miércoles, 27 de abril de 2016

Mazarino y Madame de Longueville


Madame de Longueville contaba ahora 25 años y había alcanzado la cúspide de sus atractivos, tan admirados como la brillante inteligencia de la que hacía gala. No había reunión social ni función de la corte que estuviera completa sin su presencia; no había poeta o intelectual que obtuviera reconocimiento sin antes obtener su aprobación.

Gradualmente los homenajes de los que era objeto comenzaron a obrar su efecto despertando un elemento de su carácter que iba a producir deplorables resultados. Se volvió ambiciosa, no para sí misma, sino para su familia, y especialmente para su hermano Enghien. Estaba dispuesta a ejercer la influencia que había adquirido para empujar la carrera de su hermano. Su belleza y encanto le granjeaba nuevos admiradores cada día, y ella maniobraba para convertirlos en devotos partidarios del duque, con tal éxito que Mazarino comenzó a inquietarse. 

El cardenal ya veía las pretensiones de la Casa de Condé con cierta intranquilidad, pero pronto se dio cuenta de que había surgido un nuevo factor que podía complicar considerablemente las cosas. No se le ocultaba que Madame de Longueville, al igual que la mayoría de la aristocracia francesa, sentía poca simpatía hacia él. En sus escritos de ese periodo Mazarino describe a la princesa en términos abiertamente hostiles, realzando sus defectos e ignorando por completo sus cualidades.


“Dicha dama es todopoderosa junto con su hermano Enghien. Se enorgullece de despreciar a la corte y a todos aquellos que no ve a sus pies. Desea ver a su hermano controlándolo todo y disponiendo de todos los favores. Sabe disimular muy bien; recibe cada acto de homenaje y cada favor como si le fuera debido. Generalmente es muy fría con todo el mundo y, si se entrega a la galantería, no es en absoluto con ninguna mala intención de ese tipo, sino para ganar seguidores y amigos para su hermano. Le sugiere ideas ambiciosas a las que él ya se inclina bastante. No tiene a su madre muy en cuenta, porque piensa que está demasiado apegada a la corte… Está en muy buenos términos con la marquesa de Sablé y la duquesa de Lesdiguières. En casa de Madame de Sablé se reúnen constantemente la princesa de Guéménée, Enghien, su hermana, Nemours y muchos otros, y hablan de todos con gran libertad. Habría que encontrar a alguien que informara de lo que sucede allí”.

En febrero de 1644 Madame de Longueville daba a luz a una hija, Carlota Luisa, que solo iba a vivir un año. El cuerpo fue embalsamado y depositado en un ataúd de plomo que fue luego conducido con gran pompa al convento carmelita de la rue Saint-Jacques para ser enterrado en su claustro.

La muerte de su primogénita sumió en la tristeza a la princesa, pero pronto recibió consuelo con la llegada de un hijo el 12 de enero de 1646. Era el conde de Dunois, destinado a suceder a su padre en sus títulos y honores.


Me avisan que hay una página de fb que ha copiado íntegramente algunos de los artículos de este blog sin citarme como fuente. Les recuerdo que yo no he autorizado tal cosa, que como autora tengo unos derechos que la ley protege y que los haré valer.


jueves, 21 de abril de 2016

GANADORA DEL PREMIO ALEXANDRE DUMAS DE NOVELA HISTÓRICA

Esta tarde se me ha comunicado oficialmente que soy la ganadora de la cuarta edición del Premio Alexandre Dumas de Novela Histórica con "La leyenda del enmascarado", una historia que transcurre a comienzos del siglo XIII entre Occitania, Francia y Castilla.

La novela se publicará próximamente, en fecha aún por determinar.

Encontrarán el contenido íntegro de la noticia en estos enlaces:



Estamos de celebración por aquí. Intentaremos retornar a la normalidad en cuanto se nos pase el subidón.

¡Muchas gracias!

Montserrat Suáñez



domingo, 17 de abril de 2016

¡Muchas gracias!

De izquierda a derecha, Montserrat Suáñez, Charo Martínez, Carmen Martí Fabra, la vizcondesa de Saint-Luc, Elena Marqués y Rosi Serrano Romero.

En la biblioteca Eugenio Trías, parque del Retiro, Madrid, presentando Mujeres en la historia 3: La Ilustración. Muchas gracias a cuantos compartieron con nosotros la inolvidable velada. Imagen: Teresa Iturriaga, Montserrat Suáñez, Carmen Martagón y Elena Marqués.

Y después unas cervezas para terminar la noche.



lunes, 11 de abril de 2016

PRESENTACIÓN EN MADRID


OS ESPERAMOS EL VIERNES 15 A LAS 19 HORAS EN MADRID, BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL EUGENIO TRÍAS, PARQUE DEL RETIRO, PARA LA PRESENTACIÓN DE MUJERES EN LA HISTORIA (3) LA ILUSTRACIÓN.

MUCHAS GRACIAS A LOS QUE YA SE HAN APUNTADO.


Montserrat Suáñez





jueves, 7 de abril de 2016

El duelo en la Place Royale


Pronto se hizo evidente que Coligny, aún debilitado por su reciente enfermedad, no era adversario para el duque de Guisa, mejor espadachín que él. Enrique de Guisa era tan diestro como su célebre abuelo, aquel que había liderado el bando católico en tiempos de Catalina de Médicis. Tras unos cuantos pases, Coligny lanzó una furiosa estocada que falló su objetivo, le hizo perder el equilibrio y caer sobre una rodilla. De acuerdo con las normas a las que procuraban ajustarse los duelos, el duque pudo haberlo atravesado entonces y terminar con el asunto, pero en lugar de eso se contentó con pisar la espada de su contrincante y decirle:

—No tengo intención de mataros, sino tan solo de trataros como merecéis, por haberos dirigido a un príncipe de mi rango sin provocación previa.

Después, en señal de desprecio, le dio un leve golpe con la parte plana de su espada.

Ardiendo de indignación y vergüenza, Coligny se incorporó, recogió su arma y reanudó el duelo con más brío. En esta segunda etapa ambos resultaron heridos, guisa ligeramente en un hombro y Coligny en la mano. Pero al final Guisa se apoderó de la espada del vencedor con la mano izquierda, una acción permitida entonces, aunque llegaría a prohibirse durante el siglo siguiente. Pasó la suya por la empuñadura de la de Coligny para lograr desarmarlo y dejarlo totalmente fuera de combate. Luego fue a separar a sus segundos, Estrades y Bridieu, que, aunque malheridos, combatían aún con un ardor difícil de apaciguar.

Enrique II de Guisa

De acuerdo con los códigos de la época, después de desarmar a su adversario, Guisa tenía derecho a matarlo. Corrió el rumor de que Coligny rogó entonces que le perdonara la vida, pero, fuera esto cierto o no, el duque en ningún momento había manifestado intención de darle muerte, y tampoco lo hizo ahora. Pero los peor intencionados hicieron circular una canción que no solo recorrió los salones de París, sino también cada calle. Iba dirigida a Madame de Longueville, y en ella le decían:

Si ha rogado por su vida,
No lo culpéis;
Pues es por ser vuestro amante
Por lo que quiere vivir eternamente.

Se trató del último duelo de importancia que tuvo por escenario la Place Royale. La expectación fue enorme, y la opinión pública se volcaba hacia el duque de Guisa, que obviamente había hecho cuanto estaba en su poder por evitar un encuentro con un hombre muy inferior a él en el manejo de la espada y debilitado por recientes problemas de salud. Según Madame de Motteville, el empeño del duque por no abusar de su ventaja había llegado tan lejos como para ofrecerse a retirar los comentarios que se le atribuían sobre el honor de Madame de Longueville.


La reina se enfureció al conocer la flagrante violación del edicto de 1626, y los príncipes de Condé estaban indignados ante tanta publicidad indeseada que el duelo había representado para el asunto de su hija, quien, según se afirmaba, había presenciado la escena oculta tras una ventana de la residencia de la anciana duquesa de Rohan.

Coligny seguramente hubiera sido arrestado y encarcelado en la Bastilla de no ser por la protección del duque de Enghien, que recibió a su amigo herido en la mansión donde residía por entonces, el hôtel Saint-Denis, desde donde lo hizo trasladar a Saint-Maur.

Ambos duelistas fueron convocados ante el Parlamento, pero el procedimiento se detuvo al llegar noticias de que Coligny se debatía entre la vida y la muerte. Sus heridas, aunque no eran de consideración, se infectaron, sobrevino la gangrena y hubo que amputarle un brazo, lo que no sirvió para salvarlo. Debilitado y mortificado por el fracaso y la humillación a ojos de la mujer que amaba, fallecía en mayo de 1644, cinco meses después del duelo. Solo tenía 25 años.


El viernes 15 de abril estaré en Madrid para la presentación de Mujeres en la historia, a las 19 horas en la biblioteca de la Casa de Fieras del parque del Retiro. Os espero.

Muchas gracias a los que pensáis asistir,

Montserrat Suáñez


domingo, 3 de abril de 2016

La Place Royale de Luis XIV


A las tres de la tarde del 12 de diciembre de 1643, Coligny y Guisa se reunían en la Place Royale para solventar su duelo. El lugar elegido era en aquel tiempo la zona más de moda en París. Allí se encontraba el hotel de Rohan y el del joven duque de Richelieu, sobrino nieto del cardenal. Otros distinguidos cortesanos tenían también su residencia en la plaza: el mariscal de Lavardin, el duque de Villequier, Madame de Sablé y la condesa de Maure. El centro de la plaza estaba ocupado por una amplia extensión de césped dividida en seis parcelas elegantemente dispuestas, un espacio en el que en 1639 Richelieu había mandado erigir una estatua ecuestre de Luis XIII, obra de Biard y Daniel de Volterre.

“¡De qué acontecimientos domésticos y públicos no fue testigo esta plaza durante todo el siglo XVII! ¡Qué nobles competiciones, qué fieros duelos, qué encuentros de enamorados! ¡Qué conversaciones no escuchó, dignas de las del Decamerón! ¡Qué graciosas criaturas habitaban en esos pabellones, qué mobiliario suntuoso, qué tesoros de lujo y elegancia no se reunían allí! ¡Qué ilustres personajes de todas clases no han subido esas hermosas escalinatas! ¡Richelieu y Condé, Corneille y Molière la atravesaron mil veces! Es aquí, caminando bajo esta galería, donde Descartes, hablando con Pascal, le sugirió la idea de sus espléndidos experimentos sobre el peso del aire. También fue aquí donde, una noche, al salir del hôtel de Madame de Guyménée, el melancólico de Thou recibió de Cinq-Mars la involuntaria confidencia sobre la conspiración que iba a conducirlos a ambos al cadalso. Finalmente, aquí es donde nació Madame de Sévigné, y cerca de aquí vivía”. (Victor Cousin)

Estatua ecuestre de Luis XIII en la Place Royale, actual Place des Vosges

De acuerdo con la costumbre de su tiempo, Coligny y Guisa iban acompañados cada uno de un amigo que se ocupaba de medir las espadas. El de Coligny era el conde de Estrades, un caballero gascón con cierta experiencia en la materia, mientras Guisa recibía apoyo de su caballerizo, el marqués de Bridieu, un joven procedente de una aristocrática familia del Limousin. Ambos se habían distinguido en batalla, y Estrades había ganado su bastón de mariscal.

Las noticias acerca de la celebración del duelo se habían propagado rápido, y las ventanas y balcones de las casas vecinas aparecían abarrotadas de espectadores emocionados por el acontecimiento que estaba a punto de producirse. La Rochefoucauld relata que Guisa le dijo a Coligny:

—Estamos a punto de solventar la vieja querella entre nuestras dos Casas, y se verá la diferencia que hay entre la sangre de Guisa y la de Coligny.