de Molière, tragedias de Racine, ópera, ballets, música de Lully, tertulias literarias en los salones, mascaradas, paseos en barca, meriendas campestres y demás delicias. Honestamente me hubiera divertido bastante.

      Resistiremos, madame! Aquí seguiremos al pie del cañón.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. Claro, claro..., y a mí también. De hecho, precisamente usted, condesa de Croissant y la condesa de Praliné fueron mis valedoras al llegar a París. No sabía yo entonces que era aquélla una corta tan "envenenada", pero en la que al fin logré desenvolverme bien y hacer amigos buenos.
    Beso su mano.

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    1. Ah, cierto, monsieur! Recuerdo aquel viaje a España, cuando la diplomacia salvó una situación muy delicada.

      Qué placer verlo tan pronto de regreso por aquí!

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  4. Vuelven otra vez los venenos haciendo honor al blog y hay que ver que marquesa tan cotilla, cualquiera le decia un secreto.
    alguna vez madame he leido algo de su otro blog y lo vel tambien muy interesante y me doy cuenta del trabajo que tiene llevarlos a los dos
    un saludo madame
    ruffinablanca

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    1. Muchas gracias, madame. Requiere su tiempo, sí, y no siempre lo tengo para todo. Por eso esta vez tardé más de una semana en actualizar este. Espero no tardar tanto en ofrecerles el próximo capítulo.

      Feliz tarde

      Bisous

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  5. Las comadres de mi barrio en comparación con Madame D`Alluye quedan a la altura de una homiguita. Que mujer peligrosa, entre los envenenamientos y su lengua larga, una mujer de gran cuidado.

    Y sobre Péguilin, debió ser un bello caradura.

    Un saludo Madame.

    mariarosa

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    1. Bueno, hay que tener en cuenta que en lo de los envenenamientos igual era inocente la pobre. Pero lo de la lengua, desde luego, tenía que ser mortal.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  6. ¡Hasta en la cárcel este hombre andaba seduciendo mujeres! Y ahora a la hija de Fouquet.
    Bisous

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    1. Sí, madame. Era como una manía, no lo podía remediar.

      Buenas noches

      Bisous

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  7. Este hombre no para, da igual que esté preso o en libertad ¡es increible!

    Bisous

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    1. Sí, a él con tal de que le dejen una a tiro, ya se las apaña, madame.

      Feliz día

      Bisous

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  8. Si mal no recuerda La Motte fue la dama mayor que iniciara al jovencísimo Luis en lo que luego sería su brillante carrera amorosa. Interesante la amplitud de criterios de la dama. Me la imagino analizando:"Si lo del rey es imposible , ¿por que no Peguelin que es tan atractivo? Y si me falla también esa, me quedo con Richeliu que al menos es riquísimo."bisous. Madame Claudette.

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    1. No, usted se refiere a Madame Beauvais, su primera experiencia. La Motte era jovencita. Fue su primer amorío, frustrado por Mazarino y la reina.

      Feliz día, madame

      Bisous

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    2. ahhhhhhh, gracias.

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  9. vaya gallo el señor peguilin. no deja títere con cabeza. me ha caído simpática la marquesa de alluye, un personaje despreocupado que por 'hociconear' por poco se la llevan por delante.
    que tenga buen miércoles, madame.

    bisous.

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    1. Ya vería usted lo simpática que le caía como se dedicara a despellejarlo a usted.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  10. Se me ha despertado una curiosidad: ¿la prisión en aquel entonces para la nobleza tenía las mismas pésimas condiciones que para el populacho? Me refiero a calabozos con grilletes, comida putrefacta... Me imagino que estarían en mejor situación, ¿no?

    Madame, su espacio es una maravilla y un ejemplo a seguir para el mío. No desista de él, aunque deba atenderlo más esporádicamente, le ruego no nos cierre las puertas de esta divertida y variopinta Corte.

    Por cierto, veo que ha cambiado la decoración.

    Bissous, Madame.

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    1. Pues verá usted, las condiciones en prisión dependían del nivel económico del prisionero. Podían comprar muebles, mandarlos tapizar, etc, si tenían dinero para ello. También podían pagar la comida que les gustase. Los que no disponían de medios comían a cuenta del Estado.
      Pero, y lamento decepcionarle, no solía ocurrir eso de los calabozos con grilletes excepto cuando estaban sometidos a proceso por crímenes especialmente graves y sometidos a tortura, hasta la resolución del mismo. Una vez dictada sentencia, o eran condenados a muerte, o lo eran a prisión, en cuyo caso ya no había calabozo con grilletes. Generalmente podían relacionarse con otros presos y recibir visitas.

      Mantendremos las puertas abiertas de momento, monsieur. A veces he tenido que cerrar, pero no por mucho tiempo cada vez.

      Espero que le guste la nueva decoración.

      Buenas noches

      Bisous

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  11. Tiempo Madame, si parece que nos falta a todos...Mire a la hora que vengo.

    El asunto de los venenos...Me ha dado una idea con un artículo que ha caido en mis manos ;D.

    Muchas intrigas y presuntos implicados...No sé porque se me antoja que la corte de Luis XIV no está en el pasado...

    Besos Madame. Más tarde partirá un mosquetero

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    1. Ay, monsieur, cómo le inspiran a usted los venenos, jijiji. Cada vez que me acuerdo...

      Las cortes actuales andan también bastante embrolladas, me parece, sí.

      Buenas noches

      Bisous

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  12. Una vida sin más preocupaciones que zascandilear de una a otra.Y era infatigable,a la vista de lo que nos cuenta.Desde luego,no pasaban apuros para salir adelante ni perdían el tiempo en ganarse la vida.De todas maneras, no era invidiable andar siempre a la zaga de la última intriga y esquivar los contratiempos que provocaron algunas de sus relaciones, inapropiadas, como se dice ahora.

    Bisous y buenas tardes.

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    1. No se crea que el caballero no tenía oficio ni beneficio: era militar, y se jugó la vida unas cuantas veces. Excepto los años que pasó en una prisión de alta seguridad, el resto del tiempo tuvo trabajo. Lo que pasa que nos proponemos pasar olímpicamente de las batallitas y descubrir otras cosas más íntimas del caballero.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  13. La marquesa era una intrigante en toda regla y además envenenadora cual Agripina. Y además su relación con el caballero Péguilin parece ser que traía cola y en esa corte de líos de faldas, muy gorda tenía que ser la cosa para que levantase polvo el asunto.
    Un beso

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    1. Bueno, no corramos tanto, jiji. Parece ser que lo de envenenadora no tenía muchos visos de verosimilitud. Ahora bien, intrigante sí que lo era. Pero, quién no lo es en esta corte, verdad? :)

      Buenas noches, madame

      Bisous

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