miércoles, 29 de agosto de 2012

El secreto de Eustache Dauger (II)

Minette

“Señor, lamento que mi cargo me obligue a relataros la historia más triste del mundo, y que apenas tengo el coraje de escribir…” 

Así comenzaba la carta que Ralph Montagu, embajador inglés, escribía a Lord Arlington una hora después de que Minette hubiera muerto en el palacio de St-Cloud. La carta fue entregada a Sir Thomas Armstrong, quien se desplazó de inmediato a Londres para informar personalmente a Carlos II de la muerte de su hermana. 

El rey de Inglaterra se derrumbó. Entre lágrimas exclamó: 

—¡Monsieur es un villano! 

En su mente no cabía duda alguna de que Minette había sido envenenada por su esposo. Luego se refugió en sus aposentos y se encerró en su alcoba durante cinco días en los que se negó a ver a nadie. Cuando finalmente renunció a su aislamiento continuó negándose a recibir a ningún enviado oficial de Luis XIV. La alarma del rey de Francia debió de ser enorme al ver que Carlos incluso hacía regresar a su embajador, un gesto que era siempre precursor de un periodo de abierta hostilidad. 

Carlos II de Inglaterra

Finalmente el rey de Inglaterra logró dominar sus emociones en aras de la diplomacia, aunque en su fuero interno nunca dejó de creer que Philippe había sido el responsable de la muerte de su hermana. 

Según Saint-Simon, cuando Monsieur volvió a casarse con Liselotte, Luis XIV tuvo una conversación con ella para explicarle que, aunque Minette había sido envenenada, no había sido por mano de Philippe, asegurándole que él nunca le hubiera permitido volver a casarse de haber sido culpable de un crimen tan terrible. 

El relato no resulta muy verosímil. Reconocer el asesinato no hubiera hecho más que reforzar las sospechas sobre Monsieur, al que era preciso dejar fuera de toda sospecha como posible heredero de la corona. No hay que olvidar que Luis XIV solo tenía un hijo varón, y que el índice de mortalidad entre los niños era alto. El siguiente en la línea sucesoria era Philippe. 

Fuera o no cierto, Liselotte en sus propias memorias se muestra convencida de que la anterior duquesa de Orleáns había sido asesinada, pero también de que su esposo no había tenido nada que ver con el asunto. 

Liselotte con su nieto

Sin embargo los investigadores suelen apuntar en otra dirección, y el camino que emprenden nos aparta de Monsieur para conducirnos directamente hacia Madame de Montespan. 

Cuando en 1680 se descubre la trama de los traficantes de venenos, se implicó a la marquesa en turbios asuntos de misas negras que se remontaban a 1667. Podría ser que durante aquellos primeros años, cuando aún se ignoraba que hubiera una red criminal organizada, Eustache Dauger, al verse sin recursos, recurriera a Madame de Montespan y solicitara su ayuda a cambio de guardar celosamente su secreto. 

Por aquel entonces no hacía mucho que la favorita había comenzado su relación con el rey. Eustache seguramente no había calculado que Athénaïs llegaría a reinar de tal modo en el corazón de Luis. Tal vez subestimó el poder que podría llegar a reunir. Luisa de la Vallière permanecía aún en la Corte, y el rey no renunciaba a ella. Dauger debió de pensar que Athénaïs sería un capricho pasajero. 

La marquesa acababa de darle al rey su primer hijo a finales de marzo de 1669, una niña que nació con la mayor discreción posible, por no decir a escondidas. El parto tuvo lugar en la calle de L’Echelle, al lado del Louvre y las Tullerías, en una casita ofrecida por el rey a Athenaïs. Luis trataba aún de ser discreto en su relación, no sólo para protegerla a ella contra las iras de María Teresa, sino sobre todo para evitar las de monsieur de Montespan. 

Madame de Montespan

Apenas tres meses después se busca a Eustache Dauger para conducirlo prisionero a Pignerol con el máximo secreto, y por un motivo que nunca es mencionado. ¿Aprovechó Athénaïs el momento de su maternidad, y de la euforia del rey, para contarle el chantaje al que se veía sometida? Naturalmente ella no reconocería en ningún momento su culpabilidad en ningún crimen ni asunto de importancia, pero todo depende de cómo se expongan las cosas. Pudo explicarle a Luis como una travesura que, simplemente impulsada por su curiosidad, se había dejado convencer por alguna amiga para asistir a algún ritual o se había entrevistado con alguna de aquellas mujeres que adivinaban el porvenir, y que ahora aquel individuo sin escrúpulos trataba de aprovechar la circunstancia para extorsionarla. 

La hija que había dado al rey era para ella su seguro. Aunque Luis se cansara de ella, siempre la protegería en adelante, porque sus hijos no podían ser manchados por la reputación de su madre. Era preciso que ella no fuera alcanzada por ningún escándalo de esa índole. Athénaïs lo sabía y calculó bien el momento en el que podría librarse de Dauger. 

En aquellos días el rey seguramente creía con toda firmeza la versión que le explicó su favorita. Debió de pensar que el miserable trataba de sacar provecho de una inocente travesura, de una imprudencia que en ningún caso volvería a repetirse. Lejos estaba de imaginar entonces que más de diez años más tarde el nombre de la marquesa volvería a repetirse muchas veces en conexión con el asuntos de los venenos y los ritos satánicos. Pensó que la voz de Dauger la única que osaba tratar de involucrarla, y había que silenciar esa voz. 

Olimpia Mancini

Pero la marquesa no es la única dama de la corte en la que deberíamos fijarnos. Es preciso tener también en cuenta la candidatura de Olimpia Mancini, Condesa de Soissons. Luis siempre protegió a Olimpia, e incluso se dijo que cuando estalló el escándalo de los venenos y su nombre salió a relucir, fue él quien la puso sobre aviso y le dio la oportunidad de huir de Francia. Siempre conservó un cariño especial por Olimpia, un vínculo forjado durante la infancia y que perduró más allá de aquella breve relación entre ambos. 

Una vez hecho el repaso de los posibles secretos que pudiera guardar Eustache Dauger, ha llegado el momento de analizar las posibilidades a la luz de los documentos oficiales. Trataremos de averiguar si el personaje encaja con el prisionero y cuál de estos motivos podría haberlo conducido a prisión. 

Habrá más sorpresas en algún próximo capítulo.



Los miembros de la Orden pueden pasar por la Sala Capitular, donde aguardan gratas noticias.

domingo, 26 de agosto de 2012

El secreto de Eustache Dauger

Monsieur

Haciendo un repaso acerca de los motivos que podrían haber conducido a prisión a Eustache Dauger, es momento de apartar la mirada de Luis XIV para centrarla en su hermano. Eustache estaba más próximo al círculo de amistades de Monsieur, y en 1659 lo encontrábamos junto al conde de Guiche y otros notables libertinos de la Corte participando en la orgía de Roissy. 

¿Podría estar el secreto relacionado con Monsieur? Y en tal caso, ¿de qué se trataría? 

Las posibilidades, en principio, son varias. Por ejemplo, ¿qué sucedió exactamente en 1665 en Saint-Germain, cuando Eustache fue acusado de matar a un paje, apenas un niño? No estaba solo. Sabemos que lo acompañaba otro de los cortesanos, pero, ¿y si hubiera estado también Monsieur implicado en aquel sórdido asunto? 

La madre de Dauger moría por entonces y lo excluía en su testamento “por buenas razones y consideraciones solo conocidas por ella”. Es remarcable el hecho de que su propia madre no quisiera hacer público el motivo de su profundo disgusto. La única ayuda que recibía Eustache a partir de ese momento procedía de su hermano menor, el marqués de Cavoye, con quien continuaba manteniendo una relación cordial e incluso convivió en el faubourg Saint-Germain. Pero recordemos que en mayo de 1668 Cavoye se batió en duelo con el marqués de Courcelles, un asunto por el que pasó un tiempo en prisión. Sin poder recurrir ya a su hermano, Eustache quedó desamparado y sin recursos, y tal vez trató de sacar partido de algún oscuro secreto para salir adelante. ¿Presionó tal vez a Monsieur con alguna velada amenaza de revelar su implicación en un crimen?

Minette sujetando el retrato de su esposo

El historiador Maurice Duvivier, quien, como vimos, fue el estudioso que encontró a Eustache Dauger, llega a la conclusión de que la falta de recursos al ser desheredado lo habría impulsado a procurarse ganancias mediante actividades peligrosas relacionadas con el asunto de los venenos. La clientela de Eustache forzosamente tenía que ser muy selecta, gracias a sus influyentes contactos en la corte. 

La teoría abre interesantes posibilidades en dos frentes. Por un lado, no podemos apartar aún la vista de Monsieur. ¿Habría iniciado Dauger a Monsieur en el asunto de las misas negras? O más siniestro aún: ¿Le procuró algún veneno? 

Ha llegado el momento de recordar el relato de la muerte de Minette. Madame de La Fayette lo narraba así:

Madame… se acercó a madame de Meckelbourg. Mientras hablaban, madame de Gamaches le llevó, al mismo tiempo que a mí, una taza de agua de achicoria que había pedido hacía rato. Madame de Gourdon, su dama de compañía, se la sirvió. Bebió, y devolviendo la taza al platillo, se llevó las manos al costado mientras que con tono dolorido dijo: ¡Ah! ¡Qué punzada en el costado, no puedo más! … 

…Todo esto se desarrolló en menos de media hora. Madame no dejó de chillar por sus dolores en el centro del estómago. Inesperadamente, pidió que se observara el café que había tomado: pensaba que podía ser veneno, que se habían equivocado de botella. Quería un contraveneno. 

Yo permanecía en un rincón, junto a Monsieur, y, aunque le creo incapaz de un crimen semejante, una sorpresa natural a la malignidad humana me hizo observarle atentamente. No se encontraba emocionado ni molesto por la opinión de Madame”. Dijo que había que dar la bebida a un perro, y opinaba que había que ir a buscar el contraveneno que ella pedía para quitarle esa idea de la cabeza. 

Minette con sus hermanos, Carlos y Jacobo

Las elucubraciones que se hicieron por entonces acerca de la causa de su muerte resultan a cada cual más extravagante. Uno escribió: 

“Madame ha muerto porque padecía del mal del mar, que agita la bilis y hace que algunas personas queden paralíticas.” 

Otro dirá que “había tomado chocolate al cruzar el mar, y eso la acaloró demasiado.” 

Y el tercero que “su bilis se averió por efecto de la alegría y el júbilo que experimentó al volver a ver a su hermano.” 

Pero toda la corte achacó su muerte al café que le habían llevado. La historia que corría de boca en boca era que la bebida contenía en realidad un poderoso veneno que el caballero de Lorena habría conseguido en Italia y enviado a Monsieur para que se librara de su molesta esposa. 

Era el mes de junio de 1670, pero ¿podría ser que Monsieur hubiese intentado ya anteriormente envenenar a su esposa recurriendo a Dauger? 

El misterioso prisionero enmascarado había sido encarcelado meses antes, pero sabemos que hacía tiempo que Minette no se sentía bien. Desde 1667 se quejaba de un dolor intermitente en un costado. Su salud se iba deteriorando hasta que en abril de 1670 sus problemas digestivos eran tan graves que tan solo se alimentaba de leche. Fue entonces cuando debía viajar a Inglaterra para entrevistarse con su hermano, el rey Carlos II. Su esposo se opuso a su partida con todas sus fuerzas, y fue necesario una orden directa del rey para que ella pudiera zarpar.

Minette

Casualmente durante las semanas que estuvo en Inglaterra, lejos de Monsieur, Minette se recuperó y parecía restablecida. Pero pocos días después de su regreso se produjo su muerte. Monsieur la había llevado consigo al palacio de Saint-Cloud, donde permanecían aislados, lejos de la Corte. 

El propio Luis XIV tuvo sus sospechas y ordenó una autopsia. El informe oficial decía que la causa de la muerte había sido cólera morbus, a consecuencia de la “bilis acalorada”, aunque fueron muchos los observadores que discreparon. 

Posiblemente la causa de la muerte de Minette fuera al fin y al cabo una úlcera perforada, pero ¿sospechó Luis XIV que su cuñada había sido asesinada debido a que le constaba que hubo un intento anterior, un asunto en el que había sido Dauger el encargado de proporcionar el veneno? 

Pero decíamos que la teoría de Duvivier abría interesantes posibilidades en dos frentes. Nos falta por examinar el segundo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Regresamos


Aquí estoy de regreso, por fin.

En un par de días espero haberme organizado de nuevo, y entonces continuaremos con Eustache Dauger, por supuesto.

Muchas gracias a todas las personas que se han puesto en contacto conmigo durante todo este tiempo, unas porque sabían el motivo de mi ausencia y otras por intuirlo. Les agradezco de corazón su interés.




lunes, 6 de agosto de 2012

El padre de Luis XIV


Para cerrar estos últimos capítulos destinados a estudiar la posibilidad de que el hombre de la Máscara de Hierro fuera un hermano gemelo de Luis XIV, haremos algunas consideraciones acerca de la influencia de la genética. En vista de otros casos de hermanos gemelos que mencionábamos recientemente, monsieur Tolya creyó ver en ellos una predisposición genética. Nada más lejos de la realidad. 

Habíamos mencionado unas gemelas de padre Valois, otras de padre Borbón y unos hermanos gemelos de padre Estuardo. Monsieur contaba dos casos entre los Borbones porque les adjudicaba gratuitamente al supuesto gemelo de Luis XIV. Pero es que además el planteamiento es erróneo en su propia base, puesto que, si bien existe una predisposición genética para la ovulación múltiple, y por tanto para tener gemelos dicigóticos (es decir mellizos, diferentes), sin embargo el nacimiento de los monocigóticos o gemelos idénticos ocurre de manera espontánea, sin que existan previamente antecedentes familiares. 

Pero, y esto es lo más importante, cualquier influencia genética procede de la familia materna, y no de la paterna. Es decir, que no nacerían gemelos por ser Borbones. En el caso de que Luis XIV hubiera tenido un mellizo, lo habrían determinado los genes de la española Ana de Austria; en el caso de los hijos de Enrique II una Médicis italiana, en el de los Estuardo escoceses una Beaufort inglesa, y en el de las hijas de Luis XV una mujer polaca sin ninguna relación con las anteriores. 

Sin embargo considero que ni siquiera se hubiera requerido el recurso a la ciencia para apartar esta teoría. Basta con el sentido común: nadie en su sano juicio trataría de resolver un hipotético problema futuro creando otro inmediato y mayor. Richelieu, además de un hombre cuerdo, era infinitamente más sutil. 

Esto no significa, ni mucho menos, que hayamos terminado con el tema de los hermanos. Descartados los gemelos, aún nos quedan otras posibilidades conectadas en cierto modo con la hipótesis. Para ello vamos a ocuparnos ahora de François de Cavoye, el padre de Eustache Dauger. 


Según Marie-Madeleine Mast, François era el verdadero padre de Luis XIV. De ese modo, Luis sería hermanastro tanto de Eustache como del marqués de Cavoye, todos ellos hijos del mismo padre aunque de distinta madre. Para la historiadora eso explicaría el parecido que algunos creen encontrar entre los retratos del rey y el del marqués. 

El caballero contrajo matrimonio el 17 de septiembre de 1625 con Marie de Lort de Sérignan, una de las damas de Ana de Austria. Ambos esposos descendían de lo que se denominaba nobleza de espada, aunque de familias venidas a menos. El matrimonio se celebró en la capilla del château de Sérignan, cerca de Béziers, pero los jóvenes esposos se trasladaron a París para desempeñar sus respectivos cargos en la corte. François era por entonces chambelán del duque de Montmorency. Cuatro años más tarde se convertiría en capitán de la guardia del cardenal. 

Como la mayoría de los caballeros de su época, era a la vez cortesano y soldado, aunque más lo segundo que lo primero, pues parece haber pasado mucho tiempo lejos de su hogar, combatiendo como oficial en los ejércitos del rey. 

El matrimonio se mantuvo muy bien avenido a pesar de tantas obligadas separaciones. La carrera militar del esposo y sus continuas ausencias no impidieron que se sucedieran con rapidez los nacimientos de sus numerosos hijos hasta la muerte de François, ocurrida el 17 de septiembre de 1641 durante el sitio de Bapaume. Luis XIV acababa de cumplir tan solo tres años por entonces, y Eustache cuatro. 

Marie era una mujer inteligente y piadosa, aunque sin llegar a la mojigatería, y dueña de un carácter resuelto capaz de enfrentarse a las adversidades. Sus sucesivas maternidades y las obligaciones familiares que debía asumir mientras el esposo permanecía en el frente no fueron obstáculo para continuar cumpliendo sus funciones como dama de la reina. Ana de Austria reconocía sus cualidades y la apreciaba especialmente, puesto que al parecer pronto la convirtió en su confidente. 


En 1974 Madame Mast publicó un trabajo en el que exponía la teoría de que, en vista de los problemas de la reina para concebir, Marie le habría prestado ese gran servicio. Es decir, le habría prestado a su esposo para que resolviera el asunto, todo ello planteado como una cuestión de Estado, y no sentimental. O sea, una especie de “todo por la patria”. 

Pero no es ella la única que se ha fijado en este personaje para atribuirle la paternidad de Luis XIV. Otros autores parten de la misma base, y tampoco se han olvidado de él los novelistas: Jean d’Aillon, en su novela Le Dernier Secret de Richelieu, publicada en 1998, parte del argumento de que los dos hijos de Ana de Austria fueron engendrados por François con la complicidad de Richelieu. En su historia, dos de los hijos habidos de su matrimonio con Marie, Eustache y Louis, se parecían mucho al rey. Según el argumento de la novela, Eustache habría amenazado a Luis XIV con revelar quién era su verdadero padre. 

Pero ahora viene la pieza que no encaja: la máscara sería para ocultar la semejanza entre ambos hermanos, porque en la novela Eustache se parece al rey aún más que su hermano el marqués de Cavoye. No tiene en cuenta que cualquier posible parecido, fuese remoto o bien asombroso, ya habría sido visto y percibido sobradamente por todo el mundo en la corte durante nada menos que 30 años, puesto que, como vimos en su momento, Eustache y el rey crecieron juntos. No tendría sentido tapar a los 32 años un rostro que todo el mundo conocía ya tan bien y que, por cierto, nunca había dado origen a ningún comentario acerca de un supuesto parecido, ni en memorias, crónicas ni correspondencia particular de los cortesanos. 

Hasta aquí las cuestiones de parentesco. Sin embargo el secreto no tiene por qué estar relacionado con ellas. Hay otras opciones donde elegir, y las repasaremos antes de decidir.