jueves, 18 de diciembre de 2014

MUJERES EN LA HISTORIA II


Queridos cortesanos, por fin ha entrado en maquetación la segunda antología de Mujeres en la historia, en la que también participo. Dado el éxito de la anterior, M.A.R. Editor ha decidido sacar a la luz un segundo volumen, esta vez dedicado a aquellas que destacaron en algún campo desde 1940 a la actualidad.

Son relatos de ficción que tienen por protagonistas a mujeres cuya labor abarcó todos los ámbitos imaginables: pintura, fotografía, literatura, egiptología, periodismo, música, cine, política, espionaje… Además la antología contará con un relato de Josefina Aldecoa.

Algunos de los nombres femeninos que protagonizan nuestros relatos son bien conocidos. Por las páginas de la antología desfilan, entre otras, Agatha Christie, Marguerite Duras, Alejandra Pizarnik, Oriana Fallaci, Josephine Baker, Audrey Hepburn o Eva Brown.

Yo participo nuevamente con un relato que me ha divertido mucho escribir. Aunque, por circunstancias, esté a punto de publicar una novela con otra editorial, no renuncio a estos buenos ratos que paso en M.A.R. Editor. Siempre había querido tener un editor al que no le importe que le llame “monsieur”. Y miren, lo encontré. De Rus marca la diferencia.

Quienes conocen a Diana de Méridor, a estas alturas ya habrán adivinado a cuál de esas actividades se dedicaba mi protagonista. Pues sí, por supuesto: la mía es espía. Se trata de la mujer en la se basó Ian Fleming para su primera chica Bond. Es la mujer de la foto. Ya les hablaré más de ella.

En principio está previsto que la antología salga a mediados de enero. En su momento avisaré del feliz acontecimiento.

Muchas gracias,


Montserrat Suáñez



domingo, 14 de diciembre de 2014

De institutriz a favorita


Mademoiselle de Fontanges tuvo una corta historia: fallecía con apenas veinte años, agotada por las consecuencias de un mal parto que había minado gravemente su salud, probablemente unidas a una tuberculosis. Para entonces, Luis ya la había olvidado. 

Fue entonces cuando comenzaron a circular por la corte los rumores de que Madame de Montespan la había envenenado. Sin embargo, poco adelantó la marquesa con la muerte de su joven rival. Su relación con el rey era ya tan sólo un recuerdo y, a modo de regalo de despedida, Luis le otorga el cargo de superintendente de la Casa de la Reina, que antaño ocupara Olimpia.

Pero Athénaïs aún tiene una baza para, al menos, tratar de impedir que Madame de Maintenon se convierta en la nueva favorita oficial: como su hijo está a punto de pasar a ser educado exclusivamente por hombres, Madame de Montespan tiene en ello ocasión de solicitar el retiro de la institutriz, cuyos servicios ya no se requerirán.

Luis, naturalmente, había previsto este contratiempo y buscó la manera de retener a Françoise en la corte creando un puesto especialmente para ella. Sería segunda dama de atavíos de María Ana de Baviera, a punto de celebrar su boda con el Delfín. Además fue precisamente Madame de Maintenon quien tuvo el honor de ser la designada para recibir a la Delfina en la frontera. 

Durante ese viaje, hasta el cortesano más despistado hubo de conocer con certeza cómo era la nueva situación. Sucedió al regreso, cuando, al llegar el cortejo a Vitry, donde aguardaban el rey y su hijo, todos vieron a la antigua institutriz subir a la carroza real “por la portezuela del lado del rey”.


lunes, 8 de diciembre de 2014

De nombre, de hecho y de corazón


Luis no era hombre capaz de esperar mansamente a que Madame de Maintenon se le rindiera. Ante la tenaz resistencia de la institutriz, el rey acabó por volver sus ojos hacia una hermosa jovencita recién llegada a la corte como dama de la duquesa de Orleáns. Era Marie Angélique de Fontanges, a la que en su día dedicamos varios capítulos. La damisela ofrecía una peculiaridad que suponía una brusca ruptura con lo que había sido hasta entonces la tendencia de Luis: él siempre había buscado mujeres inteligentes y dotadas de ingenio; sin embargo, esta vez fue a fijarse en una belleza a la que todo el mundo consideraba tonta de remate.

Madame de Maintenon, inquieta, se dirige al abate Gobelin:

—Os pido que roguéis y hagáis rogar por el rey, que está al borde de un gran precipicio.

Nada pudo detener a Luis, que cubre de joyas aquella cabeza de chorlito y la convierte en duquesa. Instalada en un apartamento próximo al suyo en Versalles, Angélique pronto comienza a darse aires de nueva favorita. Para la reina, que tanto llevaba soportando, enterarse de esto fue la gota que colmó el vaso de su paciencia. Cuando le hablan de la Fontanges, exclama con su cerrado acento español:

—¡Oh, esa puta, esa puta!



De este modo, y como señaló Madame de Montespan a Madame de Maintenon, el rey tenía ahora tres amores:

—El rey tiene tres amantes: yo de nombre, esa joven de hecho, y vos de corazón.

De las tres, era Françoise la que más pesaba en ese corazón. Por mucho que Luis resultara deslumbrado por la frescura de la recién llegada, la novedad pasaría y Madame de Maintenon permanecería. Ella sabe guardar silencio, permanecer impasible; Athénaïs, en cambio, pierde los nervios, lo último que le quedaba ya por perder. Le hace al rey violentas escenas que causaban justamente el efecto contrario al deseado, como nos cuenta Françoise:

“Yo admiraba la paciencia del rey y el arrebato de esa gloriosa mujer. Todo terminó cuando repitió estas terribles palabras: “Ya os lo he dicho, señora, no quiero ser molestado”.





lunes, 1 de diciembre de 2014

Portada y sinopsis de La corte del diablo


Acaba de aparecer la reseña de mi novela en el blog de Ediciones Áltera.

Os presento oficialmente la que será la portada.

En Francia reina Carlos IX. Dos años antes de la masacre de la Noche de San Bartolomé, las intrigas proliferan en el palacio del Louvre, donde es la reina madre, la formidable y astuta Catalina de Médicis, quien detenta las riendas del gobierno. Es la época en la que concurren las guerras entre católicos y hugonotes, los desdichados amores entre el Duque de Guisa y la hermana del rey, los disturbios en las calles, el cautiverio de María Estuardo, la Batalla de Lepanto y los planes para arrebatar Flandes a España. En medio de este ambiente enrarecido, Mathieu, un polaco de origen francés, viaja a Francia con motivo de la boda del rey. Apenas llegar se enamora de la amante del duque de Anjou y su destino se complicará hasta lo inimaginable...

Podrán encontrar más información en el enlace arriba indicado, y también dejar allí sus comentarios si lo desean.

Les recuerdo que la novela saldrá a finales de enero, según lo previsto.

Muchas gracias a todos.


Montserrat Suáñez



lunes, 24 de noviembre de 2014

Montespan versus Maintenon

Madame de Montespan

Madame de Montespan se encaminaba hacia su ocaso. El último embarazo, unido a su glotonería desenfrenada, le había hecho perder hasta la ínfima traza que aún quedaba de lo que en un día había sido su figura. Ahora su silueta de antaño era tan sólo un recuerdo a añorar. Pero Athénaïs no sólo había perdido sus atractivos físicos; también los otros se habían ido secando, desgastando con el tiempo. Desesperada porque comprende que ha perdido el amor del rey, ya tan sólo se percibe en ella el amargor del veneno que destila por todos sus poros, una acritud que vuelca sobre Madame de Maintenon.

“Se molesta conmigo, ¡como si yo no le hubiese aconsejado no tener más hijos!”, escribe Françoise. 

Athénaïs comienza a dejar de lado todo disimulo y la acusa directamente: le reprocha que en el fondo se alegra de su desgracia porque en realidad Madame de Maintenon ama al rey. Y, lo que resulta más revelador, su rival no lo niega. “Yo me burlé de eso y le dije que no le convenía reprocharme una falta cuyo ejemplo me había dado ella”, se limita a argumentar.

—¡Vuestro favor durará tanto como el mío! —le advierte Athénaïs.

—A mi edad, no se puede hacer sombra a un espíritu cabal —sonríe Françoise.

—¿Y quién os retiene aquí?

—La voluntad del rey. Mi deber, la gratitud y el interés de mis allegados.

Madame de Montespan estalla sin poder contenerse más.

—¡Os he alimentado y vos, a cambio, me ahogáis! —exclama con resentimiento.

Madame de Maintenon

A partir de entonces estas escenas se repiten. Aunque aparentemente Françoise se mantiene entera e incólume, estos enfrentamientos hacen mella en su ánimo y vuelve a pensar en huir lejos de allí. “Agobiada por las preocupaciones, me veo obligada a parecer alegre y contenta. Debo tragarme mis lágrimas. ¡Oh! ¿Cuándo podré al fin llorar en libertad?”

El momento comienza a presentirse próximo: el duque de Maine cumplirá pronto diez años, y cuando llegue ese día dejará de estar al cuidado de la institutriz para pasar a ser educado por hombres.

Mientras tanto Luis sigue encontrando el modo de pasar tiempo con ella diariamente. Ya no es la compañía de Athénais la que busca. Cada noche dedica dos horas a conversar con la viuda, un tiempo que Madame de Maintenon aprovecha para dar buenos consejos al rey y pedirle que sea más atento y cariñoso con su esposa. Liselotte afirma que en una ocasión la oyó decirle a Luis “que se condenaría si no vivía mejor con la reina”. María Teresa llega a tener noticias de estos buenos oficios y, poco acostumbrada, llora conmovida.


lunes, 17 de noviembre de 2014

LA CORTE DEL DIABLO: MI PRIMERA NOVELA


Queridos cortesanos, hoy tenemos un nuevo motivo de celebración, y no precisamente pequeño. Tengo el placer de anunciarles que Ediciones Áltera publicará próximamente mi primera novela, que llevará por título La Corte del Diablo. La acción transcurre en tiempos de Catalina de Médicis, durante el reinado de Carlos IX, una época convulsa y propicia a la intriga, la conspiración y la aventura. Tanto o más que la que nos ocupa en este espacio.

La fecha de lanzamiento estimada es el 27 de enero, dato que confirmaré más adelante. Ya iré informando mejor y ofreciéndoles alguna primicia a medida que se acerque el día. Y, por supuesto, no firmaré como Diana de Méridor, sino como Montserrat Suáñez.

Espero contar con su apoyo. Realmente voy a necesitarlo, así que les pido que me ayuden a divulgar la publicación cuando llegue el momento. Y, si a alguno de ustedes les interesa el tema, por favor, no se gasten en Navidad todo su presupuesto para libros y reserven un poco para hacerse con un ejemplar de La Corte del Diablo más adelante. A cambio puedo prometerles que no se aburrirán. Saldrá tanto en papel como en formato ebook, por lo que aquellos que no residen en España, en caso de que no pudieran hacerse con un ejemplar, también encontrarán otro modo de leer la novela.

Muchísimas gracias a todos.

viernes, 14 de noviembre de 2014

El hermano de Madame de Maintenon

Madame de Maintenon

El hermano de Madame de Maintenon se ha enamorado de Geneviève Piètre, hija de Simeón Piètre, procurador del rey y de la villa de París; es decir, una burguesa, y además sin fortuna. Empeñado en el matrimonio contra viento y marea, Charles d’Aubigné logra su propósito. De esa unión iba a nacer una hija que sería educada por su tía desde la más tierna infancia. No olvidaría Françoise procurarle un magnífico matrimonio con el conde de Ayen, posteriormente mariscal de Noailles.

Charles era la oveja negra. O más bien debería decir una de ellas, pálida sombra de la que había sido su propio padre. El hermano de Françoise, aunque con un fondo bondadoso y honesto, era un manirroto. Una de las pocas virtudes que tenía era la sinceridad, pero de bien poco le servía, porque la llevaba a extremos que le hacían caer en abierta indiscreción, o incluso podríamos decir impertinencia. Ella se moría de vergüenza cuando Charles, en plena galería de Versalles, osaba emplear el término “cuñado” para referirse al rey.

Charles, “loco de atar”, como lo definía Saint-Simon, no había pasado de ser capitán de infantería, aunque sus ambiciones le hacían anhelar el cargo de mariscal. No lo consiguió, pues por muy hermano que fuera de Madame de Maintenon, Luis no lo veía capacitado.

Françoise lo tomaba como una cruz que había de sobrellevar, siempre pendiente de que no se descarriara. Él, en general, se dejaba manejar por su hermana, pero se mantuvo inflexible con respecto a la cuestión de su matrimonio. Los planes de Madame de Maintenon para casarlo con alguna viuda madura y acaudalada se vieron frustrados, lo cual no le habría causado tanto disgusto si la elección de su hermano se hubiera ajustado más a lo razonable. Cuando Françoise conoce a la novia y pasa unos días junto a ella, su opinión empeora. La encuentra frívola, egoísta y maleducada. Ni siquiera le parece bonita y no entiende qué ha visto Charles en ella. Una vez aconsejó a su cuñada comprar un vestido de interior para el verano que fuera sencillo y liso, y Geneviève exclamó:

—¡Cómo! ¿Sin oro ni plata?

Madame de Maintenon no precisó de más para catalogarla, y dirige a su hermano una carta en la que le expresa abiertamente su opinión, con esa falta de tacto que podía ser característica de él, pero rara vez de ella:

“Vuestra esposa necesitaría pasar más tiempo aquí, pues es una criatura que ha sido muy mal criada, y si no apoyáis los consejos que yo le doy, os arrepentiréis algún día, pues no será aceptada por las personas decentes.

“Me parece que es una joven a la que se ha mimado como hija única y como burguesa, que es la gente que peor educa a sus hijos. Es desordenada en todo: desayuna a las once y no puede almorzar. Come dulces en las colaciones… En fin, es la imagen de la burguesía, lo que se llama una parlanchina de París. Habla como en el mercado, pero ése es el menor inconveniente, pues aprenderá a hablar bien francés. La encuentro muy dedicada a su persona, y los tontos de sus padres parecen creerla bella; está muy lejos de serlo y yo ya se lo he dicho; hay que persuadirla, para que no caiga en el ridículo en ese aspecto”.

***

La próxima semana haré un importante anuncio que ya he adelantado en mi otro blog, una noticia que hace tiempo que anhelaba compartir con todos ustedes.


viernes, 7 de noviembre de 2014

El ramillete del rey

Anne-Julie de Rohan-Chabot, Princesa de Soubise

Madame de Montespan no se inquieta por esas aventuras pasajeras del rey. Aún se siente poderosa y hace alarde de ello ante toda la corte dejando que la vean con la cabeza apoyada sobre los hombros de Luis. Tal vez no sabe que para él ya apenas es algo más que la fuerza de la costumbre lo que sigue llevándolo hasta ella. La pasión se extingue, y ahora es otra quien la inflama. 

Como no puede satisfacer sus deseos, los ojos del rey continúan volviéndose hacia todas aquellas bonitas novedades que pueblan la corte. Después de Mademoiselle de Théobon, de la condesa de Louvigny o de la princesa de Soubise, Luis fue a fijarse en una rival que se revelaría más peligrosa que todas ellas: Mademoiselle de Ludres, a quien en su momento dedicamos varios capítulos en esta corte. 

Athénaïs comenzó a preocuparse el día en que vio cómo todas las damas se ponían en pie cuando la jovencita entraba en el salón. Eso significaba que todos le habían otorgado ya su mismo rango. La reina, en cambio, para entonces hacía tiempo que se hallaba sumida en la resignación, curtida la piel por mil historias previas. Al tomar conciencia de esta nueva preferencia de su esposo, se limitó a encogerse de hombros y a comentar, no sin cierto sentido del humor, que “el problema concernía a Madame de Montespan”.

Probablemente Isabelle de Ludres hubiera constituido un serio peligro de haber sido más inteligente, pero su propia imprudencia la perdió. La joven se jactaba de su nueva posición y se atrevía a escribirle personalmente al rey cuando éste partió con el ejército. Dicho comportamiento irritaba a Luis y fue causa de la ruptura entre ambos.

La princesa de Soubise

Madame de Maintenon, mientras tanto, se enfrenta a la desdicha de perder a uno de sus grandes amigos, el duque de Albret, tan unido a ella que algunos pensaban que en un tiempo había sido su amante. Su muerte la afectó mucho. “Me escribió una hora antes de expirar, en un estilo que prueba su espiritualidad y la amistad que sentía por mí. Es una pérdida irreparable y que me entristece mortalmente”.

Además el estado del duque de Maine volvía a agravarse, hasta el punto de que los médicos habían perdido toda esperanza de recuperación. Madame de Maintenon obtiene permiso para regresar con él a Barèges, pero esta vez no se producen los mismos resultados casi milagrosos del primer viaje.

Un nuevo problema se sumaría a los anteriores causando su disgusto: su hermano, Charles d’Aubigné, se ha enamorado a sus 44 años de una jovencita de sólo 16, una simple burguesa que carece de fortuna y a la que Françoise no encuentra ni siquiera bonita.



jueves, 30 de octubre de 2014

La condesa de Louvigny


Marie Charlotte de Louvigny, tercera y última de las hijas del marqués de Castelnau, era diez años más joven que el rey. Cuando tenía 19 años se enamoró durante el transcurso de un baile en la corte de Antoine Charles de Gramont, quien por entonces ostentaba el título de conde de Louvigny. Antoine era hermano de la princesa de Mónaco y del famoso Guiche, que tantas páginas ocupó en esta corte en relación con Minette. 

Al igual que su hermano, Louvigny era un hombre extremadamente galante y, según Saint-Simon, tenía “el rostro más hermoso que pudiera contemplarse, y el más masculino”. Gramont dirigió pronto sus atenciones hacia Charlotte con notable éxito. Parece que la pasión entre ambos se desbordó, porque el mismo Saint-Simon nos narra que “se casó con la hija del mariscal de Castelnau, con la cual había llevado un poco lejos la galantería. Su hermano, que murió más tarde convirtiéndola en una rica heredera, no se tomaba a broma esos asuntos y se ocupó de casarlos”.

La boda se celebró el 15 de mayo de 1668, y de ese matrimonio nacerían dos hijos: la mayor, Catherine Charlotte, sería la futura duquesa de Boufflers, y el menor fue Antoine, duque de Gramont.

Lamentablemente su unión, aunque hecha por amor, no trajo la felicidad a Charlotte, porque el esposo era un jugador empedernido que no parecía capaz de renunciar a su comportamiento libertino de siempre. Ella debió de considerar que, dadas las circunstancias, no habría inconveniente en que dejara de ser una esposa fiel. 

Antoine Charles de Gramont, conde de Louvigny

El rey, desde luego, no fue su primer amante. En 1672 circulaba por la corte una canción satírica que señalaba claramente el amor de la dama por el conde de Marsan, de la segunda compañía de mosqueteros del rey. Marsan era el hermano menor del malvado Caballero de Lorena. 

Más curiosos fueron sus amores con el marqués de Manicamp, uno de los favoritos de Monsieur y que, según la misma canción, tenía fama de “mépriser fort le devant”, es decir, de ser un sodomita redomado. Pero como en esta corte todo solía ser tan ambiguo y los amantes de Monsieur podían serlo también de Madame, en este caso Manicamp dedicaba sus atenciones a la condesa de Louvigny, y no le agradó enterarse de hacia qué caballero se orientaban las preferencias de Charlotte. Sin embargo, al cabo de algún tiempo logró desbancar al conde en sus afectos. 

El esposo de la condesa, por su parte, amaba a Mariana Mancini, duquesa de Bouillon, la menor de las sobrinas del cardenal Mazarino. Para rizar el rizo, el propio Manicamp era el confidente de esos amores. No sé si alguno de ustedes se habrá perdido ya.

Parece ser que fue cuatro años después de este enredo cuando la dama comenzó una relación con el rey, tan intrascendente que casi pasó desapercibida. Se trataba, precisamente, de la época en la que Athénaïs aguardaba el nacimiento de su hija, Mademoiselle de Blois. De todos modos, el asunto no duró mucho: todo terminó cuando la favorita regresó a la corte tras reponerse de las fatigas del parto.

Poco después fallecía el suegro de Charlotte, y de ese modo ella y su esposo se convertían en el duque y la duquesa de Gramont. La dama aún viviría 16 años más, hasta fallecer el 29 de enero de 1694. El viudo volvió a contraer matrimonio, aunque no de modo inmediato. Tenía casi 70 años cuando se casó con Anne Baillet de la Cour.


domingo, 26 de octubre de 2014

Mademoiselle de Théobon

Château de Maintenon

Françoise no debió de sentirse muy cómoda durante el año que siguió al regreso de Madame de Montespan, porque Athénaïs, durante su embarazo, se retiraba de vez en cuando a Maintenon para reponerse de los ajetreos de la corte. Fue allí precisamente donde, en mayo de 1677, eligió dar a luz a su hija Françoise, la segunda Mademoiselle de Blois, aquella que un día se convertiría en la esposa del Regente. 

Seguramente su elección fue deliberada, calculada para recordarle a su rival quién seguía ostentando el primer lugar. Y, sin embargo, Athénaïs se equivocaba. En esos momentos era para Luis tan sólo una especie de premio de consolación: seguía con ella porque no podía tener a la que él hubiera deseado. Madame de Maintenon, en efecto, no cede a sus pretensiones. Sabemos por una carta que ella escribió al abate Gobelin que “Se me ha demostrado ternura, pero, si he de deciros la verdad, no se me ha persuadido, y no podría renunciar al proyecto que elaboré con vos”. Ese proyecto era el de abandonar la corte.

Con Athénaïs frecuentemente apartada debido a su próxima maternidad y Françoise siempre esquiva, el rey buscaba aventura en otros lugares, romances pasajeros que no dejaban huella, como fue el caso de Lydie de Rochefort-Théobon, una belleza morena del Périgod hija del marqués de Rochefort-Théobon, y miembro, por tanto, de una familia cuyo rancio abolengo se remontaba a la Edad Media, si bien por parte de su madre descendía de judíos sefarditas.

Lydie tenía la misma edad del rey y ya en el pasado había mantenido una relación con él, algo que, aunque no muy serio, se mantuvo durante dos años, en una época en la que ella era dama de honor de la reina María Teresa.

Tuvo un hermano llamado Charles, caído en la guerra contra Holanda. Sintió tanto su muerte que fue a encerrarse una temporada en el convento de las hermanas de la Visitación, en la rue Saint-Antoine. También tenía una hermana, Mademoiselle de Loubès, dama de honor de la Princesa Palatina pero que resultó ser una espía al servicio del Caballero de Lorena.

Château de Chambord

La relación de Lydie con Luis da comienzo en Chambord en 1670, poco antes de la representación de la obra de Molière que lleva por título El burgués ennoblecido. Pero Madame de Montespan permanecía alerta a cuantos peligros pudieran presentarse para ella entre las damas de la reina y no se detuvo hasta conseguir que aquellas que podrían llegar a amenazar sus intereses fueran alejadas de la corte. Empleó para ello todas sus armas, lo que nunca excluyó la falsedad y la calumnia que tan bien manejaba. Finalmente, el 26 de noviembre de 1673 logró su propósito. Las más bonitas y casquivanas, entre ellas Lydie, fueron sustituidas por otras damas de corte más devoto y piadoso. Mademoiselle de Théobon pasaba a ser dama de la segunda esposa de Monsieur, la Princesa Palatina, de quien pronto se convirtió en amiga y confidente.

En 1676 Madame de Sévigné hace alusión en una carta a su hija de la reanudación de las atenciones que el rey dedicaba a Lydie. Por entonces Mademoiselle de Théobon tenía planes de casarse con el futuro teniente general del Languedoc, aunque finalmente sus proyectos se vieron frustrados. Fue otra dama, Mademoiselle de Coëtlogon, quien se casó con Louis de Cavoye. Lydie acabará contrayendo matrimonio en 1678 con el conde de Beuvron, capitán de la guardia de Monsieur, del que enviudaría diez años más tarde.

Debido a la amistad y lealtad que mostró siempre hacia la Princesa Palatina, se involucró con frecuencia en los asuntos que eran causa de desacuerdo entre Liselotte y Monsieur, lo que le valió ser expulsada por él en 1682.

Lydie había sido educada en la fe calvinista, pero tres años más tarde, tras la revocación del Edicto de Nantes, se convirtió al catolicismo.

Liselotte

Con el tiempo se encontró viuda, sin hijos y arruinada, una situación que la Princesa Palatina se apresuró a remediar al conseguir de Luis XIV que aumentara considerablemente su pensión.

En 1694, y para poder regresar a la corte, Lydie se mostró dispuesta a contraer un segundo matrimonio, esta vez con el marqués de Effiat, uno de los favoritos de Monsieur. Pero Liselotte prohibió este matrimonio que le parecía demasiado escandaloso. La dama no pudo regresar entonces, pero lo hizo unos años después, en 1701, a la muerte de Monsieur, cuando la Princesa Palatina volvió a tomarla a su servicio.

El 23 de octubre de 1708 fallecía en el château de Marly Lydie de Rochefort-Théobon, condesa de Beuvron, a la que Saint-Simon describió una vez como “muy amable y una amiga buena y leal”. Decían, también, que a sus 70 años aún podía percibirse la mujer hermosa que había sido un día.


domingo, 19 de octubre de 2014

Vuelve Madame de Montespan


Cuando Madame de Maintenon regresa de Barèges, el rey recibe la más grata de las sorpresas, algo recogido en la correspondencia de Madame de Sévigné:

“Nada fue más agradable que la sorpresa que se le dio al rey. No esperaba al señor duque de Maine hasta el día siguiente; lo vio entrar a su habitación llevado solamente de la mano por Madame de Maintenon. Fue un transporte de alegría”.

Ver al niño caminar por sí mismo cuando nadie esperaba que volviera a hacerlo, fue más de lo que Luis esperaba, y sabía muy bien que ello había sido posible, sobre todo, debido a los intensivos cuidados de la institutriz más que al tratamiento. Toda la corte comenzaba a tratarla con una deferencia que la situaba incluso por encima del alto puesto que ocupaba; le rinden unos honores que, sin embargo, no parecen impresionar a Françoise. “Los unos le besan la mano, los otros el vestido, y ella se burla de todos”, nos cuenta Madame de Sévigné.

Madame de Maintenon se siente cada vez más inquieta por los avances del rey, poco inclinado hacia una relación platónica, que sería la única que ella admitiría. “Es algo muy difícil de acomodar, y me paso la vida en turbaciones que me quitan todos los placeres del mundo y la paz necesaria para servir a Dios”. Françoise desea abandonar la corte, huir. De vez en cuando se refugiaría en sus tierras de Maintenon, pero pronto el deber la reclamaba de nuevo junto a los niños.

Luis XIV vestido para un baile de disfraces

Luis presiona, acorrala, intensifica su cerco. Tiene 37 años y amplia experiencia acumulada en estas lides, mientras que Françoise, por el contrario, tan solo cuenta con su virtud como arma para afrontar sus estrategias. Se siente al borde del abismo; teme claudicar. El 27 de junio de 1676 escribe a su confidente, el abate Gobelin:

“Deseo más ardientemente que nunca estar fuera de aquí, y me afianzo más y más en la opinión de que aquí no puedo servir a Dios”.

Madame de Montespan, mientras tanto, no daba la partida por perdida. Se había retirado temporalmente a su mansión de Clagny, próxima a Versalles. Madame de Maintenon sabía que su vida se complicaría aún más si su rival lograba recuperar el favor del rey. “Seguramente no ha habido falta por mi parte, y, no obstante, si alguien tiene motivo de arrepentimiento, es ella. Es cierto que ella puede decir “yo soy la causa de su encumbramiento. Yo soy quien hizo que el rey la conociese y gustase de ella; luego se convierte en favorita y yo soy expulsada”. Por otra parte, ¿cometí un error al darle buenos consejos y haber tratado, en la medida de mis posibilidades, de desbaratar sus manejos?”

El alejamiento de Madame de Montespan tan solo duró unos meses. A finales de verano regresaba y recuperaba a Luis sin ningún esfuerzo. Por deseo de él, la entrevista entre ambos había sido pública. No tenía intención de dedicarle mucho tiempo durante ese encuentro, apenas el necesario para intercambiar unas palabras de bienvenida; sin embargo, en cuanto la vio su voluntad flaqueó y la pasión que le inspiraba volvió a arrebatarlo. Ambos terminaron de nuevo en el lecho, y el reencuentro iba a traer como consecuencia un nuevo embarazo de Athénaïs cuando todos la daban por acabada.