domingo, 30 de septiembre de 2012

Resumen de las investigaciones


En julio de 1669 el comandante de la guarnición de Dunkerque recibe orden de arrestar en Calais a un tal Eustache Dauger, cuyo delito no se menciona. El arresto no se lleva a cabo en secreto, pero el prisionero no es interrogado ni procesado, sino conducido directamente a la fortaleza de Pignerol, en el Piamonte. Su traslado se efectúa como el de cualquier otro preso. No hay instrucciones especiales al respecto ni se oculta su identidad de ningún modo. 

Una vez en Pignerol, el carcelero Saint-Mars recibe órdenes de no escuchar lo que el prisionero quiera decirle, así como de impedir que cualquier otra persona lo escuche. Dauger no debe comunicarse con nadie, de viva voz ni por escrito. Siguen sin ocultar su identidad, pues en todas las cartas del ministro Louvois aparece como Eustache Dauger. En ningún momento se cursan instrucciones dirigidas a evitar que sea visto, pero sí hay una insistencia en que no sea oído. 

Recibe el trato de cualquier servidor, y de hecho por un tiempo sirve como valet a Fouquet. El marqués de Puyguilhem coincidió con Dauger durante su estancia en prisión. Él tuvo conocimiento del secreto que guardaba el prisionero. 

En abril de 1680, casi once años después de su llegada a Pignerol, Saint-Mars recibe instrucciones de hacer creer que el prisionero ha sido liberado. Para ello el carcelero debe sacarlo de su celda y mudarlo a una situada en otra de las torres. Una vez allí instalado, se simula que se trata de otro preso. Para que no se descubra el engaño, se hace preciso ocultar su rostro tras una máscara, de modo que no sea reconocido al cruzar el patio, al ser trasladado o en cualquier otra circunstancia en la que pueda encontrarse con centinelas, con otros prisioneros o con cualquier persona que hubiera visto a Dauger anteriormente. 

A partir de ese momento, y como es lógico, el nombre de Eustache Dauger jamás volverá a ser mencionado. En adelante Saint-Mars se referirá al prisionero como “Monsieur de la tour d’en bas” (el señor de la torre de abajo). 


El historiador Maurice Duvivier creyó que Eustache Dauger era en realidad Eustache Ogier de Cavoye, antiguo compañero de infancia del rey y hermano del marqués de Cavoye. Sin embargo, posteriormente a la publicación de su valiosa obra, se descubrieron documentos que acreditan que el hermano del marqués estuvo encerrado en Saint-Lazare por los mismos años en los que Dauger se encontraba en Pignerol. Parece, pues, que no se trataba del mismo hombre, y que debemos seguir buscando a Eustache Dauger. 

Existe otra propuesta para averiguar su identidad, y parte de la base de que no fuera ese su nombre verdadero. Examinaremos dicha posibilidad y viajaremos, en esta ocasión, en busca de Martin.


Muchas gracias, Katy

Como ustedes saben, esta corte cuenta con una sección especial para depositar los regalos que recibimos de amigos como mi querida Katy, de Pasitos Cortos, que siempre tiene algún detalle cariñoso con esta dama. Así ha sido en esta ocasión, en la que me hace entrega del Versatile Blogger Award. Pero quién sabe por qué no logro colocarlo en la vitrina, así que he decidido mostrarlo aquí, al lado del Hombre de la Máscara de Hierro.

Muchísimas gracias, Katy, por acordarse siempre de esta corte.


sábado, 22 de septiembre de 2012

El prisionero de Saint-Lazare


Tenemos dos prisioneros con el mismo nombre: Esutache Dauger. Bien, no resulta extraño encontrar en Francia dos hombres que se llaman igual, desde luego. Tampoco lo es que ambos estén en prisión al mismo tiempo, ni que fueran apresados en fechas parecidas. Ni lo es el hecho de que, según hemos podido colegir, sus edades sean, como poco, bastante aproximadas. Pero que uno de ellos sea el misterioso prisionero enmascarado y el otro un compañero de infancia de Luis XIV, y hermano del mejor amigo del monarca, obliga a pensar que a veces el azar tiene muy buena puntería. 

La tentación de reducir los dos a uno solo es irresistible, pero nuestro intento toparía con todos los obstáculos del mundo. 

Comparando las instrucciones relativas al prisionero de Saint-Lazare (Eustache Ogier de Cavoye) con las que se refieren al encerrado en Pignerol (nuestro Eustache Dauger), se aprecian algunas diferencias que resultan significativas: vimos el último día que el rey se dirige al primero llamándolo Monsieur de Cavoye, un apellido mucho más aristocrático que Ogier o Dauger. Si lo llamaban Cavoye, y no Dauger, parece lógico suponer que el prisionero de Pignerol y el de Saint-Lazare son dos personas diferentes. 

Observamos, además, que las condiciones de ambos en prisión eran muy distintas: Cavoye podía recibir visitas y comunicarse con el exterior. Incluso podía dirigirse al rey. Es al cabo de diez años cuando Luis XIV imparte las curiosas instrucciones acerca de colocar siempre un testigo cuando Cavoye se entreviste con alguien. Pero ni siquiera entonces prohíbe la comunicación. Da la impresión de que el rey simplemente quiere estar informado sobre las conversaciones. La razón podría ser aquella carta que el prisionero envió a su hermana. En ella denunciaba haber sido engañado por su hermano el marqués y por su cuñado en el acuerdo al que habían llegado respecto a la percepción de una compensación económica a cambio de su renuncia a la herencia de su padre. 


No parece posible que Saint-Lazare fuera una tapadera, y que se fingía que Cavoye se encontraba allí prisionero mientras en realidad había sido conducido a Pignerol. Cavoye no estaba incomunicado, y por tanto su presencia en Saint-Lazare era fácil de constatar. 

Tampoco parece posible una sustitución de un prisionero por otro en ningún momento. Revisando las fechas, recordamos que Dauger había sido apresado en 1669. Y en 1678 Cavoye escribía aquella carta a su hermana, en la que menciona que lleva diez años prisionero. Eso nos da el año 1668 como fecha de su ingreso en Saint-Lazare, pero también podría ser 1669. Hay que tener en cuenta que tendemos a redondear las cifras, y que es normal convertir nueve años en diez cuando el sujeto trata de victimizarse y exagerar su infortunio. Pero a partir de ahí sus caminos se separan. 

Si Dauger hubiera surgido al desaparecer Cavoye, podríamos tomar en consideración la hipótesis de que se trataba del mismo hombre. Por el contrario, tenemos dos prisioneros que van a parar a lugares muy distantes por la misma época. 

Por último, conviene recordar que las instrucciones del rey para que siempre hubiera alguien de confianza presente durante las entrevistas de Cavoye, llevaban la firma de Colbert, mientras que toda comunicación relativa a Dauger corría a cargo de Louvois, el principal enemigo de Colbert. En principio no casa bien tenerlos a ambos trabajando codo con codo en un mismo secreto. Si Cavoye y Dauger formasen parte de una misma trama, habría sido más lógico, eficaz y seguro que fuera el propio Louvois quien se ocupara también del prisionero de Saint-Lazare. 

Entonces, si Dauger no era Cavoye… ¿Quién diantres era Dauger?

Cuando un prisionero entraba en la Bastilla se redactaba un acta de ingreso. Esta que les muestro, fechada el jueves 18 de septiembre de 1698, es la que corresponde al Hombre de la Máscara de Hierro. He subrayado las líneas donde dice que el gobernador Saint-Mars siempre le hace llevar una máscara.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Cabos sueltos


“Si hallas un camino sin obstáculos, desconfía. Lo probable es que no conduzca a ninguna parte”. 
(Constancio Vigil) 


Antes de continuar adentrándonos en el enigma de la máscara de hierro, haremos un alto para repasar los avances que hemos hecho hasta ahora, y revisaremos qué es lo que a la luz de la documentación oficial puede considerarse demostrado y lo que no. 

1- Nos consta que hubo un enmascarado. 

2- Nos consta que la máscara no era de hierro, sino de terciopelo. 

3- Nos consta que el hombre de la máscara era Eustache Dauger. No nos consta que dicho Eustache Dauger y el hermano del marqués de Cavoye sean una misma persona. Eso sigue siendo una hipótesis, ya que podría tratarse de una simple coincidencia en el nombre. 

4- No tenemos constancia del motivo exacto por el que fue encarcelado, pero sí sabemos que era algún tipo de secreto en cuya posesión había entrado el prisionero durante el desempeño de cierta actividad poco confesable. Basándose en esto, y sin descartar cualquier otra opción lógica que se pueda proponer, hemos reducido a dos el abanico de posibilidades: 

a) Espionaje. 

b) El asunto de los venenos. 

5- Nos consta que en 1680 se hizo preciso ocultar la identidad y el rostro de Eustache Dauger para intentar hacer creer que había sido puesto en libertad. 


Hasta ahora hemos visto de qué manera encajaría con la historia el Eustache Dauger que encontró el historiador Maurice Duvivier. Pero ha llegado el momento de examinar los cabos sueltos, los obstáculos, aquellas piezas que no terminan de encajar. 

El 31 de agosto de 1669, Saint-Mars comenta en una carta que aunque no ha hablado con nadie ni una palabra acerca del prisionero, había mucha gente en la fortaleza que creía que se trataba de un mariscal de Francia. Por tanto, bien pudiera ser que el apellido Dauger hubiera comenzado a correr de boca en boca, e inmediatamente se relacionó con Louis, el hermano menor de Eustache, Gran Mariscal de la Casa del Rey desde hacía dos años. Además precisamente Louis había estado en prisión por las mismas fechas a causa de haber desafiado el edicto que prohibía los duelos en suelo francés. 

Es natural que todo el mundo asociara el apellido Dauger al personaje más famoso entre cuantos lo llevaban, pero eso no significa que el Eustache que buscamos tuviera que ser en realidad un miembro de esa familia, a menos que antes seamos capaces de resolver algunos puntos. 

En primer lugar, cuando el prisionero llega a Pignerol, Louvois escribía: “Haced preparar los muebles necesarios, teniendo en cuenta que solo se trata de un servidor, por lo cual los gastos no han de ser considerables, y se os reembolsarán tanto los que hagáis en el mobiliario como los que estiméis adecuados para su alimentación.” 

En cualquier caso, las instrucciones acerca de proporcionarle libros, así como la preocupación por lograr que el prisionero “no pueda dar información a nadie de viva voz ni por escrito”, indican que se trataba de alguien que sabía leer y escribir, algo poco común para un simple valet en una época en la que la mayoría de la población era analfabeta. Si se trataba de un servidor, no era, desde luego, alguien cuya misión fuera limpiarle las botas a su señor o atenderlo a la mesa. Su labor podría ser más bien la de secretario de algún príncipe o gran señor. ¿Podría tratarse realmente de nuestro Dauger? ¿Habría entrado al servicio de algún personaje importante al quedarse en la ruina y sin ayuda familiar? 



En el caso de un aristócrata o persona acomodada, cuando ingresaba en prisión era su familia quien se hacía cargo de los gastos, pudiendo así contar con algunos lujos y comodidades extra. Cuando el prisionero, en cambio, no disponía de medios, el Estado hacía el desembolso. El hermano del marqués de Cavoye pertenecía a este segundo grupo: había sido desheredado; su familia había renegado de él y no podía contar con que sufragaran ahora sus gastos. No era un alto personaje, no gozaba de privilegios y se veía reducido a la misma condición de cualquier valet. Louvois habría mencionado que lo era, fuese cierto o no, simplemente para que Saint-Mars no se excediese en el gasto y pudiese calcular correctamente, ya que pagaba el Estado. 

Al mismo tiempo, vuelvo a incidir en la importancia de esta carta, que hace trizas la leyenda de que el prisionero recibía un trato especial y principesco. 

El asunto del valet no resulta un obstáculo imposible de salvar, pero contamos con otro dato mucho más desconcertante, y que puede parecer incontestable: se ha hallado documentación que apunta a que Eustache Dauger de Cavoye falleció en realidad en la prisión parisina de Saint-Lazare, una especie de asilo dirigido por sacerdotes en el que muchas familias solían encerrar a sus “ovejas negras”. 

Según esta información, Dauger habría sido encerrado allí mediante una lettre de cachet a petición de su propia familia. Las evidencias incluyen una carta dirigida a su hermana la marquesa de Fabrègues, con fecha del 20 de junio de 1678 en la que Eustache se queja del trato que recibe en la prisión, donde ha permanecido durante 10 años. Un año después escribía al rey planteándole las mismas quejas y pidiendo su libertad. Curiosamente la respuesta fue una carta firmada por Luis XIV y por Colbert, dirigida al director de la institución. En ella se decía que “Monsieur de Cavoye no debería mantener comunicación con nadie, ni siquiera con su hermana, si no es en vuestra presencia o en la de uno de los sacerdotes de la Misión”. 


Parece que Eustache Dauger de Cavoye falleció a finales de la década de 1680, o eso se deduce de un manuscrito de las obras inéditas del memorialista conde de Brienne, en el que se menciona que Dauger fue encerrado en el hospital de Saint-Lazare y que murió allí de una apoplejía “por haber bebido sin moderación”. 

¡Oh, qué disgusto! Ahora que ya casi teníamos a Eustache Dauger. Era todo perfecto y de pronto aparecen estos documentos que nos lo desbaratan todo. ¿O no? Bueno, parece que vamos a tener que darle un par de vueltas más a esto. ¿No es terrible?

Continuamos...


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Eustache Dauger y el Marqués de Puyguilhem


Aparecía en escena el marqués de Puyguilhem, alguien que conoce a Eustache Dauger: al igual que el hermano de Eustache, Puyguilhem, cuya presencia había sido habitual en la corte, fue otro de los mejores amigos del rey hasta que incurrió en su desagrado al concebir el osado el proyecto de desposar a Mademoiselle de Montpensier. Y mucho más que eso: recordemos que Puyguilhem era el enemigo número uno de Madame de Montespan, la instigadora de su propio encarcelamiento. 

A comienzos de 1672 Saint-Mars tiene dificultades para encontrarle un valet, por lo que el 20 de febrero hace la siguiente propuesta a Louvois: 

“Es tan difícil encontrar aquí servidores que quieran encerrarse con mis prisioneros que me permito la libertad de proponeros uno: ese prisionero que está en la torre… sería, me parece, un buen valet. No creo que le diga nada a Monsieur de Puyguilhem después de que yo se lo haya prohibido. Estoy seguro de que tampoco le comunicaría ninguna noticia…” 

Louvois rechaza tajantemente la propuesta de colocar a Dauger junto al marqués. Sin embargo tres años más tarde, cuando a Fouquet se le muere uno de sus servidores, el ministro autoriza que le sirva Dauger junto con el otro valet que quedaba con vida, aún con la condición de que no viera jamás al marqués de Puyguilhem, como refleja la carta del 30 de enero de 1675: 

“He recibido vuestra carta del 19 de este mes y he rendido cuenta al rey de lo que contiene. Su Majestad aprueba que deis por valet a Monsieur Fouquet, al prisionero que os ha llevado Monsieur de Vauroy; pero debéis absteneros de ponerlo en contacto con Monsieur de Puyguilhem bajo ninguna circunstancia, ni con ningún otro que no sea Monsieur Fouquet. Es decir, que podéis concederle dicho prisionero a Monsieur de Fouquet solo cuando no pueda asistirle su valet.” 


Observamos que se menciona a Puyguilhem de modo específico, como si la posibilidad de que Dauger hable con él sea aún más inconveniente que si se entrevista con cualquier otro prisionero. 

Pero es que Louvois aún insiste en el tema, según vemos en su mensaje del 11 de marzo: 

“He recibido vuestra carta del pasado 26. Si podéis encontrar un valet adecuado para servir a Monsieur de Puyguilhem, podéis dárselo; pero es preciso que bajo ninguna circunstancia ni por ningún motivo le deis al prisionero que os ha llevado Monsieur de Vauroy, que no debe servir más que a monsieur Fouquet en caso de necesidad, como ya os lo he mandado.” 

¿Termina ahí la obsesión de Louvois? Ni mucho menos. El 20 de enero de 1679 retoma el asunto con desconcertante insistencia: 

Siempre que Monsieur Fouquet baje a la cámara de Monsieur de Puyguilhem, o que Monsieur de Puyguilhem suba a la cámara de Monsieur Fouquet, o cualquier otro, Monsieur de Saint-Mars tomará la precaución de retirar al llamado Eustache, y no volverá a dejarlo en la cámara de Monsieur Fouquet hasta que no se encuentren en ella más que él y su antiguo valet… 

Tal es la voluntad de Su Majestad. 


De nuevo aparece específicamente el nombre del marqués. Y aún hay más, algo sumamente inquietante, un dato que aparece en una carta del 8 de abril de 1680 y que resulta una de las piezas fundamentales para avanzar en este enigma: 

“El rey ha sabido, por la carta que me enviasteis el 23 del mes pasado, la muerte de Monsieur Fouquet, así como la opinión que os habéis formado acerca de que Monsieur de Puyguilhem está enterado de la mayor parte de las cosas de importancia de las que Monsieur Fouquet tenía conocimiento, y que el llamado La Rivière tampoco las ignora. Por ello Su Majestad me manda comunicaros… que persuadáis a Monsieur de Puyguilhem de que los llamados Eustache Dauger y dicho La Rivière han sido puestos en libertad, y que así se lo digáis a todo aquel que os pida noticias suyas; que no obstante los encerraréis a ambos en una habitación en la que podréis responder ante Su Majestad de que no tendrán comunicación con nadie, ni de viva voz ni por escrito, y que Monsieur de Puyguilhem no podrá enterarse de que están encerrados allí.” 

La carta ha sido objeto de intenso análisis. Por mucho que se estudie a Luis XIV, hay ocasiones en las que no resulta fácil bucear en su mente, y esta es una de ellas. Buscando un motivo por el cual el rey querría convencer al marqués de que ambos prisioneros habían sido puestos en libertad, se ha propuesto como lo más lógico que trataba de restar importancia a las revelaciones que Dauger hubiera podido hacer. Si lo liberaba, entonces es que seguramente todo lo que había contado era una patraña sin ningún valor. 

Saint-Mars, en efecto, trasladó a los prisioneros a otro lugar de la fortaleza, pero hubo de ocultar sus rostros tras una máscara para impedir que se descubriera el engaño. Es decir, en un principio habría probablemente dos enmascarados, pero La Rivière muere pronto, y cuando Saint-Mars acude a ocupar su nuevo destino en Sainte-Marguerite, tan solo le acompaña uno, que es justamente Dauger, aquel al que se refieren los testimonios de la gente de la isla. Nadie, ni los soldados que lo escoltaban ni ningún otro prisionero con el que pudiera coincidir, debía saber que en realidad Eustache Dauger nunca había sido puesto en libertad. 


Y así como Fouquet obtuvo mayores comodidades y pudo recibir visitas a cambio de mantener informado al ministro acerca de las cosas que Dauger hablaba, también fue tramada toda esta cortina de humo con el objetivo de engañar a Antoine Nompar de Caumont, marqués de Puyguilhem. La otra alternativa era encerrar también a Antoine de por vida, pero eso estaba descartado. Desde un principio existía la intención de ponerlo en libertad tan pronto como las circunstancias lo permitieran, o, para ser más precisos, los intereses de la marquesa de Montespan. 

Athénaïs pensaba extraer pingües beneficios de la prisión de Puyguilhem: era su intención alcanzar un trato con Mademoiselle de Montpensier, que no tenía descendencia. La idea era que Mademoiselle nombrara heredero al duque de Maine, hijo de la marquesa de Montespan y Luis XIV. Tan pronto como lo consiguiera, Athénaïs se ocuparía de que Antoine quedara en libertad. En efecto, fracasado todo otro intento de lograr la liberación de su amado, Mademoiselle cedió finalmente y pudo así reunirse con él. 

La insistencia de Louvois al tratar de apartar de Dauger al marqués podría deberse a que Puyguilhem era el único de los prisioneros de Pignerol que iba a ser liberado tarde o temprano, pero también podría ser causa del nerviosismo del ministro el hecho de que el secreto de Dauger estuviera relacionado con Madame de Montespan. Louvois tal vez temió que la información fuera depositada precisamente en manos del mayor enemigo de la marquesa. 


Sin embargo, si Athénaïs tenía algo que ver con el secreto, ¿osaría cerrar el trato y se arriesgaría a dejar al marqués en libertad después de que este hubiera estado en contacto con Dauger? Bien, eso depende del peso de su ambición, que era mucho. Pero la maniobra parece arriesgada. Incluso me inclino a creer que el rey nunca hubiera enviado al enemigo de la Montespan a la misma prisión en la que se encontraba Dauger si es que era realmente a ella a quien deseaba proteger. 

Y ahora el relato está a punto para recibir un golpe de efecto, una de esas sorpresas que nos asaltan en esta misteriosa senda.


domingo, 2 de septiembre de 2012

El secreto de Eustache Dauger (III)


Recopilando datos a partir de la correspondencia oficial, recordamos que el 19 de julio de 1669 el ministro Louvois escribía a Saint-Mars, gobernador de la fortaleza de Pignerol, una carta para comunicarle que le enviaba “al llamado Eustache Dauger”, y que era de la máxima importancia “que sea custodiado con grandes medidas de seguridad y que no pueda dar información a nadie”. Las puertas debían estar bien cerradas “para que los centinelas no puedan escuchar nada”. El propio gobernador debía llevarle “a ese miserable, una vez al día, el sustento para toda la jornada”. Además, tampoco Saint-Mars podía escuchar lo que tenía que decir el prisionero: “Lo amenazaréis con matarlo si alguna vez abre la boca para hablaros de otra cosa que no sean sus necesidades”. 

El propio Luis XIV escribe a Saint-Mars el 28 de julio: 

“… Cuando dicho capitán de Vauroy llegue a mi ciudadela de Pignerol con el prisionero, vos lo recibiréis y lo custodiaréis bien, impidiendo que se comunique con cualquiera de viva voz o por escrito”. 

No hay ni una sola palabra que haga alusión a que nadie debe ver al prisionero, ni se menciona que se le debe cubrir con una máscara. La única obsesión de Louvois y del rey era que no fuera escuchado. Parece, pues, que no le inquieta que ninguna de las personas de Pignerol puedan reconocerle. 

El 21 de agosto Saint-Mars confirma que “Monsieur de Vauroy ha dejado en mis manos al llamado Eustache Dauger. Lo puse de inmediato en un lugar bien seguro, a la espera de que el calabozo que he dispuesto para él esté preparado… Le he dicho en presencia de Monsieur de Vauroy que si me hablaba de otra cosa que no fueran sus necesidades, le atravesaría el vientre con mi espada…” 


El 10 de septiembre Louvois escribe a Saint-Mars otro mensaje muy revelador: 

“Podéis dar a vuestro nuevo prisionero un libro piadoso, y si os pide algún otro, dádselo también. Podréis hacerle escuchar, los domingos y festivos, la misa que se dirá para Monsieur Fouquet, aunque sin estar en el mismo lugar, y os ocuparéis de que se le custodie bien durante la misa para que no pueda evadirse ni hablar con nadie; también podréis hacer que se confiese tres o cuatro veces al año si lo desea, y no más, a menos que le sobrevenga alguna grave enfermedad.” 

Parece que el ministro se preocupa de una forma extraordinaria y poco habitual por el alma del prisionero. No es lo corriente que cuando un hombre ingresaba en prisión el ministro pidiera que se le diera un libro piadoso. El trato sugiere que se intentaba hacerle regresar a un camino del que se había desviado gravemente. Si Dauger, que era católico, se hallaba inmerso en ese oscuro asunto de misas negras y ritos satánicos, el dato encajaría perfectamente. 

En marzo de 1670 las condiciones se endurecen, según refleja una carta de Louvois: 

“… Se me ha advertido que el señor Honneste, uno de los valets de Monsieur Fouquet, ha hablado con el prisionero… y, entre otras cosas, le ha preguntado si no tenía nada importante que decirle, a lo que él respondió que lo dejara en paz. Reaccionó de ese modo creyendo probablemente que se trataba de alguien que vos le enviabais para interrogarlo y ponerlo a prueba, para ver si decía algo. Por ello comprenderéis que no habéis tomado suficientes precauciones para impedir que tenga comunicación… Y como es de gran importancia para el servicio de Su Majestad que no haya ninguna, os ruego que reviséis cuidadosamente el exterior y el interior del lugar en el que está encerrado, y que os aseguréis de que el prisionero no pueda ver ni ser visto por nadie, y no pueda hablar ni escuchar a los que quisieran decirle algo.” 


Es posible que la idea de la máscara fuera el modo en el que Saint-Mars creyó cumplir con la letra de este nuevo mensaje. El carcelero no sabía cuál era el secreto que debía proteger. No sabía por qué motivo Eustache estaba allí. Solo sabía que ahora le pedían que se asegurara de que nadie lo viera ni lo escuchara. Pero no vamos a analizar aún el asunto de la máscara; tan solo apuntamos una posibilidad, que podrá variar o no según el rumbo que tome la historia. En realidad no nos consta que Dauger hubiera comenzado aún a llevar una máscara. 

Se observa, sin embargo, que lo que en realidad preocupa al ministro es que Dauger haya tenido comunicación con otra persona, y que la próxima vez pudiera mostrarse más locuaz. No pregunta si Honneste reconoció al prisionero. Simplemente encuentra más conveniente que a partir de ese momento no lo vean, para que así no puedan acercarse a él e intentar hablarle. 

Contamos con otra carta importantísima y que confirma que el secreto no es una información en cuyo conocimiento hubiera entrado casualmente, sino algo en lo que el propio Dauger era sujeto activo, algo relacionado directamente con él. La carta está dirigida por Louvois a Fouquet, y tiene fecha de 23 de diciembre de 1678: 

“Es para mí una satisfacción cumplir las órdenes que el rey ha tenido a bien impartirme y comunicaros que Su Majestad se encuentra en disposición de suavizar considerablemente las condiciones de vuestra prisión en breve plazo; pero como antes desea ser informado acerca de si el llamado Eustache, que ha entrado a vuestro servicio, ha hablado ante el otro valet que os sirve de lo que hacía antes de estar en Pignerol, Su Majestad me pide que os haga esta pregunta, y espera que respondáis sin considerar otra cosa que no sea la verdad, para que pueda saber qué medidas tomar según lo que vos le reveléis acerca de lo que dicho Eustache haya podido contar a su compañero sobre su pasado. La voluntad de Su Majestad es que deis respuesta a esta carta personalmente sin comunicar nada de su contenido a Monsieur de Saint-Mars…” 

Es decir, el rey proponía un trato a Fouquet: su estancia en prisión sería mucho más cómoda y podría recibir visitas, todo a cambio de que le dijera si había otra persona que se había enterado del secreto de Eustache Dauger. 


Es obvio que Dauger era alguien en posesión de una información que había que guardar a toda costa, por lo que no faltan los estudiosos que proponen que había sido empleado como espía. El dato también encajaría, pero el secreto tenía que ser forzosamente mucho más importante de lo habitual en estos casos. No hay que olvidar que en la fortaleza había otros espías, como Matthioli o Dubreuil, un agente doble. Matthioli había traicionado a Francia en un asunto de gran importancia al frustrar la adquisición de Casale Monferrato, una plaza vital para los intereses de Luis XIV. Sin embargo, ni él ni Dubreuil eran custodiados con el mismo celo. 

Cierto es que el crimen de Matthioli era algo ya hecho, mientras que tal vez Dauger estuviera en posesión de un secreto que, de conocerse, podría frustrar una acción futura. Pero entonces no tendría mucho sentido continuar protegiendo la información 34 años después. Si Dauger era un espía que se había enterado de un plan, este se habría llevado a cabo antes, tal vez en cuestión de meses o a lo sumo de unos pocos años, pero resulta inverosímil suponer que la acción aún no se había materializado tras largas décadas. 

La cuestión es que la carta confirma que el secreto estaba relacionado con el pasado de Dauger, con algo que hacía antes de ingresar en prisión. Esto nos lleva de nuevo al oscuro asunto de los venenos y las misas negras, y estaría en conexión con el misterioso mensaje de Louvois a Saint-Mars de 10 de julio de 1680, en el que resulta evidente que el prisionero tiene inquietantes conocimientos sobre el manejo de ciertas sustancias: 

“Decidme cómo es posible que Dauger haya hecho lo que me contáis, y cómo consiguió las drogas necesarias, pues doy por hecho que vos no se las habéis proporcionado.” 


También podría tener mucho que ver con el nerviosismo que desata en Louvois un nuevo huésped que llega a Pignerol dos años más tarde que Eustache Dauger, alguien con quien a nosotros siempre nos gusta encontrarnos…