martes, 6 de noviembre de 2012

El hombre tras la máscara


Por las mismas fechas en las que Eustache Dauger era apresado en Calais, un misterioso personaje desaparecía de París. Se trataba de alguien íntimamente relacionado con el asunto de los venenos y los ritos satánicos, una especie de curandero que se hacía llamar Cirujano Auger

Auger, que formaba parte de la organización de misas negras, fue finalmente denunciado por sus cómplices. Además se sospecha que estaba en contacto con conspiradores, sirviendo de enlace entre Francia y el extranjero. Y, por supuesto, había ejecutado toda clase de trabajos sucios para encumbrados personajes de la corte. 

Cuando Maurice Duvivier propuso su teoría de que Eustache Dauger era en realidad Eustache Ogier de Cavoye, compañero de la infancia del rey, lo hizo convencido de que Cavoye y el cirujano Auger eran la misma persona, y que el cortesano llevaba una especie de doble vida: supuso que, al verse privado de ingresos y de todo apoyo familiar, se habría introducido en el lucrativo negocio de la venta de venenos, un mundillo en el que se habría hecho popular con el nombre de Cirujano Auger. Recuerden que Ogier y Auger tienen la misma pronunciación, e igual ocurre con Dauger, d’Auger y d’Ogier. Recuerden, también, que en aquel tiempo aún no se habían fijado las reglas ortográficas, y un mismo apellido suele ofrecer variantes. 

Parece que Duvivier mezcló dos personas diferentes en una sola. Cavoye, a pesar de una larga serie de coincidencias, a veces verdaderamente asombrosas, estuvo encerrado en otro lugar y falleció mucho antes que nuestro enmascarado. Eso lo descarta a él, aunque no a Auger. 

Plano de la Bastilla

Habíamos visto cómo estos individuos relacionados con la trama de los venenos buscaban frecuentemente colocarse al servicio de damas y caballeros de la corte, para así estar bien relacionados y procurarse una clientela selecta y dispuesta a pagar bien. No sería imposible, pues, que Auger hubiese trabajado como valet para alguna clase de importante personaje que apreciaría sus habilidades para curar ciertas afecciones a base de remedios de su cosecha. 

Recordemos que el hombre que buscamos tenía un sorprendente conocimiento acerca del manejo de drogas: “Decidme cómo es posible que Dauger haya hecho lo que me contáis y cómo consiguió las drogas necesarias, pues doy por hecho que vos no se las habéis proporcionado”. 

Esto es un dato que no podemos ignorar. No era precisamente habitual que un ciudadano cualquiera tuviera esos conocimientos y se desenvolviera con tal soltura incluso encerrado en prisión. No a menos que hubiera pertenecido a ese mundo. Saber qué drogas se precisan para lo que sea, poder conseguirlas y saber manejarlas y mezclarlas presupone unos conocimientos de medicina o cierta experiencia con los venenos. Todo lo cual encaja como un guante con alguien al que llaman “Cirujano Auger”. 

El secreto del que estaba en posesión guardaba relación con “lo que hacía antes de entrar en Pignerol”, una actividad que nunca se menciona expresamente. Podría referirse a haber estado al servicio de un personaje demasiado relevante y al que no le gustaría ver su nombre relacionado con el prisionero, o a haber hecho algún trabajo sucio para él, proporcionándole un veneno o de cualquier otra forma. O tal vez Auger descubrió algo de enorme importancia mientras trabajaba como valet y trató de obtener beneficio de ello. 

La Bastilla

En cualquier caso, hay una razón por la que resulta difícil encajar con esta trama la idea de que el secreto estuviera directamente relacionado con la persona de Luis XIV. Por una parte la información debe guardarse tan celosamente que Dauger no podía comunicarse con nadie. Cuando se supo que había hecho partícipe del secreto a La Rivière, este fue también incomunicado de por vida y ya nunca pudo quedar en libertad. Fouquet conoció el secreto, pero eso no importaba, porque se sabía desde un principio que no sería liberado. El marqués de Puyguilhem también llegó a ser informado: “El rey ha sabido, por la carta que me enviasteis el 23 del mes pasado, la muerte de Monsieur Fouquet, así como la opinión que os habéis formado acerca de que Monsieur de Puyguilhem está enterado de la mayor parte de las cosas de importancia de las que Monsieur Fouquet tenía conocimiento, y que el llamado La Rivière tampoco las ignora”. Pero, y aquí está la aparente incongruencia, parece que Louvois considera eso es solo un contratiempo enojoso, molesto y muy inconveniente, pero que no impide la puesta en libertad del marqués. Es de notar, además, que Louvois habla de “cosas de importancia”, en plural, por lo que Dauger parece estar en posesión de más de un secreto. 

Es decir, ¿Luis tomaría tan exageradas precauciones para proteger su secreto y luego dejaría en libertad a quien más deseoso estaría de propalarlo? Puyguilhem había sido encarcelado injustamente, tan solo por pretender casarse con la prima del rey y tras un brusco cambio de opinión de Luis, que en un principio había autorizado la boda. Era de esperar que guardara resentimiento y albergara sed de venganza. El imprevisible, indomable y osado marqués no era de los que se quedaban quietos y callados, y ya le había jugado alguna mala pasada al rey con menos motivos (recordemos el famoso episodio del armario). Ponerlo en libertad y esperar que no terminara por divulgar algo que perjudicaría directamente a la persona del monarca era como jugar a la ruleta rusa con cinco balas en la recámara, y al mismo tiempo casa mal con las excesivas medidas de seguridad que se tomaban por otro lado. 

Sin embargo Puyguilhem nunca habló. Ni siquiera después de fallecer el rey, a quien sobrevivió ocho años. Tampoco en unas memorias, cartas o documento para ser publicado tras su propia muerte. Parece que el secreto no serviría a sus propósitos. Tenía que tratarse de algo que Luis estaba completamente seguro de que él no revelaría, puesto que en este asunto no parece que se dejase nada al azar. Tal vez la información se refería a alguien a quien el marqués nunca dañaría 


Hay muchas cosas capaces de inquietar gravemente al poder, asuntos susceptibles de debilitarlo o contribuir a su caída. Si logramos alejar de nuestra mente por un momento las clásicas ideas preconcebidas, veremos que las posibilidades son casi infinitas. Por ejemplo, imaginen que en tiempos de la reina Victoria un servidor hubiera descubierto que Jack el Destripador era un miembro de la familia real. ¿No creen que se lo hubiera hecho desaparecer de algún modo? Pues igualmente si alguien del entorno de Luis XIV había matado o intentado matar a alguien, se trataría de proteger el secreto a toda costa. ¿Y si el secreto tuviese algo que ver con el misterio de la Monja Negra, que vimos aquí en su momento? ¿Y si ese valet hubiera hallado pruebas de que existió un vergonzoso matrimonio entre Ana de Austria y el cardenal Mazarino? Es sorprendente lo que alguien que se mueve en el entorno doméstico puede llegar a conocer, como demuestra este párrafo de una carta que Henri de Grave, al servicio de Monsieur, escribe a Fouquet: 

“Hace poco el rey le ha dicho que el cardenal, al morir, le dijo, hablando contra la propia Ana de Austria, que ella jamás podría estar sin un hombre, que tuviera cuidado con ella, y que seguramente haría un matrimonio de conciencia con alguien.” 

Y así podríamos seguir haciendo docenas de propuestas. 

Puyguilhem conoció a Eustache Dauger. Durante años vio su rostro en Pignerol, pues por entonces Dauger aún no llevaba máscara. El marqués seguramente nunca llegó a saber que el hombre que servía a Fouquet en prisión pronto se convertiría en la legendaria Máscara de Hierro. 

Nuestro marqués tiene la clave de todo. Conoció al hombre y conoció el secreto que guardaba. ¿Es posible que nunca hablase con sus amigos, con su esposa, con sus parientes, de aquellos años pasados en prisión? ¿Nunca recordaría en sus conversaciones a aquel Dauger y las cosas que le había contado? Resulta difícil de creer. Seguramente en la intimidad habló muchas veces de aquellos tiempos, y tal vez algo ha quedado registrado en las memorias de algún amigo, o en su correspondencia. Algo que no hayamos relacionado hasta ahora y de cuyo hilo podamos tirar. Estoy convencida de que el marqués es la línea a seguir en la investigación de este enigma aún por resolver en muchos puntos. 

Y ya que hablamos de Puyguilhem, ¿qué les parece si pasamos a ocuparnos de él? El próximo día abordaremos el relato de su vida. Aunque antes me tomaré un pequeño descanso.