miércoles, 30 de noviembre de 2016

Los petimetres


Condé era ahora todopoderoso y se mostraba dispuesto a abusar de su poder. A su alrededor se agrupaban jóvenes temerarios, aventureros y libertinos que pretendían ser los árbitros de la corte. Se los conocía como los “petits-maîtres” (los señoritos), de donde deriva el término “petimetre”. Estos lechuguinos buscaban continuamente pendencia contra los antiguos frondistas.

Un día, cuando celebraban una de sus fiestas en la Maison de Renard, el duque de Beaufort se presentó en compañía de doscientos frondistas, algunos de los cuales rodearon la mesa a la que se sentaban los petimetres, tiraron bruscamente del mantel y volcaban comida y bebida sobre los comensales. Los ofendidos desenvainaron las espadas, pero, puesto que estaban en minoría, les fue preciso ceder.

Los frondistas hicieron circular un panfleto alusivo al que titularon: El branle de los Mazarinos bailado en la maison de Renard, y compuesto por Monsieur el duque de Beaufort. Fueron aún más allá y acusaron a la corte de haber querido asesinar a muchos de ellos.

Pero para entonces Condé se indisponía con Mazarino, al que acusaba de ingrato. Su hermana, la duquesa de Longueville, hacía cuanto estaba en su mano por apartarlo del partido que apoyaba a la corte.


Luis XIV entraba en la capital entre Mazarino y Condé. La gente lo aclamaba, pero los descontentos no dejaban de trazar sus planes. Apenas entrar en París, Condé se opuso al matrimonio del duque de Mercoeur con una de las sobrinas de Mazarino.

—Las sobrinas del cardenal apenas serían esposas adecuadas para mis valets. Y si Mazarino se enoja, ordenaré al capitán de mi guardia que me lo traiga por la barba hasta mi casa.

Para rematar las cosas, le escribió una carta llena de sarcasmos dirigida “A l’illustrissimo signor Fachino”.

Los frondistas se agrupaban ahora en torno a Condé. Mazarino, para indisponerlo contra ellos, hizo que se disparara sobre la gente del príncipe y acusó a Gondi de una tentativa de asesinato. El caso se llevó ante el Parlamento, y el coadjutor se defendió con extraordinaria elocuencia. Compareció entre un impresionante cortejo y llevaba un puñal asomando bajo la manga, algo que hizo al duque de Beaufort exclamar riendo:

—¡He ahí el breviario del señor coadjutor!

Mazarino, satisfecho con haber dividido a sus enemigos, dejó languidecer el proceso, lo que irritó enormemente a Condé, que iba injuriando al cardenal por todas partes. Incluso faltó al respeto a la reina al imponerle que reclamara a un petimetre al que había alejado de la corte por haberla ofendido.


MUCHAS GRACIAS A CUANTOS ESTUVISTEIS EN LA PRESENTACIÓN DE LA LEYENDA DEL ENMASCARADO EN SEVILLA. Se agotaron todos los ejemplares y aún hubo gente que quedó sin el suyo. Mil gracias a todos.


jueves, 17 de noviembre de 2016

"La leyenda del enmascarado" en Sevilla, sábado 26


Un buen número de autores nos daremos cita próximamente en Sevilla para presentar nuestras obras, invitados por la organización de la Feria del libro de Bormujos. Estaré por allí el sábado 26 de noviembre con el siguiente programa:

12:30 – Presento mi novela “La leyenda del enmascarado”.

13:00 – Firma de ejemplares de la novela

13:30 – Presento las antologías de Mujeres en la historia con Elena Marqués, Carmen Martagón y Eloína Calvete.

14:00 – Firma de las antologías



A los que andáis por el sur, esperamos vuestra visita. Muchas gracias a los que ya me habéis ido confirmando vuestra presencia.


jueves, 10 de noviembre de 2016

La otra toma de la Bastilla


Los frondistas trataban de excitar los ánimos del pueblo por todos los medios posibles. Las duquesas de Longueville y de Bouillon, ambas mujeres de deslumbrante belleza, se presentaron en el porche del ayuntamiento, cada una con uno de sus hijos en brazos, y declararon que deseaban entregarse como rehenes en manos del pueblo. El entusiasmo alcanzó sus más elevadas cotas mientras Gondi hacía arrojar dinero por las ventanas. 

El 11 de enero de 1649 se decidía tomar la Bastilla, donde había 22 guardias. La tarea fue encomendada a Elbeuf, que no podía encontrar gran oposición. Dos días más tarde la fortaleza se rendía mientras el populacho saqueaba las arcas públicas. Broussel designó como gobernador de la Bastilla a su propio hijo.

Condé no disponía de suficientes tropas para rendir París por hambre. En cuanto a la familia real, les faltaba de todo. Al llegar a Saint-Germain ni siquiera encontraron camas y hubieron de dormir sobre la paja. Las escaramuzas que se libraban a diario junto a las murallas de París no se resolvían con un resultado decisivo, y la guerra parecía no tener fin.

Los panfletos inundaban la capital. El poeta Scarron, que se convertiría en el primer esposo de Madame de Maintenon, escribía las Mazarinadas siguiendo instrucciones de Gondi. Este, mientras tanto, publicaba un tratado titulado “Máximas morales y cristianas por el reposo de las conciencias en los actuales asuntos”. Contenía fragmentos de este tipo: “Como los reyes son los lugartenientes de Dios para la conducta temporal de los hombres, es de Dios, y no de los reyes, de quien los hombres deben tomar las leyes y ordenanzas. Como el alma es más preciosa que el cuerpo, […] las máximas de la religión deben ser las reglas de la política; de suerte que no se debe obedecer a los reyes excepto cuando sus órdenes estén totalmente conformes con la religión y las instrucciones de sus ministros”.


Entre los parisinos reinaba un extraño ambiente de alegría en todas las operaciones militares. Parecía que se reían tanto de las derrotas como de las victorias, y la revista que se pasaba en la Place Royale a diario era una especie de fiesta en la que se daba cita lo más granado de la sociedad.

Las provincias también comenzaban a sublevarse. El marqués de Hocquincourt puso Péronne a disposición de la duquesa de Longueville con una nota que decía: “Péronne es de la bella entre las bellas”. Turenne prometía marchar sobre París con las tropas que mandaba, pero su ejército, ganado por los agentes de Mazarino, lo abandonó. Gondi, siempre hombre de recursos, tuvo la idea de introducir en el Parlamento a un falso enviado de España que hiciera toda clase de promesas de dinero y tropas.

Pero ambos bandos estaban arruinados, y el Parlamento acabó por escuchar las propuestas de Mazarino. Se abrieron negociaciones en Ruel. A pesar de la rabia y la decepción del pueblo, que había tomado el gusto a la revuelta, se firmó un tratado de paz que no resultó satisfactorio para nadie.

Así daba comienzo una nueva fase.


sábado, 5 de noviembre de 2016

La Primera a los Corintios


La apertura de negociaciones en Saint-Germain fue el inicio de largas discusiones tras las cuales se acordó la reducción de los impuestos y otras medidas exigidas por el Parlamento. Terminadas las sesiones, el rey entra en París el 31 de mayo de 1648 entre las aclamaciones del pueblo. Tenía nueve años. Poco después, en octubre, llegaba el final de la Guerra de los Treinta Años con la firma del tratado de Westfalia en Munster. Así terminaba el primer periodo de la Fronda.

El príncipe de Condé era la esperanza de todos los partidos. Procuraban atraérselo en busca de satisfacción a sus ambiciones, pero él no contentaba a ninguno. La altivez del Parlamento le resultaba indignante, y en una asamblea hizo un gesto de irritación que algunos tomaron a ultraje. El desorden fue tal que terminó en un tumulto de lo más escandaloso. Condé, furioso, acudió a suplicar a la reina que le permitiera someter los motines por la fuerza.

La reina dispuso el asedio de París y se retiró con su hijo a Saint-Germain. Mientras tanto el pueblo tomaba las armas y se apostaba a las puertas de la villa. 


Gondi, viendo que no podía contar con Condé, decidió atraerse a su hermana, la duquesa de Longueville, consciente de que a través de ella se haría con el otro hermano, el príncipe de Conti. Quería nombrar a Conti generalísimo de la Fronda, pero se encontró con que Condé lo había enviado con su hermana a Saint-Germain.

Mazarino fue declarado enemigo del reino, y si no lo abandonaba antes de que transcurrieran ocho días, se le daría caza sin ningún miramiento. Al tener noticias de esta declaración de guerra, se hizo comenzar el bloqueo de París, y Condé, con ocho mil hombres bajo su mando, se dispuso a rendir la ciudad por hambre.

El Parlamento, por su parte, también reclutó tropas, y el duque de Elbeuf tomó el mando de este ejército indisciplinado. Pero al día siguiente regresaba Conti de Saint-Germain y Gondi, que lo prefería como general, comenzó a ridiculizar a Elbeuf por todas partes mediante una canción satírica. Logró su propósito y el nombramiento fue para Conti, a cuyas órdenes se pusieron Beaufort, el duque de Bouillon y el de Longueville. 

Gondi, por su parte, aportó tropas a las que se dio el nombre de regimiento de Corinto, puesto que él llevaba el título de arzobispo de Corinto. Como su regimiento fue derrotado durante el transcurso de una salida, los realistas llamaron a esta derrota “la primera a los corintios”.



domingo, 30 de octubre de 2016

Por un capelo


Los gritos de los sediciosos comienzan a sonar cada vez más fuertes, y la muchedumbre amenazaba ya el Palais-Royal.

—¡Viva el rey! ¡Libertad para Broussel!

Gondi trata de apaciguarlos con gran riesgo de su vida. Un hombre yacía mortalmente herido por los guardias; Gondi se arrodilla en el barro para recibir la confesión del moribundo. No le reconocen, pero su acción caritativa deja temporalmente en suspenso la furia del pueblo hasta que otra descarga de los soldados la exaspera de nuevo. El coadjutor cae a tierra golpeado por una piedra. Al tratar de incorporarse, se encuentra con un mosquetón apuntándole a la cabeza.

—¡Ah, desgraciado! —exclama Gondi— ¡Si te viera tu padre!

Esas palabras lo salvan, porque entonces lo reconocen y la gente comienza a aclamarlo. Con mucha diplomacia, Gondi aprovecha la circunstancia para dirigirse a les Halles y arrastrar tras de sí al populacho, alejándolos de palacio.


Pero se había preparado un tumulto más violento para el día siguiente. Todos los coroneles de los cuarteles llaman al pueblo a las armas; en París se forman mil doscientas barricadas y el canciller Séguier hubiera sido asesinado si no lo rescatan a tiempo tres compañías de guardias. Ciento sesenta y seis magistrados, con Molé a la cabeza, acuden entre las aclamaciones de la gente a exigir la libertad de Broussel. Nada obtienen y comienzan a emprender el regreso, pero los sediciosos les ponen el puñal al cuello y los obligan a volver al Palais Royal. La reina, por consejo de Gastón y de Mazarino, cede al fin.

Ana de Austria se retira a Ruel con su hijo y el cardenal. Mientras tanto las sesiones del Parlamento siguen siendo tan tormentosas como antes. La reina, en una carta al Parlamento, acusaba abiertamente a Gondi:

“Quiere arruinar al Estado porque se le ha negado el capelo cardenalicio, y se jacta de que prenderá fuego al reino por los cuatro puntos cardinales, y que después él y cien mil de sus fieles romperán la cabeza a quienes se presenten a apagarlo.”


Ya ha salido de imprenta la nueva antología en la que colaboro, un conjunto de relatos que tienen por protagonistas a "mujeres malas".


Más información en:



martes, 25 de octubre de 2016

La Rebelión de los Tirachinas


Se exigían muchas reformas importantes y la reducción de los impuestos. Tras muchas vacilaciones, Ana de Austria cede a las pretensiones del Parlamento, pero para entonces los ánimos ya se habían enconado. Los descontentos trabajaban para desprestigiar a Mazarino ante la opinión pública. La policía intervenía con frecuencia para reprimir el desorden, pero en cuanto se alejaban, la muchedumbre que habían dispersado volvía a reunirse.

Fue entonces cuando comenzó a conocerse a los enemigos del cardenal con el nombre de Frondistas. Los niños se entretenían con hondas (frondes), lanzando piedras a los transeúntes, y ahora se arrojaban proyectiles contra los cristales de los partidarios de Mazarino. Bachaumont comparó la rebelión del Parlamento con la de los pequeños frondistas, es decir, los niños que manejaban las hondas. El símil tuvo un gran calado, y hombres y mujeres hacían figurar en su atuendo el signo de la honda. Tan de moda se puso que el propio Mazarino llegó a llevar en su sombrero la correa de una honda.

Mientras tanto el duque de Enghien se convertía en príncipe de Condé a la muerte de su padre y lograba la gran victoria en Lens. El joven rey, al conocer la noticia, exclamó:

—¡El Parlamento estará muy disgustado con esta victoria!


Se cantó un Te Deum en Notre-Dame y después de la ceremonia la reina, sintiéndose más fuerte, dio orden de arrestar a tres miembros del Parlamento: Blancmémil, Charton y Broussel.

Comminges, teniente de la guardia, se reservó para sí el arresto de Broussel por ser el más difícil, pues se trataba del ídolo del pueblo, que lo llamaba padre. Acudió a su casa, y de inmediato la anciana servidora corrió a la ventana a pedir socorro. El pueblo se movilizó al ver subir a Broussel al carruaje con destino a Saint-Germain, vestido aún con su bata y descalzo. Comminges se vio obligado a hacer el camino espada en mano, y los guardias, a punto de ser masacrados, lograron salvarse gracias a que recibieron refuerzos a tiempo.

Sin embargo, nadie en la corte imaginaba aún que la revuelta fuera seria, y se burlaban de aquellos que comenzaban a tener miedo…


Adelanto que el próximo 26 de noviembre, sábado, estaré en SEVILLA, en la Fiesta del Libro de Bormujos, para presentar mi novela La Leyenda del Enmascarado.



domingo, 16 de octubre de 2016

Presentación en Conocer al Autor

Firmando para la gente de Conocer al Autor

He grabado tres vídeos en los estudios de Conocer al Autor, Madrid. Dos de ellos son para presentar “La leyenda del enmascarado” El que aquí muestro es el vídeo con la lectura de un fragmento de la obra. 

He colgado el otro en mi blog, De reyes, dioses y héroes.

video