lunes, 31 de diciembre de 2012

PRUEBAS DE ADN AVALAN LA LEGITIMIDAD DE LUIS XIV

Luis XIV era definitivamente un Borbón

Terminamos este año con una noticia de especial relevancia para esta corte: un equipo de veinte científicos franco-españoles, bajo la dirección del doctor Philippe Charlier, patólogo forense del hospital Raymond Poincaré de París, han encontrado un perfil genético común entre la cabeza momificada de Enrique IV y sangre seca de su descendiente, el guillotinado Luis XVI. 

La confirmación del parentesco entre ambos por línea paterna parece cerrar al mismo tiempo la discusión acerca de la legitimidad de Luis XIV, puesta en ocasiones en tela de juicio. El hecho de que los genes de Enrique IV llegaran a Luis XVI implica que tuvieron que ser transmitidos por todos los monarcas anteriores, incluyendo al Rey Sol. El hallazgo, publicado en la revista Forensic Science International, confirma para Charlier "la veracidad del árbol genealógico entre Enrique IV y Luis XVI", y por tanto Luis XIV sería hijo de Luis XIII. 

La cabeza de Enrique IV desapareció en 1793, durante el llamado Régimen del Terror, cuando su tumba fue profanada, y reapareció en el siglo XIX en una colección privada. En 1919 fue adquirida por un anticuario, que a su vez la revendió a un matrimonio de jubilados. Estos la cedieron a la casa de Borbón. La cabeza fue autentificada en 2010 por un equipo de especialistas, al frente de los cuales se encontraba el propio Charlier; pero la autentificación se había hecho sobre la base de diversos estudios históricos, faltando aún el estudio de ADN que acaba de llevarse a cabo. En cuanto a la sangre de Luis XVI, se obtuvo de un pañuelo que había sido empapado en su sangre el día en que murió guillotinado y que permanecía en posesión de una familia de aristócratas italianos. 

Cabeza de Enrique IV

Cuando comenzamos a relatar la historia de la corte del Rey Sol, en el año 2009, dedicamos al tema un capítulo titulado “paternidad cuestionada”, en el que nos decantábamos por la legitimidad de Luis. Nos complace que el hallazgo avale en gran medida nuestra opinión. Al mismo tiempo, los seguidores de la serie de nuestros capítulos acerca de la Máscara de Hierro, observarán que el estudio del equipo de Charlier reduce las hipótesis. En concreto hace trizas la de Marie-Madeleine Mast, que atribuía la paternidad de Luis XIV a François de Cavoye, así como las de algún novelista, que seguían la misma línea. Deja también fuera del juego al candidato más propuesto como posible padre: el cardenal Mazarino. 

Pero hago notar que aún encuentran defensa a su teoría los partidarios de Beaufort, puesto que el duque, al fin y al cabo, era nieto de Enrique IV. 

Muchísimas gracias a la persona anónima que me dejó precisamente en uno de esos capítulos la noticia que apareció en el diario Le Parisien. Ha sido un hermoso detalle y una gran aportación.

Después de la fiesta continuaremos con las aventuras del marqués de Puyguilhem.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Feliz Año Nuevo


La Corte se viste de gala una vez más para celebrar la fiesta que dará la bienvenida al año nuevo, que, si mis cómputos son correctos, será el de 1663.

La mayoría de los invitados me han confirmado ya la asistencia a mi château. Contaremos con la reina Ana de Austria, el cardenal Mazarino, Philippe, Minette, Péguilin, Mademoiselle de Montpensier, Guiche y su hermana la Princesa de Mónaco, el marqués de Vardes, Olimpia Mancini, Luisa de la Vallière y, por supuesto, el Rey Sol. La comitiva vendrá escoltada por una compañía de mosqueteros al mando de Monsieur Charles de Castelmore, conde d'Artagnan.

No se pierdan la fiesta: Molière estrenará una obra para la ocasión. Aún estamos a tiempo de cursar más invitaciones si lo desean; no tienen más que sugerir algún nombre.

Y después de las celebraciones, continuaremos con las aventuras del marqués de Puyguilhem.

¡Feliz Año Nuevo a todos!

Diana de Méridor

martes, 25 de diciembre de 2012

Un joven prometedor


Péguilin se crió con los cuatro hijos del mariscal de Gramont como si fuera su hermano. Tenía cuatro años más que el mayor, Armand, conde de Guiche. Armand, compañero de juegos del rey, era muy apuesto, galante y valeroso en el combate, pero también era sumamente vanidoso y afectado, defectos que ensombrecían sus buenas cualidades. Sobre él nos ocupamos en su momento como amante de la desdichada Minette, primera esposa de Monsieur. 

El menor de los varones, conde de Louvigny, se convirtió en duque de Gramont a la muerte de su padre, y, de creer a Saint-Simon, era un ser cobarde y avaro, con un carácter un tanto apático. La mayor de las hijas del mariscal, Catherine-Charlotte, amó y fue amada por Péguilin. Catherine fue duquesa de Valentinois y posteriormente princesa de Mónaco, mientras que su hermana menor se casaba con el marqués de Raffetot e ingresaba en un convento al quedarse viuda. 

Según nos cuenta Mademoiselle de Montpensier en sus memorias, Péguilin solo iba a la escuela en invierno, porque cuando contaba unos 15 años ingresó en la academia militar y durante los veranos tomaba parte en campañas bélicas con los dragones, entre los que se distinguió desde tan temprana edad. No es de sorprender, por tanto, que su educación fuera un tanto deficiente. Se consideraba primordial su formación física: montar a caballo, disparar o manejar la espada eran más importantes que la aritmética o la gramática, aunque también aprendió historia y matemáticas. Y el chico, desde luego, estaba bien dotado para toda clase de ejercicio físico, lo que incluía la danza. Cuentan de él que incluso cuando era un anciano de 89 años montó un caballo que no había sido domado. 


Para situar al resto de los personajes en esta época en la que Péguilin llegaba a casa del mariscal, digamos que Luis XIV era un niño cinco años menor que él; Luisa de La Vallière, con solo tres, jugaba apaciblemente en Turena, ajena al destino que un día se abriría para ella; Madame de Montespan se educaba en un convento de Saintonge, y el otro gran personaje en esta historia, Mademoiselle de Montpensier, seis años mayor que Péguilin, iba ya por su quinto proyecto matrimonial y soñaba con casarse con el emperador. 

El hogar del mariscal era uno de los centros donde se reunía lo más brillante de la sociedad de su tiempo. Gramont era uno de los grandes seductores de la corte, y tanto Armand como Péguilin, criados en ese ambiente cortesano, supieron asimilar bien las lecciones y resultaron alumnos aventajados en materia de seducción. 

Fue precisamente Armand quien un día, andando el tiempo, iba a presentar a Péguilin en casa de una de las sobrinas del cardenal Mazarino: Olimpia Mancini, condesa de Soissons. El rey solía visitar ese hogar entre la rue Coquillère y la rue des Deux-Écus. Lo frecuentaba más de lo debido, puesto que por entonces mantenía una relación con Olimpia, y de ese modo llegó a trabar amistad con el joven gascón. Guiche, el marqués de Vardes y Puyguilhem fueron allí testigos de la pasión del joven rey; pero el asunto no duró mucho, porque a partir del otoño de 1658 los ojos de Luis ya no buscaban a otra que no fuera la hermana de Olimpia, María Mancini. 


Péguilin pronto comenzó a destacar por su ingenio, la seguridad que mostraba en sí mismo y su capacidad para hacerse estimar. Su temperamento era apasionado, orgulloso y también vengativo. Esto le hizo tirar por la borda grandes oportunidades, porque cuando aparecía ese rasgo de su carácter, desaparecía la diplomacia y el deseo de agradar. Pero el humor sombrío que le hacía a veces rehuir la compañía y los estallidos de rabia durante los cuales parecía casi un loco aún no habían aparecido en su juventud; fueron producto de la desesperación y la soledad durante los diez años que permaneció encerrado en Pignerol. En su adolescencia era muy alegre; trabajaba con inagotable energía, planeaba cosas, intrigaba y sentaba las bases sobre las que construiría su prometedora carrera. 

Nada escapaba a su perspicacia, y su rapidez y coraje parecían destinarlo a ocupar un puesto importante en el ejército, tal vez mariscal. Las crónicas están repletas de relatos que hablan de su valentía en el combate. En 1655 lo encontramos como capitán en el ejército de Gramont. El 23 de enero de 1658 era nombrado coronel de los dragones extranjeros del rey. 

El mariscal no era el único pariente poderoso de Antonin: su prima, la condesa viuda de Fleix, era dama de honor de la reina madre, y gozaba de gran consideración en la corte. Otro de sus familiares era el conde de Lude, primer gentilhombre de la cámara del rey y caballero de excelente reputación. Y Turenne, considerado el más grande de los generales franceses de su época, era primo hermano de su padre. Él solía escribir su nombre como “M. de Peguilain”, una variante más de Puyguilhem, el título que se le dio en la corte hasta que en 1669 el propio Antonin comenzó a utilizar el de su padre: Lauzun. 


Turenne nunca hizo nada deshonroso por favorecer de modo indebido a su pariente, pero tenía en alto concepto sus dotes militares. No dejó de elogiar su valentía en la batalla de las Dunas y durante el sitio de Dunkerque. Al final de la campaña relató a Mazarino el destacado papel que había tenido Péguilin. Ni siquiera hubiera sido necesario, porque el cardenal tenía sus propios motivos para estar agradecido al joven militar: dos meses antes, cuando Luis XIV se encontraba gravemente enfermo en Calais y se temía su muerte, Péguilin había avisado a Mazarino del plan urdido por sus enemigos para arrestarlo una hora después de morir el rey…


sábado, 22 de diciembre de 2012

Felices Fiestas


El palacio ya está listo para celebrar estas fiestas, aunque no encontrarán aquí árbol de navidad. Aún no forma parte de la decoración. De hecho habrá que esperar a 1738, cuando María Leczinska, la esposa de Luis XV, decida traer uno. 

Sean bienvenidos. Pero tengan cuidado: puede aparecer le Père Fouettard (algo así como “el padre látigo”), que además de traer carbón reparte azotes entre los que se han portado mal. Esperemos que no venga por la Corte, porque me temo que por aquí abundan las travesuras, y el molesto personaje iba a tener mucho trabajo.

Felices fiestas a todos. Regresaremos el día 26, una vez pasada la Navidad.


Diana de Méridor

sábado, 15 de diciembre de 2012

El Mariscal de Gramont

Antoine de Gramont

La familia de Péguilin se había arruinado. Dos de sus cuatro hermanas no tuvieron otra alternativa que el claustro, y las otras dos, al no tener dote, en palabras de Saint-Simon se casaron “como pudieron”. En cuanto a los varones, él era el tercero. El mayor murió durante la infancia; el segundo vivió en el campo hasta su muerte en 1677; el cuarto tuvo una vida gris como capitán de galeras, y murió soltero en 1692. El quinto, el Caballero de Lauzun, fue un hombre inteligente y valeroso, con algo de filósofo. Durante un tiempo sirvió en la Gendarmerie de la Garde y luego siguió al príncipe de Conti a Hungría, donde luchó en el bando del emperador. A su regreso a París protagonizó continuas peleas con Péguilin, quien prácticamente lo mantuvo hasta su muerte. 

La menor de sus hermanas casadas era Madame de Belsunce, cuyos hijos debieron su fortuna a nuestro marqués. La mayor, Diane-Charlotte, era la más parecida a él en el carácter, y siempre permaneció muy unida a su hermano. Llegó a ser dama de honor de la reina y en 1663 se casó con Armand de Bautru, conde de Nogent, que ganó el derecho a la mano de su enamorada tras dar muerte a otro de sus pretendientes durante el transcurso de una pelea. 

De los nueve hijos de Gabriel de Caumont, Péguilin era el más prometedor, y por eso fue el seleccionado por su poderoso pariente, el mariscal Antoine de Gramont. Antoine debía su fortuna al difunto cardenal Richelieu, que apreciaba enormemente su ingenio. El mariscal, por aquel entonces conde de Guiche, había sido condenado por Luis XIII al exilio por haber tomado parte en un duelo, y a su regreso un día fue a ver al cardenal. Para su sorpresa, lo encontró en camisa y dedicado a ejercitarse físicamente saltando contra la pared. Era una situación sumamente embarazosa, pero Antoine no se arredró, sino que se despojó de sus ropas hasta quedarse también en camisa. 

—Apuesto a que puedo saltar tan alto como Vuestra Eminencia — dijo, y procedió a intentarlo. 


Desde ese momento se convirtió en uno de los favoritos del cardenal, que en 1635 lo casó con una de sus sobrinas: Françoise-Marguerite du Plessis-Chivré. Fue una tripe boda en la que Richelieu casó al mismo tiempo a dos sobrinas más, una con el duque de Épernon y otra con el de Puylaurens; pero el único de los tres matrimonios que resultó un acierto fue el de Antoine. 

Durante la Fronda el mariscal se mantuvo leal a la reina y a Mazarino. Su lealtad era tan inconmovible que cuando la familia real huyó de París en 1649 Mazarino le confió a él la custodia de Luis XIV. 

En cuestiones políticas, en cambio, no era ninguna lumbrera. Aunque a juzgar por sus memorias parece que él mismo se consideraba un astuto diplomático, otros no comparten su opinión: el mariscal de Retz, por ejemplo, afirma que todo el mundo lo engañaba. Y es posible que el caballero fuera un poco ingenuo, tal como demuestra una anécdota recogida en una carta de Madame de Sévigné: 

“Un día Luis XIV le dijo: 

"—Señor mariscal, os ruego que leáis este pequeño madrigal y me digáis si alguna vez habéis visto semejante tontería. Porque ya sabéis que he comenzado a interesarme por la poesía, y me la traen de todas clases. 

"El mariscal, tras leerlo, dijo al rey: 

"—Vuestra Majestad todo lo juzga admirablemente; es cierto que se trata del madrigal más bobo y ridículo que jamás he leído. 

"El rey comenzó a reír y le dijo: 

"—¿No os parece que la persona que lo compuso es un mequetrefe? 

"—Sire, no se le podría dar otro nombre. 

"—Pues me encanta que me hayáis hablado con tal candidez —dijo el rey—: soy yo quien lo ha escrito. 

"—¡Ah, Sire, qué traición! Ruego a Vuestra Majestad que me lo devuelva. Lo leí demasiado deprisa. 

"—No, señor mariscal. Las primeras impresiones siempre son las mejores. 

"El rey se rió hasta más no poder con esta broma, pero todos piensan que fue una crueldad hacerle eso a un viejo cortesano.” 

Françoise-Marguerite du Plessis-Chivré

Antoine había dejado atrás su pasado como militar y vivía ahora entregado a los placeres de la corte. Cuando decidió hacerse cargo de Péguilin, hizo que se lo enviaran a París para ser educado junto con sus cuatro hijos, el mayor de los cuales fue Armand de Gramont, conde de Guiche, otro de los personajes más populares de nuestra corte. Y la hermana de Armand fue Catherine-Charlotte, princesa de Mónaco y protagonista de algunos divertidos episodios. Ella fue, además, el gran amor de Péguilin. 

Así un día de invierno de 1647, el mariscal vio entrar en su casa a un jovencito “delgado y de muy buena planta, con las piernas más hermosas del mundo, bellos ojos…”.


sábado, 8 de diciembre de 2012

El castillo de Lauzun


“Su vida es una novela; no, carece de verosimilitud. No vivió aventuras, sino que vivió hermosos sueños y vivió pesadillas. ¡Pero qué digo! La gente no soñaría siquiera lo que él ha vivido.” 

Así es como La Bruyère describe a Antonin Nompar de Caumont, Marqués de Puyguilhem, posteriormente conde de Lauzun y por último Duque de Lauzun; Conde de Saint-Fargeau, Capitán de la guardia del rey y Coronel General de Dragones. Pero para nosotros siempre será simplemente Puyguilhem. O Péguilin, que era como lo llamaban en la corte (recuerden que deben pronunciar “Peguilén”). 

El pequeño gascón, de cuerpo menudo y cabello pajizo, tenía una gran habilidad para derrotar a sus adversarios. Era astuto, valeroso, donjuanesco, y con algo de caballero andante. No es sorprendente que sirviera de inspiración a Alejandro Dumas para algunas de sus novelas, ni que Saint-Simon dijera de él que "es uno de esos prodigios de la fortuna, tan singular que despertó la curiosidad tanto en sus contemporáneos como en las generaciones posteriores”. 

Péguilin estuvo implicado en la mayor parte de los asuntos importantes de su época: fue amigo del rey, y también lo fue de Madame de Montespan antes de convertirse en su acérrimo enemigo; planeó y llevó a cabo la huida de Inglaterra de la reina María de Modena y el pequeño Príncipe de Gales, que después sería conocido como el Viejo Pretendiente de los jacobitas; fue capitán general de los ejércitos de Luis XIV en Irlanda; enamoró a la prima del rey y a buena parte de las mujeres de la Corte, y conoció al Hombre de la Máscara de Hierro en la prisión de Pignerol. 

Château de Lauzun

Nuestro marqués vino al mundo en la localidad de Lauzun, un pueblo de Aquitania situado al norte del inmenso valle del río Garona y dominado por un viejo castillo. La historia del castillo se remonta al siglo XIII, cuando el menor de los hermanos Caumont, Nompar I, se estableció allí. El hermano mayor, Bégon, permaneció en Caumont, a orillas del río, y fue origen de la rama familiar conocida desde el XVI con el nombre de La Force, mientras que Nompar originaba la rama de Lauzun. 

El castillo medieval, con su torre del homenaje, iba siendo reformado de siglo en siglo. Tras la Guerra de los Cien Años, una contienda en la que la población se distinguió por su resistencia a los ingleses y su lealtad a la Corona, la fortaleza perdió en parte su carácter defensivo y se convirtió en un lugar más habitable. Fue allí donde el 5 de agosto de 1565 Catalina de Médicis y su hijo Carlos IX apadrinaron en la ceremonia del bautismo a la nieta del señor de Lauzun. No muchos años después, el rey Enrique IV pernoctaba allí. Era entonces el castillo un hermoso edificio adornado con ventanas geminadas, y había una campana de plata que al sonar convocaba a los vasallos del conde. 

Era el hogar en que nació Antonin en mayo de 1633. Hacía tres años que su padre, Gabriel de Caumont, conde de Lauzun, había desposado en segundas nupcias a su prima Charlotte de Caumont La Force, hija del marqués de Castelnau, posteriormente duque de La Force. Aunque Gabriel había combatido a los calvinistas en los ejércitos del rey, Charlotte era, al igual que su padre, ferviente hugonote. 

Desde la paz de Montpellier, que reconocía a los calvinistas el libre ejercicio de su culto, el caballero residía en el castillo de Lauzun. Allí pasaba su tiempo ocupándose de su familia numerosa y llamando a los mejores artistas del reino para decorar las capillas. 

Jacques Nompar de Caumont, el legendario bisabuelo

Antonin (o Antoine) tuvo ocho hermanos. No le faltó compañía durante sus años de infancia, ni tampoco dejó de recibir con frecuencia la visita del abuelo La Force, de cuya boca boca salían relatos fascinantes; historias del bisabuelo de Péguilin durante aquella desdichada noche de San Bartolomé, cuando, siendo tan solo un niño, salvó la vida gracias a que el enemigo lo dio por muerto mientras yacía en la rue des Petits-Champs. Antonin debió de escuchar muchas veces cómo había luchado después junto e Enrique, a cuyo lado se encontraba aún cuando el rey fue asesinado por Ravaillac. Con el rostro surcado de arrugas, ojos de mirada enérgica y cabellera rizada, el bisabuelo se resistía a abandonar la vieja moda que había imperado en tiempos de Enrique IV, y llevaba aún el bigote y la barba a la antigua usanza. Rebelde en tiempos del duque de Luynes, había sido después leal a Richelieu, y se había convertido en una leyenda viviente. No tenía intención de morirse; no lo haría hasta después de haber cumplido 94 años, en 1652. 

Péguilin decidió pronto que él quería seguir los pasos del famoso bisabuelo, pero Gabriel cometió el error de seguir los de Condé durante la rebelión de la Fronda, debido a lo cual cayó en desgracia. Con una familia tan numerosa, le iba a ser difícil acomodar a toda su descendencia. La muerte le arrebató pronto al primogénito, y el segundo de sus hijos, protestante como la madre, apenas abandonada el castillo, contento ante las perspectivas de heredar la totalidad de las posesiones de su padre. 

Era costumbre que los miembros más jóvenes de la familia tuvieran que partir en busca de fortuna, y ese fue el caso de Antonin. El mariscal de Gramont, primo de Gabriel, se comprometió a facilitarle la entrada en la corte y ocuparse de su porvenir. Péguilin tenía 14 años, pero apenas representaba 12…